sábado, 9 de julio de 2011

She/he can read, she's/he’s bad

Si, pero a nadie le importa,

A nadie le importa cómo,

Cuando el amor que has gastado,

Te llueve encima desde una nube gris,

Y podría parar y mirarte directo a la cara,

Desaparecer en la dulce, dulce mirada,

Ver la habitación que me rodea,

Disiparse en un lugar violeta,

¿No ves lo que le has hecho a mi corazón… y a mi alma?

Este es un lugar vacío ya.

(Slow Hands, Interpol)


Hoy estuve viendo algunos vídeos aprovechando que tengo cinco minutos de falsa libertad, ya que aún no terminan mis clases, y en realidad debería encontrarme haciendo otro tipo de cosas, incluso debería ir al banco, pero la verdad es que eso es lo malo de las obligaciones, nunca las quieres hacer.

Después de aventarme un mini maratón de avances de películas de terror, no sé por qué rayos acabe viendo avances de películas cursis, melosas de esas que el cine comercial llama: comedia romántica. Creo que estoy en esa etapa que les contaba de demasiada “nenes” y por esa razón, inconscientemente acabe viendo esas porquerías. Resulta que salió en la búsqueda el avance de una película llamada He’s not that into you, aunque en español el nombre es mucho más bonito A él no le gustas tanto.

Había visto esa película hace mucho tiempo, una muy, muy buena amiga me dijo que la viera, de hecho, la vimos juntas. Recuerdo mucho que me decía “es que es en serio, somos unas tontas, sufrimos para nada, tienes que ver esa película, vas a entender muchas cosas”. La verdad no entendí muchas cosas, pero coincidí en el hecho de que algunas cuestiones planteadas en la película eran verdad, por ejemplo, que Scarlett Johansson siempre va a interpretar el papel de zorra.

No, pues la verdad, es que lo malo de ser mujer, insisto con eso, es que hay en algún punto donde ese tipo de comedias románticas si te llegan y dices “diablos eso me ha pasado”, aunque eso es obvio, las historias como esas, siempre están basadas en situaciones de la vida cotidiana, por lo tanto no es raro pensar que nos ha pasado.

Después de atormentarme con el hecho de que la asimilación de dichas películas era a causa de mi género, me puse a escuchar canciones de Interpol, ¿qué clase de mujeres se encontraba Paul Banks? Al parecer, por la letra de sus canciones, unas muy desgraciadas y bien perras. La mayoría de ellas dicen algo así como “jugaste conmigo” en pocas palabras, pero para ser sincera a Paul Banks se le perdona lo que sea, y si entra mi instinto femenino, ahí no me importa, sólo es curioso que esto no es exclusivo de las mujeres, me alivio.

Me pregunto qué será aquello que nos molesta, duele e incomoda más en términos amorosos: la traición, el engaño, el juego, la decepción, la rutina o el más común, la indiferencia, en pocas palabras el amor no correspondido. Alguna vez alguien me decía que el principio de toda canción era el amor, incluso aquellas de desamor, bueno… quiten el “des” y lo dice todo. Pensé que era cierto, no había escuchado una canción ambientalista, a los hermanos, a la tecnología. Luego deseché la idea por qué donde quedarían esas donde las bandas hacen canciones políticamente correctas o las depresivas, que si bien insertan algo sobre el amor, al final es mínimo.

Como sea, recordando a Interpol y su reciente concierto en la ciudad, me di cuenta que las canciones de amor, pero muchísimo más las canciones de ardillas, son las más coreadas, y se cantan con un sentimiento… bueno al final creo que todos quedamos al descubierto. Si me preguntan por qué el tópico de esta entrada, pues vi y escuché estas cosas, pero la razón de escribirlo, no la sé, quizá la “nenes” llegó en un muy mal momento. Seguiré cantando canciones de Interpol, aunque no hayan tocado PDA, me encantan las canciones ardillas.

