viernes, 7 de septiembre de 2012

Que no se me olvide




He tenido millones de pensamientos. Todos los días. Es tanto que he llegado a pensar en reemplazar la libreta de mis muy pobres dibujos para usarla en vaciar aquellos pensamientos. Todavía no lo sé, irónicamente me da temor que la gente pueda chismosear lo que escribo.

He pensado en los empleos, he pensado mucho en ello. De pronto hasta he llegado a pensar que no soy del tipo trabajador. Pero una cosa ha llevado a otra y así sucesivamente como siempre pasa.

Trabajo en un lugar que aún es ajeno para mí. Trabajo en una zona que tiene muchas cosas que me desagradan. Es de esas zonas donde la gente rica siempre ha sido rica o donde la gente rica se volvió rica y olvido todo lo demás. Es como una burbuja, como una realidad alterna. Si un elemento fuera de ese ambiente pudiera perturbarlos, en realidad, no pasa nada.

Hay miles de restaurantes, de esos en donde comer una hoja de lechuga te cuesta 500 pesos. En ellos esta la zona de fumadores (o no fumadores) que da a la calle. Siempre me ha parecido de mal gusto, comer en esa zona, no me gusta que me vean comer ni que vean lo que como. Ellos con sus trajes y vestidos de marca, y por supuesto su copa de vino. Veo un elemento que no esta acorde al paisaje: un señor en silla de ruedas con ropa desgastada y algo sucia, un niño con huaraches vendiendo chicles y ellos, no, no se inmutan, los ignoran. Nadie puede perturbar su espacio. Me da asco.

Y entonces he conocido a gente así. Dudo mucho que esa gente, la que ha nacido con riqueza, sepa lo que es despertarse a las 4 de la mañana y salir a las 5 am a trabajar y regresar a las 11 de la noche de trabajar. Dudo que sepan lo que es estar atorado en el tráfico en un pesero, microbús o en el metro a horas pico. Incluso los que son mis jefes, dudo mucho que sepan lo que es irse a trabajar con una tortilla con frijoles en la panza, porque ahora ya ni para el huevo.

Ellos han nacido ciegos, no se inmutan, los ignoran, porque en realidad no los ven. Jamás alzaran la voz para nada porque ellos pueden hacer comentarios como: “¿tú hijo está en México?” cuando cualquiera de nosotros podría ahorrar toda su vida para salir siquiera una vez de este país. Ellos pueden comprar cosas nimias un día si y al otro también, y a mi  me llevaría tres meses juntarlo. Son estúpidos.

Y esta esa otra gente, que no nació con la riqueza pero la fue adquiriendo. Esa gente no nació ciega, pero se volvió ciega. He conocido a varios así. Uno pasa la vida entera deseando auto, casa, buena vida. ¡Qué diablos es la buena vida! Vivir bien, en estos días eso significa vivir bien: buen auto, buen empleo, bien remunerado, reconocimiento social, una casa grande con una buena ubicación, ¿y qué?, a cambio obtienes la ceguera y la estupidez. Y comienzas a decir sandeces estilo: “si están así es porque quieren”.

Se van pavoneando en las calles y te miran como si fueran mejores personas que tú. No son mejores personas. Porque ven a niños vender enfrente de su comida y los ignoran o cuando los miran, los miran con desprecio. Personas que no pueden ni siquiera criar a los niños que ególatramente traen al mundo. Necesitan de esas mujeres que saben lo que es levantarse a las 5 de la mañana e irse a dormir a las 11 de la noche para que saquen a pasear a sus hijos y a sus perros, parece que los dos son mascotas.

Alguna vez quise irme a Londres, mi sueño era vivir en Londres. A veces duele tanto la realidad y sobre todo la realidad del lugar donde vives que prefieres huir. Mi meta era tener una de esas casas sencillas como en donde vivía Bridget Jones –veo demasiadas películas –y si de esos departamentos que das dos pasos y esta la cocina, y dos pasos más te encuentras con la recámara. Aún me gustan esos espacios.

Nunca me he visto tras el volante de un auto. Aún cuando lo haya manejado, muy mal debo admitir, siempre he pensado que amaré/odiare el transporte público toda la vida, aquí y en China. No aspiro a la buena vida que la sociedad dice que debes tener. No porque debas hacer lo que tu quieras, ese cuento de psicología de cinco pesos ya me lo sé. Más bien porque no quiero que se me olvide, no quiero ser como ellos.

