domingo, 17 de marzo de 2013

It really could happen



Me parece que para poder explicar lo que viví ayer necesito dividir mi relato en partes o más bien en actos. De lo contrario comprenderlo sería difícil o sentirlo sería difícil sin antecedentes. Blur cambió mi vida antes, durante y después.

El primer acto sería el año pasado, cuando salí de la universidad. Me encerré y me deprimí en casa, pasando días en pijama y escuchando a Blur. Cada canción que escuchaba de ellos significó varias respuestas que quería encontrar.

El segundo acto sería en mi breve vida laboral. En mi crisis existencial y sobre todo profesional de no estar en el lugar indicado. Para no volverme huraña escuchaba a Blur, ellos me recordaban quién era.

El tercer acto sería cuando anunciaron su visita a México. Algo de confusión por ser en el Vive Latino, pero más que nada emoción. La vida pintaba bien, parecía rosa y tranquila. Blur significó la felicidad y el confort.

Finalmente el cuarto acto fue cuando anunciaron la segunda fecha y no alcanzamos boletos. A partir de ese día todo comenzó a ir mal, en mi carrera profesional, en mi vida personal, en mis relaciones con los otros y escuchar a Blur era melancólico.

Antes de que sucediera todo esto debo mencionar un elemento importante: ver No Distance Left To Run por primera vez. Ella me sugirió ver el documental y si con su música habían cambiado mi sentido común, con lo que son cambiaron mi vida.

Su música marcó momentos importantes en mi vida a lo largo de mis veintidós años. Ya fuere de niña, de adolescente, de joven y ahora de adulta. No es sólo su música, son tan honestos y no les importa que se muestran tal como son y te identificas con ellos.

Las últimas semanas no habían sido las mejores. Hay días en que la tristeza puede llegar a ser tan grande que te aplasta. La positividad no está entre mis platillos preferidos, pero sobre todo la incomprensión de los demás me parece, además de irritante, solitaria.

Honestamente la estaba pasando tan mal que las ganas de ver a Blur en vivo casi se habían esfumado. Tampoco ayudaba mucho que aquellas personas presumieran de una suerte que carezco con respecto a los boletos para primer concierto en México. Parecía que no iba a mejorar, ni con ellos de por medio.

Hace unos días platicaba con una amiga acerca de los conciertos. Ella dice que ha terminado con esa etapa. Yo me puse a pensar en ello y me pregunté si está era la prueba de que también para mi han terminado. Muchos pasan por esa etapa sobre todo ahora que mis amigos y yo entramos a la edad adulta.

“Son una pérdida de tiempo y de dinero” me dijo. Antes me hubiera levantado de la mesa y me hubiera salido indignada. Ahora su punto no parecía tan descabellado ¿qué había pasado conmigo en el inter?

Le contesté que los conciertos habían salvado mi vida veces anteriores. Hacían que las cosas lucieran mejor o al menos que fuera más fácil sobrellevarlas. Pero realmente parecía que ver a Blur y todo alrededor hizo más complicado de sobrellevar las penas.

Ella estaba emocionada, muy emocionada. La admiro porque a pesar de que se puede molestar con los otros no le afecta tanto como a mi, si logra dejarlo a un lado lo hace muy bien como Damon. Yo en cambio soy más como Graham las emociones y los sentimientos se me desbordan.

Mi emoción antes del evento era más bien a causa de la emoción de ella. La verdad es que basar tu propia experiencia en los demás resulta complicado. Debo reconocer que me llego una especie de cansancio. Todas aquellas cosas que había comenzado a hacer por placer, las empecé a hacer por obligación y todo fue mal.

El día de ayer llegamos un poco tarde. El frío que hacía no parecía augurar algo bueno. Más por el hecho de la probabilidad de lluvia pero aunque se parecía a aquella anhelada Londres parecía que podía ir mal la cosa.

La gente hablaba sobre su concierto el día anterior. Me deprimió más porque parecía que en serio las cosas no podían salir peor. Ahora comprendo que la presunción y la arrogancia de la gente parece no tener limites y también ahora creo que si no me hubiera pasado esto seguiría en esa arrogancia y presunción ante la mala suerte de los demás.

