martes, 31 de mayo de 2011

Las consecuencias de los dulces dieciséis

Hace cuatro años fui a un concierto. Mi hermana, mi sobrino y yo esperábamos en las escaleras del Auditorio Nacional a que diera una hora decente para entrar a dicho recinto. Un hombre alto de tez clara, bien parecido y con sonrisa amable se nos acercó. Traía un gafete verde y muchos papeles en una mano; se sentó a lado de nosotras y nos preguntó si podríamos llenar un pequeño papel, y firmar una petición a favor de los trabajadores del campo para que recibieran mejores condiciones de vida y de salario. Ahí empezó todo.

Mi hermana y yo hicimos preguntas, él amablemente nos explicó a grandes rasgos la función de Oxfam. Después de eso decidí meterme a la página oficial de Oxfam, necesitaba saber qué era lo que hacían y cómo. Leí algunos informes acerca de cómo habían ayudado a mejorar las condiciones de trabajo de algunos campesinos en África y Sudamérica, realmente les creí. Oxfam, el incrementó de atención a sus campañas de “Comercio Justo”, me llevaron a otra página: Amnistía Internacional (AI).

Cuando uno es joven, no le interesan demasiado las cuestiones sociales, pero les digo que yo soy rara, esta onda de las injusticias me hacía bastante ruido desde que era una mocosa, más que nada porque me gusta ver, no sé si observar, pero veo. Por esa razón me sentía bastante anormal al estar leyendo reportes de Oxfam, sobre todo porque después del pesimismo general que me llego en la secundaria, no le creía a ninguna ONG, ni siquiera a Greenpeace.

Todo esto lo recordé por ese asunto antes mencionado en este pequeño espacio, de esta pequeña personita, sobre la reminiscencia de aquellos momentos entrañables en mi vida. Imagino que la razón es la cercanía de mi cumpleaños y aunque soy todavía una jovenzuela, tener que llegar ya a los veinte-algo comienza a pesar.

Hace casi dos semanas, hice algo que quería hacer hace cuatro años cuando me metí a las páginas web de Oxfam y AI, como toda una dulce, soñadora e idealista muchachita quería ser voluntaria en cualquier de esas dos organizaciones, pues eran, por mucho, en las únicas en las que creía. Pero había razones de peso para no poder cumplir ese deseo en aquellos años: a) era demasiado joven, no tenía ni la mayoría de edad; b) seguía en el bachillerato (uno con un nulo prestigio) por lo cual mi colaboración no sería significativa ; y c) me daba miedo.

Decidí retomar ese deseo y heme aquí, llevo una semana y media siendo voluntaria en Amnistía Internacional, me hace sentir bastante bien. Más que por el hecho del rollo activista pretencioso o sentirse Mahatma Gandhi, son cuestiones más personales y nada pretenciosas por las cuales me hace sentir bien. Además de ser un poco más productiva que sólo tirarme a perder el tiempo en internet, ahí hago algo que tal vez no sirva o no cambie el mundo, pero hago algo, y lo más importante decidí hacerlo, por primera vez en mi vida tuve iniciativa y estoy dentro de algo que vale la pena.

La gente a mi alrededor piensa que me metí para aplicar mis inútiles estudios de Comunicación o para liberar mi servicio social (tal vez ayudaría y si decidí hacerlo ahí), eso es basura, no me metí por eso. No podemos retroceder a lo que éramos; pero sí puedo recuperar lo que deseaba y la universidad me ha quitado, lo quiero. Además irónicamente Amnistía me ha llenado de un espíritu más positivo, y nuevamente me refiero a algo personal, mi dramatismo y estar constantemente pensando en mis problemas existenciales, mi negatividad frente a mis propios problemas.