Así que mientras camino por Polanco, para ir a pagar cuentas ajenas de algunas personas que no se merecen ni el más mínimo gesto ni de respeto, ni mucho menos de amabilidad, veo lo que sucede en su burbuja falsa y hueca. A mi se me hace un nudo en la garganta, casi quiero llorar en medio de las calles limpias y bien vigiladas como si ellos fueran más importantes que cualquiera de nosotros. Y me dan asco, ellos me dan asco con su ropa pulcra de marca y su copa de vino.

Después yo me doy asco porque estoy ahí y de algún modo siento que lo permito.

Mi sueño era huir, siempre ha sido huir. Ya ni siquiera tengo planes, siempre que hago uno se echa a perder porque todo cambia. Tampoco tengo una meta a largo plazo, aprendí a no hacerlas. Siempre digo: mi meta es terminar el día. Y ya, plazos cortos, seguros.

Ahora no puedo huir, ya no tengo sueños, ni metas. No quiero volverme ciega. Si es que tengo una meta a largo plazo, yo creo que sería: no terminar como ellos, que nunca, nunca me sea indiferente.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Tender is...



No sé qué tan bueno sea compartir esta parte de mi vida. Supongo que sólo seré objeto de burlas y de comentarios. Por ahora  y sólo por ahora, escondida tras este ordenador: me importa un carajo lo que digan.

He dado algunas pistas de esta parte de mi. Es complicado, se me hacen de esas nimiedades en las que uno no debería de poner demasiado énfasis, pero somos seres humanos, excusa perfecta. Quizá esto en gran medida explique también por qué soy como soy, en varios aspectos.

Ya puse demasiada emoción, así que haré esta pequeña confesión: nunca he tenido novio. Así es, a mis escasos 22 años y digo escasos porque Graham Coxon dijo que eran unos niños cuando tenían 25, así que soy toda una pequeñuela, pues si no he tenido una pareja.

No achaco mi, parafraseo a una amiga: “afortunada en el chin cham pú, desafortunada en el amor” a los hombres. Después de todo ellos no tienen la culpa, está en su naturaleza que jamás entiendan las indirectas y que para tomar decisiones lleguen a hacerse de la vista gorda.

En mi caso la culpa ha sido toda mía: mi inseguridad, mis tonterías, fijarme en personas que pues no, esas cosas que son normales pero que yo no manejo como una persona socialmente normal.

La verdad es que nunca me interesaron ese tipo de cuestiones, aunque cuesta trabajo dar una opinión cuando una amiga llega desesperada a contar mal de amores y yo no puedo decir: oh si te entiendo. Lo mejor que he podido hacer es escuchar y si llego a opinar es como: oh si pues tienes razón. Tal vez, esta mal.

Ahora creo que los niños y gente joven se preocupan mucho al respecto. Cuando yo era niña y hacían esas cosas, para mí ridículas, de semana inglesa y así, yo me encontraba ñoñeado o pensando por qué las personas se hacían daño unas a las otras. Soy muy rara.

En la edad de la punzada y la adolescencia, yo tenía una punzada con mi fanatismo desmedido hacia una banda. De ahí en fuera he sido muy torpe en esas cuestiones. Cuando alguien me “pretendía” corría despavorida porque generalmente –la mayoría… todas –las veces que a alguien le gustaba, a mi no me gustaba.

Y después de todo comienzan los clichés del: ya llegará, no lo busques solito llegará, alguien es para ti, bla, bla, bla. Dicen que soy muy exigente, pues si, si pudiera llegar un Damon Albarn, o bueno… alguien que toque la batería, sepa andar en patineta, le guste la literatura, la misma música que a mi, haya estudiado artes plásticas, sea honesto, lindo, simpático, sencillo y de plus que sea guapo, pues estaría padre. Los clichés luego sirven.

Siempre he intentando ser una persona libre. He visto relaciones en lo que lo último es la libertad. Se sofocan, y créanme que me siento bastante sofocada como para que alguien más lo haga. Supongo que es bonito enamorarse y esas cosas. A mi me ha traído algunos problemas, uno que otro trauma y algo de rencor.

Luego me dicen que sea más abierta, que me preste a la situación, que no sea tan exigente. Y yo pienso que al diablo, si alguien me va a querer, que lo haga como soy, así de maldita descontrolada. O lo que sea.

Lo que si esta nefasto y por otro lado, qué bueno que escribo al respecto, es que se pasen toda la vida preguntando por el maldito novio –la familia –porque de lo contrario eres lesbiana. O que tus amigos y amigas anden viendo relaciones donde no las hay y casi te hagan un perfil en páginas por internet o ya hasta te anden rifando. Gente, no lo hagan, personas como yo, no somos arreglo floral para que nos anden rifando.