No, no estaba en modo concierto. Tuvimos que como dijeron aquellos con “suerte” aguantar a las bandas anteriores a Blur. Era un festival no podíamos evitar aquello. No sé si pensaba que debía valer la pena, estaba muy cansada para pensar en eso.

Las horas pasaron. Con autenticas peripecias por alcanzar un lugar cercano a la valla. Tendrá unos tres años que voy a conciertos y no había vuelto a hacer las hazañas correspondientes para llegar adelante. Las veces anteriores había obtenido pésimas experiencias y mi cuerpo no los soportaba.

Fue la emoción de ella la que me alentó a resistir empujones, pisotones, golpes y demás. Pero aún treinta minutos del concierto la emoción no llegaba. Pensé que tal vez ya había llegado a ese momento en la vida donde te amargas y dices: no más conciertos, no más hazañas para llegar hasta adelante.

De pronto el escenario se comenzaba a acondicionar. Parecía real e irreal al mismo tiempo. Vi muchos vídeos de sus conciertos, he visto mil veces el concierto de Hyde Park y me preguntaba ¿en serio está pasando?

Estas semanas había pensando “Blur como mi último concierto”; mientras nos adentrábamos entre la gente pensaba “Blur como mi último concierto”; durante el acondicionamiento del escenario pensé “Blur como mi último concierto”. La noche comenzaba a despejarse, pero el frío persistía.

A diez minutos de que empezara la vi a ella y ella me sostenía fuertemente, le dije: siento algo aquí (en el pecho) raro, siento que el corazón se me va a salir. Ella sonrió, pero sabía que era un “te lo dije”.

Salieron Alex, Dave, Graham y Damon. Eran como los imaginaba, justo como los veía y justo como se mostraban. Me di cuenta que era real, que tal vez no lo veía perfectamente pero estaba ahí como si fuera Hyde Park o Glastonbury, aunque infinitamente más lejos del escenario.

Popscene sonó y odie no brincar como lo había ensayado. Después no importó, después no importó luchar por seguir respirando. Lo supe cuando Damon se acercó y lo corroboré cuando dijo las primeras palabras.

Lo admito, lloré en Coffee and Tv porque lo que más quería era escuchar a Graham, lo que más quería era que me hablara a mi y sólo a mí. Cerré los ojos, no me importaba verlos. Graham cantaba take me away from this big bad world and agree to marry me, so we can start over again.

No pude evitar que se me hiciera un nudo en la garganta cuando Damon cantó: blow, blow me out I am so sad and I don’t know why. Estaba cantando esa frase tan intensa en medio de una multitud, era como en los sueños donde estás desnudo.

Y aunque brinque involuntariamente en Song 2 y pensé que estaba tan cansada como para no volver a brincar, aun quedaban fuerzas para Advert, aún quedaba fuerza para gritar con Damon: I need a holiday somewhere in the sun, With all the people who are waiting, there never seems to be one, say something, say something else.

Pero nada, nada iba a significar tanto como esa canción que también es tan importante para ellos. Ella me jaló, nos tomamos de la mano porque estábamos juntas viviendo ese momento, porque amábamos estar ahí con ellos escuchando las canciones que nos han acompañado en este trayecto: Oh my baby, oh my baby, oh why, oh my.

A pesar de los golpes, empujones, la larga espera, las burlas de los tipos con “suerte”, de las decepciones, de la tristeza… me sentía otra vez viva. Me recordaron quién soy y por qué sigo aquí. Si fue mi último concierto, no lo sé, pero ha sido maravilloso. ¿Valió la pena? Un millón de veces si.

Hay algo que nunca voy a olvidar de la noche de ayer. En mi trance musical voltee a ver la pantalla, enfocaba a Alex, nos miro, y no puedo explicar la forma tan hermosa en la que nos miro. Era un agradecimiento y una felicidad infinita.