Quizá esto esta dedicado para quienes como dice Paul Banks han jugado con nuestro corazoncito, alguna vez, y también como dice Paul porque así es como aprendemos (esto es increíble)”.

martes, 5 de julio de 2011

El blog de los cero comentarios


Apenas me percaté: cumplí un año con este blog desde que lo reabrí, después de un acto impulsivo al cerrar el anterior, pues me encontraba en una total crisis existencial y, no tenía tantos amigos “echa flores” que me dijeran que “les gustaba como escribía”. Aclaro que no es reclamo, me gusta que me lean, de menos mi familia y amigos, sino esto estaría completamente muerto.

Cuando hice mi descubrimiento, recordé las palabras del blog que sigo asiduamente, el cual por cierto es por mucho, más exitoso que este pobre espacio. El blogger en cuestión, comentaba que se deprimía fácilmente por ciertas nimiedades como el hecho de publicar algo en Facebook y que nadie le pusiera “me gusta”. Lo recordé porque le di una checadita al blog, soy la única que lo hace, y me di cuenta que tengo un total de 28 comentarios (y varios son propios), me hizo sentir como eso que siente aquel blogger con el fracaso de su publicación en Facebook.

No me tiraré al drama y cerraré el blog, esos desplantes los deje atrás, pienso que puede haber sido una forma de llamar la atención, quizá para que me rogaran abrirlo. Lo re reabrí, patético ¿no? y el cambio no se trata de los lectores, si comenten o no, o si tengo o no más lectores, es el hecho más simple de que la redacción de esto sigue siendo pobre… (si ya pueden quejarse amigos, familiares y darme mis palmadas en la espalda), aún sigo teniendo mi problema con los “que’s”.

Soy muy joven, o no lo sé, esa tontería de la juventud la he escuchado demasiado y últimamente me molesta, para decidir si me dedicaré a esto. Supongo que todavía no me he decepcionado de la escritura, a diferencia de muchas otras cosas decepcionantes a las cuales casi amaba. Recuerdo una pregunta hecha por un buen amigo mío: ¿no has pensando usar tu blog, para algo… digamos más profesional? Está bien, usemos esa patética excusa que nos ha disculpado en los últimos meses: Soy joven, todavía sigo en mi descubrimiento de mi misma –traducido sería algo así como dos palabras: flojera e incompetencia –es una buena excusa eso de ser joven.

Y esta entrada más quedará para la posteridad, es lo maravilloso de internet, guarda basura por mucho tiempo, arrumbada, tiene gran capacidad, lo malo es que hay tanta basura que esto seguramente quedará sepultado entre los blogs de videojuegos y series televisivas, cuyo lenguaje es aún más pobre en comparación con este, porque aquí cualquiera puede escribir, en este momento entraría la famosa frase “hasta un hijo de vecina”, me gusta esa frase. Por cierto, en este como en los anteriores, habrá… ¡Cero comentarios! Me gusta.

lunes, 4 de julio de 2011

Conocí una persona

Tuve un fin de semana terrible, estuve en cama prácticamente todo el día con una jaqueca que aún no termina, el estrés a flor de piel, gracias a que la escuela siempre es tomada demasiado en serio. Se la pasan diciéndonos que la vida afuera, que la vida en la calle es dura, y la vida de estudiante es muy cómoda, debo decirles a esos infames personajes que la escuela se ha convertido en un lugar de producción de traumas y problemas absurdos y, al mismo tiempo absorbentes.

Hoy por fin puede ir al lugar donde me gusta estar, de verdad me siento muy contenta en participar de alguna forma –ahora no activamente, ni productivamente –en Amnistía Internacional. Debo confesar que me dio bastante vergüenza ir toda comodina después de no haber asistido casi durante tres semanas consecutivas. Pero pensé que tenía ese compromiso y no podía dejar de ir; además claro que me acostumbre de manera estúpida a regresar a mi casa como antes con sólo los aburridos deberes escolares.

Estaba haciendo mis labores y de pronto mi jefe, muy amablemente, me ofreció ir por un helado –me fascina la forma en que todos son agradables ahí – y mientras bajábamos las escaleras, entro a la pequeña oficina una señora. Tenía aspecto humilde, iba acompañada por dos pequeñas que se mostraban tímidas y aún con esa mirada inocente y a la vez picara, característica de los niños.