No sé si lo necesito, creo que nadie necesita a nadie, mis amigos y familiares me lo han demostrado. Sólo que a veces siento que por eso me gusta tanto esa canción de Tender y esa parte dónde Damon canta: I’m waiting for that feeling to come. Entiendo que en realidad estoy esperando al león, a que un Damon Albarn o cualquiera de esos rockstar llegue. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Advert


Por hoy seré completa y ridículamente poética. Hago esto cuando no debería hacerlo.

Estas en un camino. Ese es el que elegiste. A temprana edad no sabías lo que querías; pero como no hay otra alternativa eliges un camino algo fantasioso. Sobre él eriges lo que eres y lo que, hasta ese momento crees que serás.

Los sueños y las ilusiones ayudan bastante a que ese camino se convierta en el ideal y sobre todo: el indicado. Eres joven y por lo tanto tienes la fuerza y la determinación de ir en contra de lo que los demás dicen.

De pronto se encuentra el tramo más largo, el más complicado; pero también el más emocionante y por el que esperaste. En realidad a la larga, el camino se vuelve turbio, más complicado de lo que imaginaste, los obstáculos se vuelven horribles, pesados y fastidiosos.

En ese punto del camino te preguntas si en realidad haces lo correcto, si ese es el camino que debías elegir. Desgraciadamente es también en ese punto del recorrido donde tus sueños y tus ilusiones han quedado eclipsadas por la amargura y la desesperanza.

Un día, llega el ansiado, el muy ansiado final de ese tramo, del que esperaste, pero el que sufriste también.

Ahora, ahora te encuentras en una cuchilla, donde hay dos caminos. 

Durante el trayecto turbio y fastidioso perdiste muchas cosas, a cambio te percataste de otras. No sabes lo que quieres, quizá nadie lo sepa, pero sabes lo que no quieres. Entre gritos, intolerancias, desvelos, enfermedades, problemas, entre todo eso supiste más que nunca qué es lo que no quieres en tu vida. De tal forma que te encuentras cansada, sin sueños y sin fuerza; y están dos caminos. 

En uno de ellos están las cosas que quisiste en algún momento de tu vida, que encuentras satisfactorias, relajantes, incluso, divertidas; pero en el que sin duda alguna serás juzgada, señalada, criticada y sobre todo en el que no encontrarás el grado de independencia que necesitas, porque recuérdalo, ya eres una persona adulta.

El otro camino se encuentra lleno de algunas cosas que no te gustan, que te enferman y te enloquecen. No es divertido, tampoco hay cosas que te satisfagan del todo; pero ese camino es el que los demás te dicen que es correcto, que es visto con buenos ojos, y muchas veces sientes que es el camino obligado, te dará independencia y te hará ser un poquito, sólo un poquito respetada y también odiada.

Todos pasamos por una fase de escepticismo, de indecisión, de arrepentimiento, las brechas, caminos, rutas que se te ponen enfrente no son siempre las ideales. El objetivo siempre cambia, eso lo sabemos todos.

Elegí el segundo camino, nadie me lo reprocha, la única que lo hace soy yo misma. elegí ese camino porque no tengo idea de qué hago. Ahora voy caminado por ahí y siento que todo está oscuro, tropiezo y voy por él  a tientas porque cuando siento que veo algo de claridad, ese camino es inestable y todo tiene que cambiar.

Estoy perdida, tan perdida qué no sé qué soy o quién soy, o lo que fui, o lo que quise o incluso lo que amé. Me ha vuelto insolente, malhumorada, tonta, agresiva. Pero todo, todos decían: es ese. Nunca aprendí a decir que no. Sigo sacrificando cosas por las personas como si en realidad valiera la pena.

Lo único que me ayuda es la música que no he olvidado, me ayuda a recordar qué era y por qué era como era, por qué decidí una cosa u otra, por qué amaba las cosas que amaba. A veces incluso me ayuda a recordar qué sueños tenía y me hacen preguntarme si aún vale la pena alcanzarlos. 

No sé, mientras todos me dicen "al menos tu…" me dan ganas de responder "al menos tu no te sientes vacío, perdido e infeliz".

viernes, 24 de agosto de 2012

Bien ¿y tú?