Si Damon utilizó la frases clichés de: Te quiero México, están en mi alma, gracias por esta noche tan maravillosa. Le creo, les creo. Sobre todo después de esa mirada que nos dedico Alex. Yo sentí el mismo amor y agradecimiento por ellos.

Y que importa si ellos lo saben o no, qué importa si no vieron mi cara o si no tocaron mi mano. Yo lo sentí, yo y una de las personas a las que más quiero lo sentimos. No me importa lo demás porque fue importante para mí y fue importante en mi vida.

Ayer… lo vi todo. Lo he visto todo. Escuché esas voces con las que dormí y soñé mucho tiempo. Es un largo viaje que hemos recorrido juntos, ellos, ella, él y yo. Fue resumido en una noche, fue consumado en una noche. Es la intimidad entre la música y tú, que no recae en un recinto o en una conversación. Es la música.

El final no pudo ser mejor. Fue la respuesta y el alivio que necesitaba, que todos necesitamos en los momentos donde parece que todo sale mal. Era tan maravilloso, tan mágico y me sentía tan emocionada. La vi a ella, cantábamos, la tome de la mano y canté fuerte: Every paper that you read says tomorrow’s your lucky day… Well, HERE’S YOU LUCKY DAY.

Sin afán de sonar ardida, pero si en el afán de defender mi punto de vista. En ese momento fuimos más afortunadas nosotras que los que se decían afortunados.

Alzamos las manos para recitar una frase que sin pretender ser positivo, resulta serlo honestamente: When the days they seems to fall through you, well just let them go. Lo gritaba mientras sonría y lo decía con total convicción.

Quizá como predije al principio Blur llegó a decirme que realmente pasará. Ni siquiera tuvo que decirlo, al momento de verlos, de escucharlos me di cuenta que estaba pasando.

martes, 12 de marzo de 2013

Aspiración periodística



Voy a confesar algo. Lo que confesare tiene mucho que ver con mis sueños adolescentes y mis metas, y tal vez con todo lo que soy o quise.

Mi sueño era escribir para una revista de música. Escribir sobre un disco, una banda, un concierto, un festival. Por eso hice lo que hice, por eso escribí lo que escribí y por eso soy como soy. Las aspiraciones siempre han llegado al grado de la NME y la Q Magazine.

No puedo decir que cuando decidí aquello mi ortografía siquiera fuera buena. Tampoco sabía cuál era el camino para llegar ahí. Sólo decía “quiero ir a Inglaterra”. Detrás de esa frase había un sueño muy elaborado. Puede ser que soñamos muy alto y resulta patético.

Me cuesta trabajo hablar con gente extraña. No puedo considerarme una persona extrovertida y sociable. La inseguridad parece ser mi apellido y mi trabajo esta siempre sometido a la peor critica: la mía. Elegir comunicación como carrera más que por convicción pienso que fue por capricho.

Cuando labore en esa oficina me sentía asfixiada. También creo que hacérmelas de muy artista resultará pretencioso. Hay una parte de mi, la que queda de mi adolescencia que realmente cree poder hacer las cosas bien. La otra parte de mi consiste en mi experiencia, en mi trabajo y en mis limitaciones, esa parte me repite todo el tiempo que mejor atienda otras cosas.

Hoy vi un pequeño vídeo. Era simple, duraba un minuto con treinta segundos, era una entrevista entre la agrupación inglesa The Vaccines, Graham Coxon y Alexa Chung. Vino como anillo al dedo. No se trata de aspirar a ser Alexa Chung, sin duda es una mujer con mucha suerte. Se trata de todo lo que en realidad tengo que hacer para llegar a una meta inalcanzable.

Tengo un nuevo reto por hacer. Una historia sobre algo que incluso para mi es difícil de explicar. Escribo en este blog y me percato de que estoy entre la ficción y lo que intenta ser crónica o periodismo; pero que finalmente acaba siendo un diario. Me piden estándares, lineamientos, fechas de entrega y todo parece real.

Me pregunto si me cuesta trabajo ahora cómo siquiera pensé alguna vez, de más joven que podría alcanzar una meta. Ahora con esto que reflexiono creo que fue una meta que imagine porque no había otra razón para hacer las cosas o porque había tanto amor por hacer las cosas que podría lograrlo.