Su nombre es Magdalena García y fue presa de conciencia, su caso fue tomado por Amnistía Internacional en el 2006, fue detenida y procesada por crimines que no cometió durante el enfrentamiento de Atenco. La señora Magdalena, según nos contó Arturo –mi jefe –fue detenida mientras el cuerpo policiaco tomaba Atenco y cometía los crimines más atroces de los que la mayoría tenemos conocimiento; fue golpeada y capturada como si se tratará de una delincuente de alta peligrosidad, estuvo un año y medio en la cárcel, primero en Almoloya, prisión de máxima seguridad, y posteriormente fue trasladada a Texcoco. Fue liberada al año siguiente en 2007.

Ella sólo nos platicó; a las nuevas voluntarias, que no teníamos el placer de conocerla, el tiempo que estuvo en prisión, y lo importante que era para ella Amnistía. Arturo nos platicó todo lo demás, su historia dentro de prisión, su lucha constante por salir adelante a pesar de las adversidades, la asquerosa burocracia dentro de la prisión y que después de su liberación, doña Magdalena no sólo se había convertido en una activista y defensora de los derechos incansable, sino en todo un ícono para su población y para todas las personas que conocen su historia.

Me parecía impresionante cómo había conocido a una persona tan extraordinaria, que si la viéramos en la calle, seguro no le prestaríamos demasiada atención y tal vez ni siquiera nos importaría. Ver cómo presentaba a sus nietas con el amor que se expresaba de ellas. Observar sobre todo como la mayor de sus nietas veía a su abuela, me hizo pensar en muchas cosas: paso un año, seis meses y cinco días, como ella nos dijo, en prisión, y estaba humildemente llevando unas pulseras hechas por ella para un evento que se llevará a cabo en Europa, donde su trabajo si será reconocido.

Finalmente la forma en que se expresó de Amnistía, con esa esperanza, con total confianza y fe en la organización, me hizo querer estar ahí siempre. Entonces comprendí, cuando ella dijo “es una labor muy bonita la que hace Amnistía”, que mucho o poco sea lo que haga en esa pequeña oficina, sirve de algo, y lo mucho que hace cada persona en ese lugar sirve de algo. Para aquellos que son escépticos y no creen en las ensoñaciones, bueno, la vida es bien cabrona, y yo soy una escéptica pero conocer a doña Magdalena García, me hizo ver que puedo continuar con mi escepticismo pero que no siempre vale la pena.

Y luego me llegó otro pensamiento, mientras tomaba mi camino a este lugar donde vivo: estaba estresada, cansada, fastidiada y enojada; pero, hasta dónde importa todo eso cuando conoces a una persona que en serio le fue mal y sigue sonriendo, esto suena trilladísimo, pero jamás me había pasado, estar frente a frente con alguien cuya vida fue dura, mientras yo sigo cortándome las venas con galletas de animalitos.

Entonces puedo decir, la escuela es una porquería, estoy harta de ella, totalmente fastidiada y no soporto a mis profesores. Siempre dije que no era justo comparar desgracias con desgracias, pero de verdad, ¿hasta cuándo seguiremos haciendo una tormenta en un vaso de agua? ¿hasta cuándo podremos aprender, no, más bien aprehender de los demás?

sábado, 2 de julio de 2011

Sabes que ya valió cuando…

Me choca ser mujer, de verdad hay tantas cosas en este asunto del género femenino que me enloquecen y me enojan demasiado. Seguramente hay cosas buenas de ser mujer, pero la verdad no cuentan tanto cuando la competencia entre mujeres es de lo más burda y ridícula de lo que puede existir, hasta la solidaridad entre féminas es absurda.

Me molesta la forma en que somos sentimentales, sentidas, emocionales y dramáticas. No sé si las mujeres de verdad cuando quieren algo lo consiguen, o tengan realmente ese razonamiento de saber exactamente lo que quieren, lo dudo, con bastante frecuencia las mujeres no saben lo que quieren, me incluyó. Esto pasa sobre todo en las relaciones de pareja, por eso los hombres se confunden mucho, creo que deberían pasarles un diccionario del doble lenguaje de la mujer.

