No
sé qué tan bueno sea compartir esta parte de mi vida. Supongo que sólo seré
objeto de burlas y de comentarios. Por ahora
y sólo por ahora, escondida tras este ordenador: me importa un carajo lo
que digan.
He
dado algunas pistas de esta parte de mi. Es complicado, se me hacen de esas
nimiedades en las que uno no debería de poner demasiado énfasis, pero somos
seres humanos, excusa perfecta. Quizá esto en gran medida explique también por
qué soy como soy, en varios aspectos.
Ya
puse demasiada emoción, así que haré esta pequeña confesión: nunca he tenido
novio. Así es, a mis escasos 22 años y digo escasos porque Graham Coxon dijo
que eran unos niños cuando tenían 25, así que soy toda una pequeñuela, pues si
no he tenido una pareja.
No
achaco mi, parafraseo a una amiga: “afortunada en el chin cham pú,
desafortunada en el amor” a los hombres. Después de todo ellos no tienen la
culpa, está en su naturaleza que jamás entiendan las indirectas y que para
tomar decisiones lleguen a hacerse de la vista gorda.
En
mi caso la culpa ha sido toda mía: mi inseguridad, mis tonterías, fijarme en
personas que pues no, esas cosas que son normales pero que yo no manejo como
una persona socialmente normal.
La
verdad es que nunca me interesaron ese tipo de cuestiones, aunque cuesta
trabajo dar una opinión cuando una amiga llega desesperada a contar mal de
amores y yo no puedo decir: oh si te entiendo. Lo mejor que he podido hacer es
escuchar y si llego a opinar es como: oh si pues tienes razón. Tal vez, esta
mal.
Ahora
creo que los niños y gente joven se preocupan mucho al respecto. Cuando yo era
niña y hacían esas cosas, para mí ridículas, de semana inglesa y así, yo me
encontraba ñoñeado o pensando por qué las personas se hacían daño unas a las
otras. Soy muy rara.
En
la edad de la punzada y la adolescencia, yo tenía una punzada con mi fanatismo
desmedido hacia una banda. De ahí en fuera he sido muy torpe en esas
cuestiones. Cuando alguien me “pretendía” corría despavorida porque
generalmente –la mayoría… todas –las veces que a alguien le gustaba, a mi no me
gustaba.
Y después
de todo comienzan los clichés del: ya llegará, no lo busques solito llegará,
alguien es para ti, bla, bla, bla. Dicen que soy muy exigente, pues si, si
pudiera llegar un Damon Albarn, o bueno… alguien que toque la batería, sepa
andar en patineta, le guste la literatura, la misma música que a mi, haya
estudiado artes plásticas, sea honesto, lindo, simpático, sencillo y de plus
que sea guapo, pues estaría padre. Los clichés luego sirven.
Siempre
he intentando ser una persona libre. He visto relaciones en lo que lo último es
la libertad. Se sofocan, y créanme que me siento bastante sofocada como para
que alguien más lo haga. Supongo que es bonito enamorarse y esas cosas. A mi me
ha traído algunos problemas, uno que otro trauma y algo de rencor.
Luego
me dicen que sea más abierta, que me preste a la situación, que no sea tan
exigente. Y yo pienso que al diablo, si alguien me va a querer, que lo haga
como soy, así de maldita descontrolada. O lo que sea.
Lo
que si esta nefasto y por otro lado, qué bueno que escribo al respecto, es que
se pasen toda la vida preguntando por el maldito novio –la familia –porque de
lo contrario eres lesbiana. O que tus amigos y amigas anden viendo relaciones
donde no las hay y casi te hagan un perfil en páginas por internet o ya hasta
te anden rifando. Gente, no lo hagan, personas como yo, no somos arreglo floral
para que nos anden rifando.
No
sé si lo necesito, creo que nadie necesita a nadie, mis amigos y familiares me
lo han demostrado. Sólo que a veces siento que por eso me gusta tanto esa
canción de Tender y esa parte dónde Damon canta: I’m waiting for that feeling
to come. Entiendo que en realidad estoy esperando al león, a que un Damon
Albarn o cualquiera de esos rockstar llegue.

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