Entre a un consultorio. Era limpio y ordenado, demasiado
ordenado. La recepcionista me miraba suspicaz pero puede ser que sólo sea algo
de mi paranoia. Espero impaciente, nerviosa, enojada y cansada. Ella dice mi
nombre, pero lo deletrea con mal gusto. Abre la puerta de un cuarto donde
escucho ese estridente sonido del tic tac.
Veo ese sillón de cuero y temo, quiero darme la vuelta y
correr. No hay nadie por el momento pero sé que estará alguien frente a mi mirándome
inquisitivamente. Espero de pie porque no sé si sentarme o recostarme. Me
recuerda a Donnie Darko y temo desnudarme frente a alguien.
Entra un hombre o ¿era una mujer? De mediana edad. Tenía
unos anteojos grandes. Me llaman la atención y sólo presto atención a sus
anteojos que me hacen recordar a tantos personajes. Se sienta en un sofá muy
grande, cruza la pierna y toma una libreta.
Esa fue mi pesadilla. No quería seguir soñando con ello porque
me hablaría y en realidad no sé quién estaría hablando si él o ella, o quizá
más bien mi propio subconsciente. Yo sé la respuesta, me hubiera gustado
decirle sólo eso, que yo sé la respuesta a lo que me pasa.
Iba en el transporte leyendo y casi estallo en un desconcierto. Intento
mantenerme con calma porque si tomara en cuenta mis sentimientos sería
impulsiva. De serlo quizá mi pesadilla se volvería realidad. Pero la respuesta
la sé y la leí, por eso me perturbo.
Todo se está yendo al carajo. Yo me estoy yendo al carajo. Me
siento como si estuviera en una nube y anduviera flotando. Sé que es peligroso
y que tengo cosas por hacer, pero sigo sonriendo porque sé que
todo se esta yendo al carajo.

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