Hay
otro tema acerca de la Feria del libro que me perturbo. Ni siquiera mi
inutilidad acerca de ser una reportera de medio pelo pudo superarlo. Creo que
la razón es porque es algo que me gusta y porque me hizo pensar mucho acerca de
mi futuro. Incluso acerca del futuro de este muy humilde blog.
Los
escritores son personas extrañas. Tengo la fortuna o la desfortuna de entender
un poco ese asunto del ser famoso. No porque yo lo sea, no se confundan. Lo
entiendo por las bandas que he podido conocer. Lo entiendo por mi fase fan. Los
escritores son muy parecidos a esas bandas de rock.
Una
vez me dije a mi misma que los escritores suelen tener vidas esencialmente
trágicas, el resto de nosotros sólo puede simular que su vida es trágica. Creo
que eso los dota de esa pose de súper estrella que necesitan para eventos como
la feria del libro. En mi lenguaje podría compararlo con los conciertos o
festivales.
Un
día al regresar de la feria del libro, platicaba con mi papá. Le comenté acerca
de la imposibilidad de sacarle unas palabras y de pronto escupí: “yo no podría
hacer eso… no podría darme mi taco así como ellos, es ridículo”. Mi comentario,
de por si estúpido fue eclipsado por la respuesta de mi papá: “pero si ya te lo
das”.
Podría
interpretarlo como una forma de molestar de parte de mi progenitor, pero me dio
mucho miedo. Pensar que una afirmación como esa fuera cierta me dio pánico. Yo
simplemente escribo tras el ordenador ideas que están en mi mente. No soy
sangrona por gusto, supongo que algún psicólogo dirá que es mi forma de
defenderme.
Como
sea pase los días encontrando a otros escritores. Unos más accesibles que otros.
Los escuché con atención, no precisamente sobre la conferencia. Ponía atención
en su forma de expresarse y sus ademanes, sobre todo después de la conferencia.
Ellos
parecen actores. Llegan con una actitud, varios de ellos siempre son diferentes
tras el micrófono y el templete que fuera de él. Algunos son más serios, otros
parecen ser más informales. Yo sólo pensaba una y otra vez que no podría hacer
una oración inteligente si estuviera en su lugar.
Me
han dicho en dos o tres ocasiones, no voy a exagerar diciendo que todo el mundo
me ha dicho sólo han sido dos o tres ocasiones, que venda lo que escribo. Estar
metida ahí diez días no hizo más que reforzar mi idea de que vender lo que
escribo sería un grave error. Mi trabajo no vale para mi y nunca, nunca me
vería detrás de una mesa con un micrófono (a los cuales por cierto les temo,
mucho les temo).
Hace
unos días estuve pensando que cuando no estaba consciente de que alguien me
leía se sentía bien. No los estoy menospreciando, siempre agradezco que lean
esto porque podrían hacer cualquier otra cosa infinitamente más productiva. Es
sólo que no quiero caer en clichés, en gremios, en lugares comunes.
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