viernes, 1 de julio de 2011

Me quedaré en casa porque 2+2 siempre es igual a 5

Estuve pensando de forma detallada cómo le pondría de título a esta entrada, pensé en un sinfín de ellos. Por lo general yo rompo la regla de poner el título al final, pues el título, siempre me ayuda a no desvirtuarme del tema que estoy comentando, aunque con frecuencia me desvirtuó. Pensé desde repetirme a mí misma con “misóginos”, y luego llegue a una canción que no era precisamente 2+2=5, pero hoy en mi camino al lugar donde vivo, la recordé y pensé que tal vez quedaría bien.

Han sucedido bastantes cosas relevantes dentro de mi vida cotidiana. Pensé en llamarlo misóginos porque tuve un incidente con un profesor de esos con las tres m’s malditos, mendigos y maloras. Pero pensé que dedicaba demasiado de mi tiempo pensando en aquél incidente molesto, fastidioso y nada agradable, así que lo mencionó porque fue una de las cosas que me impulso a escribir, pero nada sorprendente.

Hoy es de esos días en los que tienes un montón de cosas en la cabeza y piensas en diferenciar tu vida privada con esta que compartes a los pocos lectores que se toman el tiempo de descifrar tus revoltijos mentales. La verdad no tengo un tema en específico, pero siempre me parece maravilloso cómo se forman las palabras, las frases, los enunciados y los párrafos de pronto.

Escogí el título de la entrada porque pienso que tiene razón en tantas formas, me recuerda mucho a mis épocas de estudiante de secundaria, donde algo era como debía ser y no había alternativas, no sé si las haya; pero me parece una forma de decir que las hay aunque aún no te queden claras y que dos números pares invariablemente te dan un non, imposible de forma lógica, pero los seres humanos, o al menos, la mayoría de ellos, carecemos de lógica.

Ha estado lloviendo a cántaros, pareciera que de pronto la lluvia y las nubes se desquitaron con el intenso sol que estuvo durante casi el último mes. No recordaba todos esos sentimientos que afloran con la lluvia, para mí significa mucho más que sólo lluvia, vaya, necesitaba volver a verla, ver caer agua para recordar cómo era. Es como un efecto secundario, te pone en un estado de ánimo ya sea para bien o para mal, es bueno que esas pequeñas partículas de agua contaminada caigan sobre mi cabeza.

Todo esto me sigue recordando que a veces, la forma en la que vives, adecuada o no, siempre cambia, cuando piensas que te encuentras en una zona de confort, viene algo como si te echaran una cubeta de agua en la cara, o te despertaran bruscamente y te dice “oye, entiende, nunca estarás en una zona de confort, hazte a la idea”. La vida no es tan complicada, las situaciones se repiten como en un espiral sin final, la diferencia son las personas y a veces ni eso.

Si soy “cambiante”, “bipolar”, “antisocial”, la verdad no puedo decirlo con seguridad, sólo respondo a las situaciones que se me presentan, no puedo prometer tener la suficiente inteligencia emocional para enfrentarlas, pero lo intento… aunque no estoy segura de hasta dónde lo seguiré intentando. Por lo pronto me quedaré en este lugar, no sé si es mi casa, pero mientras tanto aquí: 2+2 siempre da 5.

martes, 21 de junio de 2011

No prestes atención


Amo los audífonos, es más, puedo decir con toda seguridad que desde mi punto de vista, es de los mejores inventos del hombre. Me encantan porque hay un sinfín de posibilidades con ellos, me han ayudado en momentos de aburrimiento, en momentos incómodos, en momentos tristes, en momentos de relativa felicidad. Pero quizá la cualidad más exquisita de los audífonos es lo que llaman “desconectarse del mundo”; aunque quizá algún día sin mucha atención, termines atropellado/a.


Y a pesar de esto, hay sólo una objeción, o más bien una contradicción (porque soy mujer, hay un número ilimitado de contradicciones), esta es: me molesta que las demás personas usen los audífonos. Explico, yo los uso con mayor frecuencia para mi largo recorrido de mi casa a la escuela y viceversa; lo hago porque escuchar las conversaciones de las señoras y jóvenes no sé si decir que es deprimente o molesto, más bien ambas.