No sólo escuchas distintos acentos, hay gente ahí comprometida con su trabajo, sin ser fanáticos, conscientes de lo que pueden o no pueden hacer, amables la mayoría. Me preocupa el pensamiento de la gente donde AI puede hacer milagros, es una ONG con mucho poder de convocatoria, pero son personas y aunque este ahí dentro, sigo pensando que no se puede cambiar el mundo. Se hacen cosas, cambias tú, pero tú no eres el mundo, y tendríamos que matar a todos y repoblar con gente buena para hacer un cambio sustancial, pero no sucederá. Amnistía Internacional, para mí es una forma de decir “me uno, no estoy de acuerdo con lo que pasa en el mundo”.

Después de estar una semana y media ahí me di cuenta: el mundo es una mierda, pero no sólo para mí, es una mierda para todos y si estoy aquí respirando entonces voy a hacer algo con eso, quejarme, sufrir por mis problemas existenciales y darme cuenta que alguien sufre también.

martes, 24 de mayo de 2011

La invasión sueca II: Las rimas y los corazones heridos

Debo confesar: estúpidamente siento cierta misoginia con las cantantes, y a lo mejor es más bien la idea bastante clara que nos van vendiendo y que me mostraron desde que tengo memoria. Una mujer disque con buena voz, disque bonita, que con el tiempo se fue deformando muchísimo más. Lykke Li, es de las mujeres que respeto y admiro, junto con otras pocas.

Para una agrupación y/o solista el mayor reto siempre es el segundo disco, sobre todo cuando su antecedente es un excelente primer disco, el cual fue elogiado y aclamado por un modesto grupo de personas. Pocos superar ese reto de forma loable. Lykke Li lo ha logrado como pocos.

No sólo eso, ha demostrado una madurez admirable, pareciera como si llevara veinte años en el medio, su disco Wounded Rhymes pareciera como su material número treinta y a la buena, pues hay agrupaciones que llevan años en esto y los críticos siempre utilizan ese término “suena más maduro” o “se nota que la banda ha madurado”, por lo general es sinónimo no de madurez, sino de evidenciar su sonido antiquísimo y repetitivo.

Ya hable de dos características de Wounded Rhymes, su madurez, que en este sentido tendría más que ver con la diferencia notable entre su primer trabajo y este, su exploración y hasta el sentido más metafórico y profundo de sus letras. A diferencia del Youth Novel, que como su nombre lo dice si era una joven novela y el disco claramente se representaba de esa forma, este disco es como una montaña rusa y tampoco es a la mala, es como todo en la vida, los extremos, el sonido melancólico y el sonido fuerte, y bailable.

En cuanto a su sonido, mantiene su estilo de una forma particular, sabes inmediatamente que es un disco de Lykke Li, pero esta lleno de sonidos tibales, (y lo que de verdad se llama tribal), junto –y concuerdo con eso- lo que leí en cierta reseña, su gusto por el rock and roll cincuentero, combinación un poco extravagante, pero bastante buena y que ejecutada en vivo seguro suena increíble, mención a parte de que sus músicos son bastante competentes.

Luego esta el tema de la hermosa y particular voz de Lykke Li, leí alguna vez en una reseña, que su voz era como de una niña, no sé si estoy totalmente de acuerdo, o más bien si únicamente la definiría de ese modo. En mi opinión hay dos cosas con la voz de Lykke Li, la dulce y casi atractiva, y la grave casi desgarradora, ambas combinadas, ambas para el sentido de sus canciones, lo cual la hace muy, muy peculiar. Sobre todo porque hay alguna razón y más allá de la barrera del lenguaje, aunque lo maneja muy bien, su voz si tiene un dejo de algo de estilo escandinavo.

Y el mayor plus es, ah pues como sufre esta mujer, como todos en cierto momento, como siempre los artistas utilizan el recurso poético del “es un disco más oscuro”, más que nada es que algo le duele como a todos y cuando se trata de una mujer el desamor es lo mejor para plasmar en ese lenguaje poético. Aunque, también como dijo ella “esta enojada con el mundo” y algunas letras también hacen referencia a ello. Pero la mayoría de sus letras reflejan bastante desamor, el amor no correspondido, el desencanto del enamoramiento. Todos aquellos sentimientos que te llevan al extremo cuando, supongo, uno se enamora, por eso mencionaba aquello de la montaña rusa.

