Detesto
a las personas. En serio, hay algo muy desagradable en ellas, no en todas,
aunque con todo y sus defectos las pocas personas que valen la pena, tienen ese
algo desagradable que a todos nos hace seres humanos. La raza humana sigue
siendo la peor criatura que habita el planeta. Pero he descubierto algo.
Yo
pensé que era de las peores personas que hay: criticona, malhumorada,
sarcástica, cuando tengo la inteligencia para eso, irónica algunas veces,
burlona entre otras tantas cosas. Es cierto, en este tiempo he aprendido más
sobre mi misma que en todo el tiempo atrás que desperdicie. Descubrí que a
pesar de todo no soy tan mala persona, incluso, soy amable con los otros, aunque no lo merezcan.
Ya
lo hacía, pero esta semana me he descubierto cediéndole el lugar a quien se me
ponga enfrente, pienso: voy a estar ocho horas sentada (atada) a un escritorio.
A veces, no muchas, cuando una persona me dedica esa mirada amable y algo
condescendiente le dedico una ligera y tímida sonrisa.
El
martes de esta semana me levanté más temprano de lo habitual. Iba hacia el
trabajo, no sin antes pasar por un pastel y una rosa para mi hermana (era su cumpleaños). Me veía
ridícula caminando con un pastel y una rosa, todo el mundo se me quedaba viendo
y aunque es mi hermana, pensé que son de esas cosas que… ¡qué diablos pasa
conmigo!
La
gente ya no es amable y tampoco le tiene confianza al prójimo, es totalmente
razonable, pero a veces lo totalmente razonable pasa a convertirse en lo ridículamente irracional. Ayer tuve una pésima experiencia con un taxista por falta de
confianza y amabilidad. Odio a las personas, pero no puedo no ser amable. Pude
ser muy grosera con el señor taxista-chaca, pude decirle todas las groserías
que recordara, las que se han inventado y hasta las que no. Puede ser una de
dos: o soy muy amable o soy muy tonta.
Aún
así creo que es importante. No ir por la vida sonriéndoles a todos, muchos son
insolentes, tiranos, engreídos y la mayoría estúpidos. Pero para que ellos
fueran así, pienso, tuvo que haber un proceso donde nadie les enseño a ser
amables. Sólo hay que rescatar, rescatarnos un poquito.
Ese
mismo martes del pastel y la rosa, regresé a casa. Iba en el transporte, que
iba muy lleno, se subió un niño, le calculé unos 11 u 12 años. Llevaba su
mochila y un par de libros algo gruesos. Le costaba trabajo sostenerse del tubo
con los libros. Me tardé dos minutos en deliberar, le toque el hombro y le
dije: “te los sostengo para que te puedas agarrar”. La gente se me quedo viendo
raro, él también, dudo un poco, pero me los entrego, supongo que no creyó que me los fuera a robar ya que yo estaba leyendo un libro. Cuando se bajo, me los
pidió y me dio las gracias.
Quizá
antes no lo hubiera hecho o simplemente no lo hubiera hecho. Conozco y conocí a
niños de su edad, a mis sobrinos incluso. Pensé que él pudo haber metido sus libros
a su mochila, aunque no cupieran, hoy en día a ellos les vale si cuidan o no
las cosas. Pero los cargaba con orgullo. Me recordó mucho a cómo trataba yo mis
libros, me recordó mucho lo ñoña que era, me recordó que así cargaba mis libros
con orgullo. Pude haberme equivocado, pudo ser que no le dio tiempo de
guardarlos, que le dio flojera; pero cuando bajo lo vi por la ventana y abrazo
sus libros. No me equivoqué.
No voy
a cambiar el mundo, ni a las personas que ya son una mierda. Cuando me
asaltaron y me quitaron el celular, le di dinero a la señora que hasta su
comida le robaron. Pensé que si a mi me pasara lo mismo, quisiera que alguien fuera
amable conmigo. Tal vez, entonces lo hago por egoísmo o por culpa, pero son esos
detalles que la gente ya no tiene. Sólo basta caminar tres cuadras de Polanco
para darse cuenta que la gente está muy hueca y que de amabilidad, ni la palabra
les suena.

Aunque a veces te tachen o te taches de mamona, hay una Danielita amable y chingona que hace sonreír a propios y extraños :)
ResponderEliminarDe acuerdo con todo lo dicho en este post. La gente es cada día menos amable y hostil. De repente ya hasta se vuelve difícil mantener el talante y ser amable. Pero no hay que perder la clase por mucho que existan tipejos que no lo valoren o que no tengan disposición al cambio. Porque por ahí todavía hay gente a la que podemos alegrar y cambiar con una sonrisa, un "gracias" o un "ha sido usted muy amable". Hacerlo por ellos y por nosotros.
ResponderEliminarMemo: Gracias, si, creo que después de todo no soy mala persona, y dentro de mi habita esa buena persona.
ResponderEliminarBigmaud: Si, por eso apesar de que la gente es hostil y así en la vida, trato de no ser igual que ellos, como dices si hay varias personas esparcidas que realmente valen la pena