Los mantengo en mis oídos cuando llego a mi destino y me encuentro sola, eso suele ocurrir a menudo, pues repito, no soy una persona que se caracterice por la sociabilidad, me refiero a que no soy de esas personas que llegan a la escuela y pasan por ella como miss universo, saludando a todo el mundo. Simplemente llegó, me arrincono y observo a las personas, cuando me aburren, leo o hago cualquier otra nimiedad.


Cuando llega una persona, conocida y a la cual le hablo bien, o en su defecto un amigo u amiga, inmediatamente me quito los audífonos. Es una cuestión de educación impartida por mis padres, hermanas (quizá), tíos, tías y demás familiares; es casi como una tradición familiar: presta atención –o al menos finge que si –lo digo porque suelo ser bastante distraída.


El acto de continuar con los audífonos, platicar con alguien y mantener los audífonos en los oídos, el hecho de realizar una actividad que requiera interactuar con otras personas y portando unos audífonos se me hace insoportable. No sé si es la cuestión egocentrista, narcisista del deseo de ser escuchado y tomado en cuenta, o simplemente envidio a las personas que hacen eso, pues, significaría hacer dos cosas al mismo tiempo, capacidad de la que carezco.


No me hagan mucho caso, continúen usando sus audífonos. La cuestión en mi persona es que aplico en infinidad de veces, reglas básicas, que me recuerdan mucho a la forma de tomar asistencia de una clase de inglés que tuve en bachillerato:


-Digan presente en voz alta y clara, levanten la mano y hagan contacto visual conmigo –decía mi profesora.


No es que lo haga así, pero cada vez que alguien platica conmigo, no puedo dejar de hacerlo, hago el clásico contacto visual, utilizo las clásicas respuestas afirmativas o de entendimiento en la conversación, me calló y si pudiera silenciaría todo a mi alrededor. Estoy loca, pero por más que lo intento no puedo dejar de hacerlo de esa forma, y cuando siquiera volteo a algún lugar durante la conversación o me disperso, me siento realmente culpable. Sé que algunos son buenos “listeners” diría mi libro de inglés, oyentes para nosotros los mortales y no tienen la necesidad de aplicar mis reglas personales ridículas; es más pienso que a pesar de aplicarlas sigo sin ser buena para escuchar a los demás.

domingo, 19 de junio de 2011

La playa

¿No les ha pasado que presienten cuando una semana va a salir mal por más intentos por mejorarla? Bueno pues esta semana ha sido así, han sucedido muchas cosas, como siempre, suceden cosas eso es bastante ordinario. Así como este bonito espacio es para escribir mi basura mental, pues aquí vamos.

Para empezar, cumplí años. Me sigue causando un problema el hecho de que la gente festeje los cumpleaños, no porque no lo aprecie, pero por alguna razón ese día es el único en dónde eres especial y por lo tanto hay que invitarte todo y ser condescendiente lo cual me causa un conflicto, entre muchas otras cosas algo deprimentes que no mencionaré.

La realidad es que cumplí 21 años, soy oficialmente legal en todo el mundo, así que ya podré ir a gastar mi dinero a las Vegas, o tal vez ir a un pub en Londres, o mejor ir a fumar marihuana en Ámsterdam. Esperen, no, no me sirve en nada tener 21 años, es todo un desperdicio, la verdad los "veintialgo" pesan. Es para lo único que sirven los cumpleaños, para recapitular tu paupérrima vida.

Me alegra que haya terminado la semana, la mitad de ella, ni siquiera estuve en el lugar donde me gusta estar, casi me asaltan lo cual genera un poco de paranoia de mi parte –aún más de la que ya tengo –me quede hasta tarde en la escuela, mi profesor me regaño bien bonito y para acabar cada vez mi casa ya no lo es. De verdad me parece muy bien que termine, sin esperar que la siguiente semana mejore, sólo que sea otra semana.