En conjunto, todas estas cosas hacen del disco de Lykke Li, que recientemente salió, el 2 de marzo para ser exactos y bajo la producción nuevamente de Björn Yttling (Peter, Bjorn and John) uno de los mejores discos que he escuchado últimamente. Lo recomiendo altamente si les gusta aquello de las voces femeninas, lo experimental, lo original y son fanáticos del sufrimiento y del desamor, lo último no es necesario, tal vez exagere.

Por último les quiero compartir el nuevo sencillo de Lykke Li, Sadness is a blessing, de las melancólicas del disco, pero realmente sublime y les comparto el vídeo no sólo porque la canción es hermosa, también porque el vídeo esta bien realizado. Me confirma el hecho de que si quisiera Lykke Li, hasta podría actuar, aunque siempre agradeces más que se dedique a la música. Normalmente se respeta más a una cantante cuando luego incursiona en la actuación que viceversa, al menos en mi humilde opinión, supongo que se debe a que para cantar, además de voz requieres esa cualidad interpretativa, en fin, ese ya será tema de otra entrada, por lo mientras: sólo disfruten...



martes, 17 de mayo de 2011

Conversación en el camión con un desconocido

Estas últimas semanas he estado rememorando algunas etapas de mi vida, entra un poco ese sentimiento de nostalgia que invade al ser humano como parte de lo que llamamos precisamente eso, ser un ser humano. He estado viendo fotos, leyendo cosas que escribí, revisando algunos cuadernos de materias añejas donde la vida cotidiana se tornaba y se veía muy distinta.

La gran distancia que hay entre mi casa y la escuela siempre me han dejado experiencias y vivencias que valen la pena mencionar, por muy burdas y sin sentido que parezcan, divertidas muchas, amargas muchas también, reflexivas, fastidiosas, alegres, amenas. Los que vivimos en la ciudad de la esperanza y recorremos grandes distancias saben de lo que estoy hablando.

Hace unos dos años aproximadamente tuve una experiencia en el transporte público algo peculiar, y en este momento significa más para mí y lo pienso más porque en aquél momento fue molesto y lo tome un poco mal, ahora con todo lo que me ha pasado tras mi carrera escolar, no es que lo acepte (hacerlo sería poco inteligente), pero simplemente llego más fuerte a mi cabecita.

La historia un poco es así, yo recorría el ya clásico transcurso (en ese tiempo) del metro revolución a mi casa. El camión iba como diría mi padre “hecho la raya”, algo típico del transporte público de nuestra hermosa ciudad. Pasábamos por una de las folclóricas, tranquilas, mágicas, místicas y culturales colonias que existen; y se subió un caballero a vendernos humildemente unas inofensivas paletas de caramelo macizo. Ya saben todo tranquilo, sin nada de intimidación y con un lenguaje propio a la ocasión y tan coloquial. Yo opté por tomar la paleta, no me quitaba nada, el hombre sentado al lado de mi, no la recibió.

Al poco rato, después de recitarnos el discurso clásico de la venta de paletas, el elegante hombre vendedor de paletas paso a recoger la mercancía que había repartido entre los pasajeros. Cuando recogió el caramelo que yo, amablemente, recibí, el hombre al lado mío (ese mismo que se rehusó a tomar la paleta) comenzó una platica conmigo y es la que precisamente les quiero relatar:

Hombre: ¿Por qué le recibes la paleta si no se la vas a comprar?

Danielita: Pues… no lo sé, por educación

Hombre: No, tal vez por miedo

Danielita: Pues si, también, no me cuesta nada recibirla

Hombre: Pero fíjate, es mala idea eso, él es un mal vendedor, si fuera bueno no tendría que intimidar para que las personas le compraran

Danielita asintió con la cabeza y también con cierta indiferencia (me molesta que desconocidos me hagan la plática)

Hombre: Si hubiera estudiado, no estaría aquí vendiendo paletas, ¿no crees?

Danielita: Si

Hombre: ¿Tú estudias?

