No
es un secreto, ni pretendo que lo sea, me enorgullece. La gente no lo entiende,
no necesitan entenderlo, parece poco racional. Me parece absurdo que las
personas pidan algo racional en esta época y este tiempo tan patético, tan irracional.
Ya
he escrito al respecto pero no me cansaré de hacerlo tantas veces sea
necesario. No para que ELLOS me entiendan, más bien para acercarme a los que me
entienden. Amo de una forma indescriptible los conciertos, a pesar de mis
múltiples dificultades, amo muchas cosas de ellos.
Es
una contradicción que todos ven, que yo reconozco, la acepto y no me preocupo
tanto por ello. Odio a la gente, sobre todo en multitudes porque se vuelve
estúpida. No quiere decir que en los conciertos no los odie, realmente hay muchas personas que podrían considerarse en ese ramo de especies no evolucionadas.
Entonces si, estoy en una contradicción.
Pero
va mucho más allá de eso. No soy demasiado letrada, no nací alrededor de la
alta cultura y tampoco sé tanto al respecto. Para mi, la música es un arte
dotado de algo en particular. La sientes y parece que no necesitas verla, sólo
entra en tus oídos y se transforman en emociones y sentimientos dentro. Cursi,
cursi pero es mi modo de explicar el mecanismo en que actúa, al menos, en mi caso.
Y
aunque deteste a la gente. En esa masa unida y a veces casi uniforme, donde
vienen tantos músicos queramos o no, nos une de una forma algo burda y trivial. Pero
dentro de cada uno de los presentes compartimos una emoción y un sentimiento
que no podríamos compartir en ningún otro lugar ni momento.
Ya,
son catarsis. La energía que proyectan las personas que tocan tales o cuales
instrumentos se contagia y te inyectan. En mi caso, creo que en los conciertos
sale un alter ego, un yo poderoso, subversivo, alegre y algo drogadicto que
tengo. Un ser desinhibido que podría morder, llorar, gritar, rasguñar y a veces
hasta amar.
Los
problemas se van y la tristeza aguarda un momento o se convierte en algo más
impulsivo, no sé. La realidad sigue ahí, luchas con ella o contra ella todos
los días y ese día, el día de un concierto sales de ahí y de pronto con las
luces, la gente y sobre todo la música puedes hacer todo. Al día siguiente te
levantas y de verdad te levantas.
Pienso
que en la vida hay pocos seres extraordinarios. Las personas se la pasan
diciendo que no, NO PUEDES CAMBIAR EL MUNDO, insisto mucho. Sólo pienso,
aquellos músicos a quienes tanto admiran se atrevieron y cambiaron el mundo, no
para ti directamente o tal vez si. Las personas quieren milagros y no se
percatan de que hubo quienes se atrevieron y lo hicieron pero son detalles, no
milagros.
Un
día en un concierto, alguien canta una prosa que pensó cuando vio un
acontecimiento importante para él, para mi o para el mundo, y luego miles de
personas al mismo tiempo la cantan con la misma pasión para hacerse escuchar. Y
si ellos lo hicieron, no lo voy a hacer igual, pero una noche me hicieron
desear lo mismo.
Para
mi esos son los conciertos, probablemente soy demasiado apasionada y alguien podría
opinar que le quiero encontrar un contenido simbólico, mágico, místico a un evento
trivial y nimio. Pero bueno, está es mi forma de sobrevivir y de tratar de
vivir en un mundo donde a la mayoría les importa poco o nada los sentimientos.

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