Finalmente llegué a la conclusión de que necesito “tomar el fresco”, necesito salir de este diminuto cuarto, de esta colonia, de esta ciudad y si pudiera de este país. E increíblemente tengo unas ganas tremendas de ir a la playa, de tirarme en un camastro, sudando como un cerdo, porque a diferencia de las demás mujeres que no sé cómo rayos pero se ven glamorosas con su atuendo playero, bueno, a mi no me pasa eso. Necesito tocar la arena con los pies, necesito llenarme de arena aunque eso me moleste, pero lo más importante necesito ESTAR SOLA.

Supongo que la idea de la playa, es causa de ver innumerables veces “La playa”. Por alguna razón las películas de Danny Boyle tienen un extraño ingrediente que me hace tomar decisiones o en su defecto –con el caso específico de Trainspotting –me resuelve la vida, de algún modo, no es tan mágico, simplemente me hacen decir “si, está bien, es esto” o “qué rayos, está mal, pero ¿y qué?”. Con la playa, más que este asunto del turista que se adentra a tierras desconocidas y en su aventura con tintes hedonistas y hasta arriesgados encuentra sentido casi a su existencia. Yo sólo quiero ir para dejar de pensar.

Me gustaría salir a la calle como en ese vídeo de Lily Allen dónde habla de las porquerías de Londres, y salir brincando como niña estúpida y cantando, casi gritando eso que decía en su canción “Estoy bien, todo es maravilloso, tengo todo el tiempo del mundo”, por supuesto igual que como ella lo canta, con esa ironía.

Si, quisiera poder salir y llegar directamente a Phi Phi o al menos a alguna playa paradisiaca de este bonito país (inserte sarcasmo), estar frente al mar, uno donde las olas no peguen tan fuerte y tirarme como un saco de papas en la arena, tal vez quemarme un poco, meterme al mar con todo y ropa, y finalmente volverme a tirar en la arena sin importar si esas pequeñas partículas están en lugares insospechados de mi cuerpo, escuchando la canción de este avance. Cada vez que veo esos primeros segundos me dan más ganas de irme.




*El trailer no esta completo, pero fue el único vídeo, de este trailer que me dejo insertar, aún así el punto que quería esta.

martes, 31 de mayo de 2011

Las consecuencias de los dulces dieciséis

Hace cuatro años fui a un concierto. Mi hermana, mi sobrino y yo esperábamos en las escaleras del Auditorio Nacional a que diera una hora decente para entrar a dicho recinto. Un hombre alto de tez clara, bien parecido y con sonrisa amable se nos acercó. Traía un gafete verde y muchos papeles en una mano; se sentó a lado de nosotras y nos preguntó si podríamos llenar un pequeño papel, y firmar una petición a favor de los trabajadores del campo para que recibieran mejores condiciones de vida y de salario. Ahí empezó todo.

Mi hermana y yo hicimos preguntas, él amablemente nos explicó a grandes rasgos la función de Oxfam. Después de eso decidí meterme a la página oficial de Oxfam, necesitaba saber qué era lo que hacían y cómo. Leí algunos informes acerca de cómo habían ayudado a mejorar las condiciones de trabajo de algunos campesinos en África y Sudamérica, realmente les creí. Oxfam, el incrementó de atención a sus campañas de “Comercio Justo”, me llevaron a otra página: Amnistía Internacional (AI).

Cuando uno es joven, no le interesan demasiado las cuestiones sociales, pero les digo que yo soy rara, esta onda de las injusticias me hacía bastante ruido desde que era una mocosa, más que nada porque me gusta ver, no sé si observar, pero veo. Por esa razón me sentía bastante anormal al estar leyendo reportes de Oxfam, sobre todo porque después del pesimismo general que me llego en la secundaria, no le creía a ninguna ONG, ni siquiera a Greenpeace.

Todo esto lo recordé por ese asunto antes mencionado en este pequeño espacio, de esta pequeña personita, sobre la reminiscencia de aquellos momentos entrañables en mi vida. Imagino que la razón es la cercanía de mi cumpleaños y aunque soy todavía una jovenzuela, tener que llegar ya a los veinte-algo comienza a pesar.