He aprendido algo de las personas. Primero: no, no son amables por naturaleza, la mayoría tienen un pésimo carácter y lo peor es que siempre esperan que tú si seas amable y sobre todo complacientes con ellos y; segundo: no les interesa lo que suceda con las demás personas.

Hay una costumbre entre nosotros, como sociedad o más bien ya por rutina. Al saludarnos los unos a los otros, decimos lo siguiente:

-Hola ¿Cómo estás?
-Bien, gracias y ¿tú?

Cuando conoces muy bien a las personas respondes un: muy bien, gracias. Pero eso no pasa todos los días. He observado que la pregunta de ¿cómo estás? Es parte del saludo, en realidad les importa un cacahuate como te encuentres, porque en cuanto respondes y preguntas ¿y tú? Se dan media vuelta y se van.

Pero el ¿y tú? También se vuelve parte del saludo, así que lo haces como cortesía, como agradecimiento, pero nunca porque te importe el estado del otro. Son reglas implícitas sociales y yo agregaría ridículas.

Te preguntan cómo estás y tu siempre respondes bien, ¿hay alguien que haya respondido que se encuentra mal, sin ser tomado por una persona negativa o depresiva? La realidad es que todos debemos estar bien, porque nadie quiere preguntar qué te sucede si respondes que estás mal.

Los saludos son una cosa estúpida. Sirven para mantener la convivencia con los otros pero si no le importa a nadie ¿de qué sirven? 

Love in the 90’s is paranoid



Continuo con el trauma de Blur. Sus letras, a diferencia de muchas de las bandas que son de mi agrado, no son tan introvertidas. Ellos mismos lo dijeron, hablan de personajes. Y vaya que han sido bastantes personajes los que he encontrado a lo largo de estas semanas. Intento decirle a más de uno que es un triste Charmless man.

Volví a ver el documental de Blur: No distance left to run. Y además vi algunos vídeos de ese legendario programa británico de Top of the Pops o TOPS, para finalmente recordar mi infancia, todo lo que hubo en ella y hasta lo que no.

Estaba también pensando en la ausencia de algún concierto de Blur en México, porque había venido Oasis, cuando los Gallagher sabían que eran hermanos, y hace unos meses Pulp vino a dar un maravilloso –lo que he escuchado –concierto. Y al pensar en estas bandas, llegue a la conclusión de que fueron muy valientes.

Llegué a tal conclusión después de ver los absurdos programas de TOPS y al recordar esa parte donde Graham dice que hubo un tiempo donde Blur se convirtió en una banda teenager asquerosa.

Los noventas fueron raros. Lo sé ahora que lo veo a la distancia, que veo los programas, la forma de vestir y la nula herencia que dejo. Lo que persistió fue lo que estuvo contra corriente esos años. Realmente fue una época plástica. Y en un sentido hasta literal, recuerdo que estaban de moda las mochilas transparentes de plástico con la carita feliz; las donas color fosforescente en las muñecas; los zapatos toscos de plataforma; los peinados tetos y los pantalones de campana… de mucha campana.

En ese tiempo fue cuando salieron “bandas” y artistas, que le llaman plásticos, ahora entiendo que se refiere a algo así como que en serio todo era de plástico, no a lo que en realidad es un artista plástico. Bandas como los Backstreet Boys, N’sync o mujeres como Britney Spears o Christina Aguilera. Y en realidad hasta las bandas esas norteamericanas que luego salieron a criticar todo, no eran tan buenas (si, me refiero a Blink 182) ya nadie las recuerda.

Y entre todo eso, en el auge de su carrera, porque obviamente son bandas que empezaron antes de los noventa, están ellos: Blur, Pulp y Oasis, entre otras que seguramente estoy olvidando. Y puedan gustar o no gustar a muchos –no soy la más fan de Oasis –pero les reconozco que hicieron su lucha.

Mucha música ahora me parece una basura. Las que obviamente y casi por default sabes que son en serio una bazofia, y las otras que se dicen ser bandas y son una burla. Pero creo que ahora, gracias al internet hay más gente joven, muy joven que puede escuchar lo que le plazca. Hasta antes del 2000 y por lo menos en mi experiencia, no podías escuchar otra cosa que no pasara en la radio o en la televisión, peor aún para los que no contábamos con televisión por cable.

No me siento avergonzada, ni orgullosa de crecer en esa época. No elegimos cuándo nacer, desgraciadamente no elegimos cuándo nacer. Lo que agradezco es que de entre tanta basura, un día, en una tarde, de un mes, de un año de esa década escuché canciones que cambiaron mi vida.