Me parece gracioso cómo las mujeres pasan la mayor parte de su tiempo arreglándose, preocupándose por cosas que no son importantes, intentando que el otro las entienda y las consuele, intentando llamar la atención, diciendo indirectas que los hombres jamás entenderán, preocupándose por un hombre que no se preocupa por ellas, y su especialidad: hacer una tormenta en un vaso de agua.

He intentado alejarme de todo eso, no lo he logrado con mucho éxito, no sé si es una cuestión genética o qué rayos, de lo único que me he podido despegar es de eso del arreglo personal, ya que mi flojera es mucho más grande que la competencia sobre quién se ve mejor o siquiera ese pensamiento de “verme mejor”.

Hoy me encuentro encerrada, con múltiples pensamientos de algunos conflictos generados con el paso del tiempo, y siempre llega ese instinto femenino que molesta de verdad, ese donde llega un pensamiento femenino y luego la cordura y digo “qué me pasa, por qué estoy pensando en esto”, me sucede con frecuencia y no me agrada. Además del clásico “ah estas en tus días” que tampoco es bonito este sentir de mujer me causa conflictos, siempre he pensado que sería mejor si fuera un niño, ya que no se complican mucho la vida.

Aunque bueno seguramente ese vestido para la boda de mi prima no se me hubiera visto “bien” si hubiera sido un niño, pienso que estaría más satisfecha. A veces me molesta tanto la actitud femenina, no sólo en mí, también en otras mujeres que me veo obligada a decir comentarios misóginos, algo ridículo, pues yo soy una mujer, y los demás me miran de forma extraña, he conocido a muy, pero muy pocas mujeres que de verdad valen la pena, y lo más absurdo es que tengo más amigas que amigos.

Pero ese asunto de mi amistad con los hombres ya es otro tema, por lo pronto sé que ya valió cuando me pongo a cantar canciones de amor y sobre todo de desamor bien ardidas con demasiado sentimiento o veo El Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos y lloró (lo cual es patético ya que no he vivido situación parecida a esa película). Eso sin ninguna razón en especial… tal vez si, pero eso es parte de mi vida privada que no quisiera compartir con nadie. Bueno supongo que al final todo esto es “normal”.

Ya quiero vacaciones.


viernes, 1 de julio de 2011

Me quedaré en casa porque 2+2 siempre es igual a 5

Estuve pensando de forma detallada cómo le pondría de título a esta entrada, pensé en un sinfín de ellos. Por lo general yo rompo la regla de poner el título al final, pues el título, siempre me ayuda a no desvirtuarme del tema que estoy comentando, aunque con frecuencia me desvirtuó. Pensé desde repetirme a mí misma con “misóginos”, y luego llegue a una canción que no era precisamente 2+2=5, pero hoy en mi camino al lugar donde vivo, la recordé y pensé que tal vez quedaría bien.

Han sucedido bastantes cosas relevantes dentro de mi vida cotidiana. Pensé en llamarlo misóginos porque tuve un incidente con un profesor de esos con las tres m’s malditos, mendigos y maloras. Pero pensé que dedicaba demasiado de mi tiempo pensando en aquél incidente molesto, fastidioso y nada agradable, así que lo mencionó porque fue una de las cosas que me impulso a escribir, pero nada sorprendente.

Hoy es de esos días en los que tienes un montón de cosas en la cabeza y piensas en diferenciar tu vida privada con esta que compartes a los pocos lectores que se toman el tiempo de descifrar tus revoltijos mentales. La verdad no tengo un tema en específico, pero siempre me parece maravilloso cómo se forman las palabras, las frases, los enunciados y los párrafos de pronto.

Escogí el título de la entrada porque pienso que tiene razón en tantas formas, me recuerda mucho a mis épocas de estudiante de secundaria, donde algo era como debía ser y no había alternativas, no sé si las haya; pero me parece una forma de decir que las hay aunque aún no te queden claras y que dos números pares invariablemente te dan un non, imposible de forma lógica, pero los seres humanos, o al menos, la mayoría de ellos, carecemos de lógica.