Hace casi dos semanas, hice algo que quería hacer hace cuatro años cuando me metí a las páginas web de Oxfam y AI, como toda una dulce, soñadora e idealista muchachita quería ser voluntaria en cualquier de esas dos organizaciones, pues eran, por mucho, en las únicas en las que creía. Pero había razones de peso para no poder cumplir ese deseo en aquellos años: a) era demasiado joven, no tenía ni la mayoría de edad; b) seguía en el bachillerato (uno con un nulo prestigio) por lo cual mi colaboración no sería significativa ; y c) me daba miedo.

Decidí retomar ese deseo y heme aquí, llevo una semana y media siendo voluntaria en Amnistía Internacional, me hace sentir bastante bien. Más que por el hecho del rollo activista pretencioso o sentirse Mahatma Gandhi, son cuestiones más personales y nada pretenciosas por las cuales me hace sentir bien. Además de ser un poco más productiva que sólo tirarme a perder el tiempo en internet, ahí hago algo que tal vez no sirva o no cambie el mundo, pero hago algo, y lo más importante decidí hacerlo, por primera vez en mi vida tuve iniciativa y estoy dentro de algo que vale la pena.

La gente a mi alrededor piensa que me metí para aplicar mis inútiles estudios de Comunicación o para liberar mi servicio social (tal vez ayudaría y si decidí hacerlo ahí), eso es basura, no me metí por eso. No podemos retroceder a lo que éramos; pero sí puedo recuperar lo que deseaba y la universidad me ha quitado, lo quiero. Además irónicamente Amnistía me ha llenado de un espíritu más positivo, y nuevamente me refiero a algo personal, mi dramatismo y estar constantemente pensando en mis problemas existenciales, mi negatividad frente a mis propios problemas.

No sólo escuchas distintos acentos, hay gente ahí comprometida con su trabajo, sin ser fanáticos, conscientes de lo que pueden o no pueden hacer, amables la mayoría. Me preocupa el pensamiento de la gente donde AI puede hacer milagros, es una ONG con mucho poder de convocatoria, pero son personas y aunque este ahí dentro, sigo pensando que no se puede cambiar el mundo. Se hacen cosas, cambias tú, pero tú no eres el mundo, y tendríamos que matar a todos y repoblar con gente buena para hacer un cambio sustancial, pero no sucederá. Amnistía Internacional, para mí es una forma de decir “me uno, no estoy de acuerdo con lo que pasa en el mundo”.

Después de estar una semana y media ahí me di cuenta: el mundo es una mierda, pero no sólo para mí, es una mierda para todos y si estoy aquí respirando entonces voy a hacer algo con eso, quejarme, sufrir por mis problemas existenciales y darme cuenta que alguien sufre también.

martes, 24 de mayo de 2011

La invasión sueca II: Las rimas y los corazones heridos

Debo confesar: estúpidamente siento cierta misoginia con las cantantes, y a lo mejor es más bien la idea bastante clara que nos van vendiendo y que me mostraron desde que tengo memoria. Una mujer disque con buena voz, disque bonita, que con el tiempo se fue deformando muchísimo más. Lykke Li, es de las mujeres que respeto y admiro, junto con otras pocas.

Para una agrupación y/o solista el mayor reto siempre es el segundo disco, sobre todo cuando su antecedente es un excelente primer disco, el cual fue elogiado y aclamado por un modesto grupo de personas. Pocos superar ese reto de forma loable. Lykke Li lo ha logrado como pocos.

No sólo eso, ha demostrado una madurez admirable, pareciera como si llevara veinte años en el medio, su disco Wounded Rhymes pareciera como su material número treinta y a la buena, pues hay agrupaciones que llevan años en esto y los críticos siempre utilizan ese término “suena más maduro” o “se nota que la banda ha madurado”, por lo general es sinónimo no de madurez, sino de evidenciar su sonido antiquísimo y repetitivo.