Todos los día que pasan me doy cuenta que algo se desmorono. Pienso en que fue algo personal, no, más bien lo afirmo. Todos los días intento reconstruir aquello que se desmorono. Este año me propuse hacer muchas cosas y parece que mi intento resulta ser tumultuoso.

Estoy en todo y no estoy en nada. La orientación vocacional no sirve. Tampoco se si los sueños sirvan. Me pasa con el dibujo, con los idiomas, con el diseño, con la música y con la escritura.

domingo, 3 de marzo de 2013

Tal vez no con él



He estado pensando estos días en la soledad. De pronto parece recurrente en estos tiempos. Parece que entre más gente hay menos nos importamos. A veces cuando camino por las calles me preguntó si se sentirá igual de solo él o ella. Aun soy muy ingenua y aún me siento como cuando tenía doce años con respecto a las relaciones. Aunque la soledad suele ser más general.

Hoy, otra vez fui al cine sola. Hace poco mi hermana y mi prima se sorprendieron al confesarles que me había atrevido a ir al cine sola. No parece estar mal y no está mal. Nos hace falta tiempo para pasarla con uno mismo. Cuando estamos acompañados nos olvidamos pasar tiempo de calidad con nosotros mismos.

No estoy en busca de compañía. Imagino que esto y otras cosas parecen intentos desesperados. El intento desesperado está en poder estar en compañía de mi misma sin volverme loca. Hoy caminé por la ciudad y me pareció algo productivo. Ojalá fuera buena para tomar fotos porque había imágenes realmente increíbles.

No me preocupa lo que los demás piensen acerca de recorrer las calles de la ciudad sola, realizar un trabajo sola o ir al cine sola. La verdad pensé en alguien. En alguien que no he podido sacarme de la cabeza. A veces creo que me acompaña parecido a lo que le sucede esa mujer que va a París sola en Paris j’ t’aime, sube a un edificio y se pregunta qué le hubiera dicho esa persona.

También repaso a mis amigos. Imagino que estoy con ellos. Pienso  que ella me diría esto, si estuviera con tal no hubiera visto esto, con él hubiera reído, con ella platicaría, con él… no tal vez no con él.

Hice recorridos largos y cortos, la mayoría sola. A veces creo que si viajara sola estaría en un balcón escribiendo y llorando sin parar. Luego pienso en que viajar parece ser sobrevalorado. Viajar es necesario para alejarse de las personas, sobre todo de las personas.

Vi Silver linings playbook. No sé si esta sobrevalorada, si Jenifer Lawrence también o que el final pareciera de superación personal. Escuché sobre esta película que así son los romances actuales. La gente vive con muchos miedos, con depresión, con fobias y muchos, muchos estados de humor. Sí es común, parece que el resto no lo entienden.

Jamás he ido al psicólogo, se me hacen innecesarios. Por supuesto, nunca he tomado un medicamento recetado por algún psiquiatra. A pesar de ello, entendí muchas cosas de lo que vivían Patrick y Tiffany, protagonistas de la historia.

Hace un tiempo publique un estado que decía “soy propensa a enamorarme de personas psicológicamente dañadas”, más de una y uno se identificaron. Si es tan común, por qué parece que nadie lo comprende, me pregunto nuevamente. Ellos decían que todos, todos lo hacemos.

Si me preguntan los problemas actuales de relaciones y personales tienen esa base melancólica que lleva a la depresión y a la soledad. El final de la película es bastante esperanzador, se las compré por ahora. Pensé que quizá encuentre a una persona no precisamente en ese modo romántico, sólo una persona que entienda por lo que paso, pero no es con él. Eso lo estuve pensando durante la película y todo el camino... tal vez no con él.

Vocación de escritor. Lo que salió mal


Hay otro tema acerca de la Feria del libro que me perturbo. Ni siquiera mi inutilidad acerca de ser una reportera de medio pelo pudo superarlo. Creo que la razón es porque es algo que me gusta y porque me hizo pensar mucho acerca de mi futuro. Incluso acerca del futuro de este muy humilde blog.