Ha estado lloviendo a cántaros, pareciera que de pronto la lluvia y las nubes se desquitaron con el intenso sol que estuvo durante casi el último mes. No recordaba todos esos sentimientos que afloran con la lluvia, para mí significa mucho más que sólo lluvia, vaya, necesitaba volver a verla, ver caer agua para recordar cómo era. Es como un efecto secundario, te pone en un estado de ánimo ya sea para bien o para mal, es bueno que esas pequeñas partículas de agua contaminada caigan sobre mi cabeza.

Todo esto me sigue recordando que a veces, la forma en la que vives, adecuada o no, siempre cambia, cuando piensas que te encuentras en una zona de confort, viene algo como si te echaran una cubeta de agua en la cara, o te despertaran bruscamente y te dice “oye, entiende, nunca estarás en una zona de confort, hazte a la idea”. La vida no es tan complicada, las situaciones se repiten como en un espiral sin final, la diferencia son las personas y a veces ni eso.

Si soy “cambiante”, “bipolar”, “antisocial”, la verdad no puedo decirlo con seguridad, sólo respondo a las situaciones que se me presentan, no puedo prometer tener la suficiente inteligencia emocional para enfrentarlas, pero lo intento… aunque no estoy segura de hasta dónde lo seguiré intentando. Por lo pronto me quedaré en este lugar, no sé si es mi casa, pero mientras tanto aquí: 2+2 siempre da 5.

martes, 21 de junio de 2011

No prestes atención


Amo los audífonos, es más, puedo decir con toda seguridad que desde mi punto de vista, es de los mejores inventos del hombre. Me encantan porque hay un sinfín de posibilidades con ellos, me han ayudado en momentos de aburrimiento, en momentos incómodos, en momentos tristes, en momentos de relativa felicidad. Pero quizá la cualidad más exquisita de los audífonos es lo que llaman “desconectarse del mundo”; aunque quizá algún día sin mucha atención, termines atropellado/a.


Y a pesar de esto, hay sólo una objeción, o más bien una contradicción (porque soy mujer, hay un número ilimitado de contradicciones), esta es: me molesta que las demás personas usen los audífonos. Explico, yo los uso con mayor frecuencia para mi largo recorrido de mi casa a la escuela y viceversa; lo hago porque escuchar las conversaciones de las señoras y jóvenes no sé si decir que es deprimente o molesto, más bien ambas.


Los mantengo en mis oídos cuando llego a mi destino y me encuentro sola, eso suele ocurrir a menudo, pues repito, no soy una persona que se caracterice por la sociabilidad, me refiero a que no soy de esas personas que llegan a la escuela y pasan por ella como miss universo, saludando a todo el mundo. Simplemente llegó, me arrincono y observo a las personas, cuando me aburren, leo o hago cualquier otra nimiedad.


Cuando llega una persona, conocida y a la cual le hablo bien, o en su defecto un amigo u amiga, inmediatamente me quito los audífonos. Es una cuestión de educación impartida por mis padres, hermanas (quizá), tíos, tías y demás familiares; es casi como una tradición familiar: presta atención –o al menos finge que si –lo digo porque suelo ser bastante distraída.


El acto de continuar con los audífonos, platicar con alguien y mantener los audífonos en los oídos, el hecho de realizar una actividad que requiera interactuar con otras personas y portando unos audífonos se me hace insoportable. No sé si es la cuestión egocentrista, narcisista del deseo de ser escuchado y tomado en cuenta, o simplemente envidio a las personas que hacen eso, pues, significaría hacer dos cosas al mismo tiempo, capacidad de la que carezco.


No me hagan mucho caso, continúen usando sus audífonos. La cuestión en mi persona es que aplico en infinidad de veces, reglas básicas, que me recuerdan mucho a la forma de tomar asistencia de una clase de inglés que tuve en bachillerato:


-Digan presente en voz alta y clara, levanten la mano y hagan contacto visual conmigo –decía mi profesora.