Ya hable de dos características de Wounded Rhymes, su madurez, que en este sentido tendría más que ver con la diferencia notable entre su primer trabajo y este, su exploración y hasta el sentido más metafórico y profundo de sus letras. A diferencia del Youth Novel, que como su nombre lo dice si era una joven novela y el disco claramente se representaba de esa forma, este disco es como una montaña rusa y tampoco es a la mala, es como todo en la vida, los extremos, el sonido melancólico y el sonido fuerte, y bailable.

En cuanto a su sonido, mantiene su estilo de una forma particular, sabes inmediatamente que es un disco de Lykke Li, pero esta lleno de sonidos tibales, (y lo que de verdad se llama tribal), junto –y concuerdo con eso- lo que leí en cierta reseña, su gusto por el rock and roll cincuentero, combinación un poco extravagante, pero bastante buena y que ejecutada en vivo seguro suena increíble, mención a parte de que sus músicos son bastante competentes.

Luego esta el tema de la hermosa y particular voz de Lykke Li, leí alguna vez en una reseña, que su voz era como de una niña, no sé si estoy totalmente de acuerdo, o más bien si únicamente la definiría de ese modo. En mi opinión hay dos cosas con la voz de Lykke Li, la dulce y casi atractiva, y la grave casi desgarradora, ambas combinadas, ambas para el sentido de sus canciones, lo cual la hace muy, muy peculiar. Sobre todo porque hay alguna razón y más allá de la barrera del lenguaje, aunque lo maneja muy bien, su voz si tiene un dejo de algo de estilo escandinavo.

Y el mayor plus es, ah pues como sufre esta mujer, como todos en cierto momento, como siempre los artistas utilizan el recurso poético del “es un disco más oscuro”, más que nada es que algo le duele como a todos y cuando se trata de una mujer el desamor es lo mejor para plasmar en ese lenguaje poético. Aunque, también como dijo ella “esta enojada con el mundo” y algunas letras también hacen referencia a ello. Pero la mayoría de sus letras reflejan bastante desamor, el amor no correspondido, el desencanto del enamoramiento. Todos aquellos sentimientos que te llevan al extremo cuando, supongo, uno se enamora, por eso mencionaba aquello de la montaña rusa.

En conjunto, todas estas cosas hacen del disco de Lykke Li, que recientemente salió, el 2 de marzo para ser exactos y bajo la producción nuevamente de Björn Yttling (Peter, Bjorn and John) uno de los mejores discos que he escuchado últimamente. Lo recomiendo altamente si les gusta aquello de las voces femeninas, lo experimental, lo original y son fanáticos del sufrimiento y del desamor, lo último no es necesario, tal vez exagere.

Por último les quiero compartir el nuevo sencillo de Lykke Li, Sadness is a blessing, de las melancólicas del disco, pero realmente sublime y les comparto el vídeo no sólo porque la canción es hermosa, también porque el vídeo esta bien realizado. Me confirma el hecho de que si quisiera Lykke Li, hasta podría actuar, aunque siempre agradeces más que se dedique a la música. Normalmente se respeta más a una cantante cuando luego incursiona en la actuación que viceversa, al menos en mi humilde opinión, supongo que se debe a que para cantar, además de voz requieres esa cualidad interpretativa, en fin, ese ya será tema de otra entrada, por lo mientras: sólo disfruten...



martes, 17 de mayo de 2011

Conversación en el camión con un desconocido

Estas últimas semanas he estado rememorando algunas etapas de mi vida, entra un poco ese sentimiento de nostalgia que invade al ser humano como parte de lo que llamamos precisamente eso, ser un ser humano. He estado viendo fotos, leyendo cosas que escribí, revisando algunos cuadernos de materias añejas donde la vida cotidiana se tornaba y se veía muy distinta.

La gran distancia que hay entre mi casa y la escuela siempre me han dejado experiencias y vivencias que valen la pena mencionar, por muy burdas y sin sentido que parezcan, divertidas muchas, amargas muchas también, reflexivas, fastidiosas, alegres, amenas. Los que vivimos en la ciudad de la esperanza y recorremos grandes distancias saben de lo que estoy hablando.