Los escritores son personas extrañas. Tengo la fortuna o la desfortuna de entender un poco ese asunto del ser famoso. No porque yo lo sea, no se confundan. Lo entiendo por las bandas que he podido conocer. Lo entiendo por mi fase fan. Los escritores son muy parecidos a esas bandas de rock.

Una vez me dije a mi misma que los escritores suelen tener vidas esencialmente trágicas, el resto de nosotros sólo puede simular que su vida es trágica. Creo que eso los dota de esa pose de súper estrella que necesitan para eventos como la feria del libro. En mi lenguaje podría compararlo con los conciertos o festivales.

Un día al regresar de la feria del libro, platicaba con mi papá. Le comenté acerca de la imposibilidad de sacarle unas palabras y de pronto escupí: “yo no podría hacer eso… no podría darme mi taco así como ellos, es ridículo”. Mi comentario, de por si estúpido fue eclipsado por la respuesta de mi papá: “pero si ya te lo das”.

Podría interpretarlo como una forma de molestar de parte de mi progenitor, pero me dio mucho miedo. Pensar que una afirmación como esa fuera cierta me dio pánico. Yo simplemente escribo tras el ordenador ideas que están en mi mente. No soy sangrona por gusto, supongo que algún psicólogo dirá que es mi forma de defenderme.

Como sea pase los días encontrando a otros escritores. Unos más accesibles que otros. Los escuché con atención, no precisamente sobre la conferencia. Ponía atención en su forma de expresarse y sus ademanes, sobre todo después de la conferencia.

Ellos parecen actores. Llegan con una actitud, varios de ellos siempre son diferentes tras el micrófono y el templete que fuera de él. Algunos son más serios, otros parecen ser más informales. Yo sólo pensaba una y otra vez que no podría hacer una oración inteligente si estuviera en su lugar.

Me han dicho en dos o tres ocasiones, no voy a exagerar diciendo que todo el mundo me ha dicho sólo han sido dos o tres ocasiones, que venda lo que escribo. Estar metida ahí diez días no hizo más que reforzar mi idea de que vender lo que escribo sería un grave error. Mi trabajo no vale para mi y nunca, nunca me vería detrás de una mesa con un micrófono (a los cuales por cierto les temo, mucho les temo).

Hace unos días estuve pensando que cuando no estaba consciente de que alguien me leía se sentía bien. No los estoy menospreciando, siempre agradezco que lean esto porque podrían hacer cualquier otra cosa infinitamente más productiva. Es sólo que no quiero caer en clichés, en gremios, en lugares comunes.

No pretendo ser escritora. Estoy muy lejos de ese adjetivo, ya lo he explicado muchas veces. Pienso que llegué aquí por error, como por error estoy segura llegaron ustedes aquí. No quiero ser como ellos. Pero no sé qué quiero ser, ni lo que quiero hacer.

viernes, 1 de marzo de 2013

Vocación reporteril. Lo que tenía que estar bien


Tuve dos semanas arduas. Lo digo ya que por mi poca actividad hacer tres cosas más para mi es arduo. Lo pensé durante cuatro meses laborando: todavía no estoy segura de ser del tipo trabajador. En realidad, todavía no estoy segura de muchas cosas.

Resulta que decidí meterme a un diplomado de diseño. La razón fue porque al recordar algo que me hubiera gustado de mis 4 años en Comunicación Social, resultó que fue el trimestre de diseño. No imagino cuál parte de mi pensó que podría ser buena en eso.

Continuo con las clases de francés que entiendo y no entiendo a la vez. Y me aventuré como “corresponsal” para la revista donde hago o intento hacer mi servicio social. La idea fue mía: cubrir la Feria del libro de Minería. Me gustan los libros, las actividades pueden ser interesante, tengo que ser propositiva, pensé.

Creo que esta decisión resultó ser mi condena. Lo merezco por emocionarme demasiado antes de pensar algún resultado real. En estas dos semanas he aprendido tanto sobre mis errores que parece un bombardeo difícil de manejar.