No es que lo haga así, pero cada vez que alguien platica conmigo, no puedo dejar de hacerlo, hago el clásico contacto visual, utilizo las clásicas respuestas afirmativas o de entendimiento en la conversación, me calló y si pudiera silenciaría todo a mi alrededor. Estoy loca, pero por más que lo intento no puedo dejar de hacerlo de esa forma, y cuando siquiera volteo a algún lugar durante la conversación o me disperso, me siento realmente culpable. Sé que algunos son buenos “listeners” diría mi libro de inglés, oyentes para nosotros los mortales y no tienen la necesidad de aplicar mis reglas personales ridículas; es más pienso que a pesar de aplicarlas sigo sin ser buena para escuchar a los demás.

domingo, 19 de junio de 2011

La playa

¿No les ha pasado que presienten cuando una semana va a salir mal por más intentos por mejorarla? Bueno pues esta semana ha sido así, han sucedido muchas cosas, como siempre, suceden cosas eso es bastante ordinario. Así como este bonito espacio es para escribir mi basura mental, pues aquí vamos.

Para empezar, cumplí años. Me sigue causando un problema el hecho de que la gente festeje los cumpleaños, no porque no lo aprecie, pero por alguna razón ese día es el único en dónde eres especial y por lo tanto hay que invitarte todo y ser condescendiente lo cual me causa un conflicto, entre muchas otras cosas algo deprimentes que no mencionaré.

La realidad es que cumplí 21 años, soy oficialmente legal en todo el mundo, así que ya podré ir a gastar mi dinero a las Vegas, o tal vez ir a un pub en Londres, o mejor ir a fumar marihuana en Ámsterdam. Esperen, no, no me sirve en nada tener 21 años, es todo un desperdicio, la verdad los "veintialgo" pesan. Es para lo único que sirven los cumpleaños, para recapitular tu paupérrima vida.

Me alegra que haya terminado la semana, la mitad de ella, ni siquiera estuve en el lugar donde me gusta estar, casi me asaltan lo cual genera un poco de paranoia de mi parte –aún más de la que ya tengo –me quede hasta tarde en la escuela, mi profesor me regaño bien bonito y para acabar cada vez mi casa ya no lo es. De verdad me parece muy bien que termine, sin esperar que la siguiente semana mejore, sólo que sea otra semana.

Finalmente llegué a la conclusión de que necesito “tomar el fresco”, necesito salir de este diminuto cuarto, de esta colonia, de esta ciudad y si pudiera de este país. E increíblemente tengo unas ganas tremendas de ir a la playa, de tirarme en un camastro, sudando como un cerdo, porque a diferencia de las demás mujeres que no sé cómo rayos pero se ven glamorosas con su atuendo playero, bueno, a mi no me pasa eso. Necesito tocar la arena con los pies, necesito llenarme de arena aunque eso me moleste, pero lo más importante necesito ESTAR SOLA.

Supongo que la idea de la playa, es causa de ver innumerables veces “La playa”. Por alguna razón las películas de Danny Boyle tienen un extraño ingrediente que me hace tomar decisiones o en su defecto –con el caso específico de Trainspotting –me resuelve la vida, de algún modo, no es tan mágico, simplemente me hacen decir “si, está bien, es esto” o “qué rayos, está mal, pero ¿y qué?”. Con la playa, más que este asunto del turista que se adentra a tierras desconocidas y en su aventura con tintes hedonistas y hasta arriesgados encuentra sentido casi a su existencia. Yo sólo quiero ir para dejar de pensar.

Me gustaría salir a la calle como en ese vídeo de Lily Allen dónde habla de las porquerías de Londres, y salir brincando como niña estúpida y cantando, casi gritando eso que decía en su canción “Estoy bien, todo es maravilloso, tengo todo el tiempo del mundo”, por supuesto igual que como ella lo canta, con esa ironía.

Si, quisiera poder salir y llegar directamente a Phi Phi o al menos a alguna playa paradisiaca de este bonito país (inserte sarcasmo), estar frente al mar, uno donde las olas no peguen tan fuerte y tirarme como un saco de papas en la arena, tal vez quemarme un poco, meterme al mar con todo y ropa, y finalmente volverme a tirar en la arena sin importar si esas pequeñas partículas están en lugares insospechados de mi cuerpo, escuchando la canción de este avance. Cada vez que veo esos primeros segundos me dan más ganas de irme.




*El trailer no esta completo, pero fue el único vídeo, de este trailer que me dejo insertar, aún así el punto que quería esta.