Hace unos dos años aproximadamente tuve una experiencia en el transporte público algo peculiar, y en este momento significa más para mí y lo pienso más porque en aquél momento fue molesto y lo tome un poco mal, ahora con todo lo que me ha pasado tras mi carrera escolar, no es que lo acepte (hacerlo sería poco inteligente), pero simplemente llego más fuerte a mi cabecita.

La historia un poco es así, yo recorría el ya clásico transcurso (en ese tiempo) del metro revolución a mi casa. El camión iba como diría mi padre “hecho la raya”, algo típico del transporte público de nuestra hermosa ciudad. Pasábamos por una de las folclóricas, tranquilas, mágicas, místicas y culturales colonias que existen; y se subió un caballero a vendernos humildemente unas inofensivas paletas de caramelo macizo. Ya saben todo tranquilo, sin nada de intimidación y con un lenguaje propio a la ocasión y tan coloquial. Yo opté por tomar la paleta, no me quitaba nada, el hombre sentado al lado de mi, no la recibió.

Al poco rato, después de recitarnos el discurso clásico de la venta de paletas, el elegante hombre vendedor de paletas paso a recoger la mercancía que había repartido entre los pasajeros. Cuando recogió el caramelo que yo, amablemente, recibí, el hombre al lado mío (ese mismo que se rehusó a tomar la paleta) comenzó una platica conmigo y es la que precisamente les quiero relatar:

Hombre: ¿Por qué le recibes la paleta si no se la vas a comprar?

Danielita: Pues… no lo sé, por educación

Hombre: No, tal vez por miedo

Danielita: Pues si, también, no me cuesta nada recibirla

Hombre: Pero fíjate, es mala idea eso, él es un mal vendedor, si fuera bueno no tendría que intimidar para que las personas le compraran

Danielita asintió con la cabeza y también con cierta indiferencia (me molesta que desconocidos me hagan la plática)

Hombre: Si hubiera estudiado, no estaría aquí vendiendo paletas, ¿no crees?

Danielita: Si

Hombre: ¿Tú estudias?

Danielita: Si

Hombre: Eso esta bien, sigue estudiando, ya cuando elijas tu carrera y te desempeñes en eso verás que te va mejor que ese cuate

Danielita sonríe discretamente

Hombre: ¿Y qué quieres estudiar?

Supuse que él pensaba que estaba en la secundaria o la preparatoria a lo mucho, por eso se refería de esa forma a los estudios

Danielita: De hecho ya estoy en la carrera y estoy estudiando Comunicación

Hombre: ¡Uy! Comunicación, ¿eso de la radio, la tele y esas cosas?

Danielita: Pues si, es parte de

Hombre: Pero no, pues para eso ¿no tienes que ser bonita?

Danielita con cara de horror: No necesariamente

Hombre: Yo creo que si, yo escogería otra carrera, porque en la tele sólo salen mujeres bonitas y tontas

Danielita con cara de irritación: No en todos lados señor, pero cada quien tiene su opinión

Hombre: Bueno, yo tengo un conocido que trabaja en canal 22, está bien difícil ese medio, por eso deberías considerarlo

Danielita muy irritada: Ya estoy ahí, señor

Hombre: Pues échale ganas, ya me tengo que bajar, pero sigue estudiando, no quieres acabar subiéndote a los camiones a vender dulces y considera otra carrera.

El hombre en cuestión se bajo, todavía en la acera se despidió de mí y yo sólo solté un bufido a través del vidrio. Una mujer que al parecer escuchó la conversación sólo me miró condescendiente y luego apartó la mirada.