Ingenuamente pensé que podría ir a algunas conferencias y, claro, claro mis tres habilidades con la escritura ayudarían. Luego pensé en tomar fotos –ando en mi faceta quiero ser comunicóloga –y podría desempolvar un poco la cámara.

Platicando sobre la cobertura salió que podría hacer las reseñas. No como un chorizote como yo habitualmente escribo. Tendrían que ser breves, claras, coherentes y útiles. Tomar fotos, lo considerábamos en segundo término, pues material fotográfico habría bastante. Finalmente vinieron las entrevistas.

No tengo vocación de reportera, mucho menos de periodista. Respeto mucho ambos oficios, sobre todo en este país, uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo. No tengo la habilidad para hacerlo. Los que me conocen saben que no me gusta hablar con las personas, me irrita.

Acércame a la gente y ponerle mi mejor sonrisa parecía complicado. No lo era tanto en comparación con intentar cazar a los periodistas reconocidos y autores. Con ellos es diferente. Tenía el temor de que mi poca cultura e inteligencia soltara algunas frases incongruentes y no fuera tomada en serio.

Alguna vez pensé involucrarme en el periodismo cultural. Más bien como decía en mis múltiples entrevistas de servicio social: algo encaminado a difusión cultural. La verdad no existe tal cosa para comunicación. Explico a continuación:

Los primeros días no recibí un gafete de prensa como tal. Debo reconocer que pase dos o tres veces con un gafete improvisado y un sticker que los organizadores se dignaron a darme. Con ese gafete de primaria pasé por completo desapercibida, no así con la mochila enorme que cargaba. Temí que en cualquier momento preguntaran por mi proeza al meter una mochila sin ser “prensa”.

Al final recibí ese gafete que me hace sentir estereotipada y etiquetada. Cuando llevas algo así colgado en el cuello la gente se te queda viendo. No estoy segura si por curiosidad o por incredulidad.  Honestamente, cualquier hijo de vecina puede ser prensa.

Están los que se limitan a tomar fotos y los pobres andan en todas las conferencias tomando fotos a lo bestia. No entienden bien de qué va la conferencia, charla o presentación del libro, de hecho, no les interesa. Pero bueno a la gente siempre la apantallan con sus enormes cámaras y sus flashes deslumbrantes.

Están los que portan chalecos y vienen de un medio más o menos reconocido. Ellos suelen ser unas super estrellas. Quizá aún más que los escritores. Sienten que por entrar antes que la audiencia tienen un lugar privilegiado. Lo único que hacen es grabar conferencias o hacer acto de presencia y a veces descaradamente hablan sin parar.

Están finalmente los que si tienen ese talento y vocación reporteril. La mayoría son jóvenes, recién egresados o aún estudian la carrera. Portan su gafete con orgullo y cargan con una réflex. Ellos van tras los escritores y alzan su mano en la ronda de preguntas. Los veteranos son aún más aventurados y suelen tutear al escritor en cuestión y hablar de política con él.

Yo llevé algunos días mi cámara, cuando porté un gafete me daba pena portarlo, me sentía algo señalada. Creo que me di cuenta que no me interesa lo que me digan los autores más allá de su obra y de su conferencia, por lo que no los seguía. Nunca encontré una buena pregunta que hacer.

Al final, reconozco que hice un pésimo trabajo. Un pésimo trabajo como corresponsal, un pésimo trabajo como reportera, un pésimo trabajo como fotógrafa, un pésimo trabajo como redactora de textos e incluso un pésimo trabajo como audiencia.

A pesar de todo esto tuve una muy grande enseñanza. Podrían imaginar que se trata de encontrar el perfecto estereotipo sobre el reportero o periodista, pero no. Aprendí que es muy complicado encontrar una habilidad y que cuando lo intentas pero no sientes que estás bien no vale la pena.

Lo que no vale la pena tampoco, es atiborrarlos con mis penas, traumas y congojas. Sólo les puedo decir que: soy una pésima reportera y que el periodismo aunque lo respeto mucho no es lo mío.