Cada vez que cuento esto a familiares, amigos y conocidos se indignan como yo lo hice en ese momento. No es que ahora lo acepte, porque además si se dieron cuenta para acabar me dijo fea, pero quizá tendría sólo un poco de razón al pasar los años. Es un ambiente hostil y complicado, pero sigo ahí haciendo mi mejor esfuerzo y tratando de no caer en las garras de la irresponsabilidad y la superficialidad. Ustedes… ¿qué opinión les merece este señor?, seguro algo negativo, por eso trato de mantener mi distancia y entrar en mi mundo de fantasía a través de los audífonos.

viernes, 6 de mayo de 2011

Cuando tu dices esta nota, yo digo no me interesa

Últimamente me ha entrado una vena musical que no tengo y no voy a encontrar, pero me ha dado esa curiosidad de tomar una guitarra o cualquier instrumento y ver si mis manos torpes pueden tocar algunas notas. La verdad el resultado ha sido desastroso y soy toda una vergüenza musical, creo que sigo sin entender que jamás podré tocar un instrumento gracias a mis infinitos problemas de motricidad. Adiós batería.

Me he acercado a muchos conocidos, amigos y familiares que no sé de dónde tienen esa vena musical o más bien habilidad, tiempo, disposición y sobre todo talento -yo carezco de todas esas cosas- he intentado y los he convencido de que me enseñen algunas cosas básicas, pero han fracasado en ese intento.

Por un lado me gustaría tocar un instrumento, superar ese trauma o de menos saber que mis manos no son tan torpes. Prueba de su torpeza es que me cuesta trabajo escribir bien en un teclado, sobre todo cuando lleve mecanografía en la secundaria, mis dedos no serán los mismos, afortunadamente el teclado de la computadora no se me complica tanto.

Imagino que si de verdad lo deseara ya hubiera tomado un instrumento y comenzaría a tocar, mi sobrino aprendió a tocar por internet, pero soy demasiado desidiosa y bastante flojita. Hubo una vez, cuando era más joven, mucho más joven que moleste a mi señor padre con que me metiera a clases de guitarra, supongo que no fue suficiente sólo logré que le dijera a mi tío, el cual me regalo una guitarra acústica vieja, desafinada y sin un par de cuerdas. Nunca la toque, sigue arrumbada hasta que cualquiera de mis sobrinos se compadece de ella.

Lo deje por la paz, pero esta ese contante gusanito todo el tiempo, y mi pensamiento de “¿sería más interesante para las personas si tocará algún instrumento?”, es tonto, lo sé, pero si lo pensé. Y luego el constante hecho de que por alguna extraña razón estoy rodeada de personas que aman la música, tocan instrumentos y son bien apasionados en eso.

Si, es interesante, son personas que tienen una gran habilidad, la cual admiro mucho, pero llega un momento en el cual fastidia y no sé si esa es la palabra indicada. Yo reconozco, es obvio, si sabes tocar algún instrumento, la mayoría tienen un bagaje musical muy amplio, son más perceptivos en cuanto a música, y es por eso que nunca falta el comentario “no eso que escuchas, no, es que es muy pobre musicalmente, sus notas son repetitivas”… o sea, si, entiendo, pero siempre pienso “ash pero por qué”.

Luego están mis sobrinos, me da gusto que sepan tocar, uno de ellos toca la guitarra, el teclado y la batería. Cuando empezaron yo era la primera en saltar de felicidad. Entiendo la parte de que están chavitos (12 años), es la edad, donde quienes saben tocar algún instrumento, comenzaron o estaba con sus sueños rock star, pero hasta mis sobrinos de pronto hacen el comentario “no, no es que esa banda, es puro bajo, escúchalos bien y sus canciones son puro bajo”. Esta comenzando a irritarme.

No tengo el mejor y más exquisito gusto musical, no tengo ni la más remota idea de lo que es la apreciación musical, ni las notas, ni los acordes, ni nada de eso, pero por qué no me dejan escuchar tranquilamente la música que me agrada. Creo, esta forma de sentir y pensar no sería así, si supiera tocar un instrumento, es más, pienso que conocería mucho más música y, tal vez si tocara algún instrumento esos comentarios no me irritarían y seguro sería de las tantas apasionadas, pero el santo niño de atocha no me dio ese don.

¿Tocan un instrumento?... Mis respetos, los admiro y escucho, no se crean, si tomo en cuenta su apreciación musical; pero déjenos a los mortales un rato escuchar basura o una gran pieza musical, créanos, la disfrutamos.