Danielita: Si

Hombre: Eso esta bien, sigue estudiando, ya cuando elijas tu carrera y te desempeñes en eso verás que te va mejor que ese cuate

Danielita sonríe discretamente

Hombre: ¿Y qué quieres estudiar?

Supuse que él pensaba que estaba en la secundaria o la preparatoria a lo mucho, por eso se refería de esa forma a los estudios

Danielita: De hecho ya estoy en la carrera y estoy estudiando Comunicación

Hombre: ¡Uy! Comunicación, ¿eso de la radio, la tele y esas cosas?

Danielita: Pues si, es parte de

Hombre: Pero no, pues para eso ¿no tienes que ser bonita?

Danielita con cara de horror: No necesariamente

Hombre: Yo creo que si, yo escogería otra carrera, porque en la tele sólo salen mujeres bonitas y tontas

Danielita con cara de irritación: No en todos lados señor, pero cada quien tiene su opinión

Hombre: Bueno, yo tengo un conocido que trabaja en canal 22, está bien difícil ese medio, por eso deberías considerarlo

Danielita muy irritada: Ya estoy ahí, señor

Hombre: Pues échale ganas, ya me tengo que bajar, pero sigue estudiando, no quieres acabar subiéndote a los camiones a vender dulces y considera otra carrera.

El hombre en cuestión se bajo, todavía en la acera se despidió de mí y yo sólo solté un bufido a través del vidrio. Una mujer que al parecer escuchó la conversación sólo me miró condescendiente y luego apartó la mirada.

Cada vez que cuento esto a familiares, amigos y conocidos se indignan como yo lo hice en ese momento. No es que ahora lo acepte, porque además si se dieron cuenta para acabar me dijo fea, pero quizá tendría sólo un poco de razón al pasar los años. Es un ambiente hostil y complicado, pero sigo ahí haciendo mi mejor esfuerzo y tratando de no caer en las garras de la irresponsabilidad y la superficialidad. Ustedes… ¿qué opinión les merece este señor?, seguro algo negativo, por eso trato de mantener mi distancia y entrar en mi mundo de fantasía a través de los audífonos.

viernes, 6 de mayo de 2011

Cuando tu dices esta nota, yo digo no me interesa

Últimamente me ha entrado una vena musical que no tengo y no voy a encontrar, pero me ha dado esa curiosidad de tomar una guitarra o cualquier instrumento y ver si mis manos torpes pueden tocar algunas notas. La verdad el resultado ha sido desastroso y soy toda una vergüenza musical, creo que sigo sin entender que jamás podré tocar un instrumento gracias a mis infinitos problemas de motricidad. Adiós batería.

Me he acercado a muchos conocidos, amigos y familiares que no sé de dónde tienen esa vena musical o más bien habilidad, tiempo, disposición y sobre todo talento -yo carezco de todas esas cosas- he intentado y los he convencido de que me enseñen algunas cosas básicas, pero han fracasado en ese intento.

Por un lado me gustaría tocar un instrumento, superar ese trauma o de menos saber que mis manos no son tan torpes. Prueba de su torpeza es que me cuesta trabajo escribir bien en un teclado, sobre todo cuando lleve mecanografía en la secundaria, mis dedos no serán los mismos, afortunadamente el teclado de la computadora no se me complica tanto.

Imagino que si de verdad lo deseara ya hubiera tomado un instrumento y comenzaría a tocar, mi sobrino aprendió a tocar por internet, pero soy demasiado desidiosa y bastante flojita. Hubo una vez, cuando era más joven, mucho más joven que moleste a mi señor padre con que me metiera a clases de guitarra, supongo que no fue suficiente sólo logré que le dijera a mi tío, el cual me regalo una guitarra acústica vieja, desafinada y sin un par de cuerdas. Nunca la toque, sigue arrumbada hasta que cualquiera de mis sobrinos se compadece de ella.

Lo deje por la paz, pero esta ese contante gusanito todo el tiempo, y mi pensamiento de “¿sería más interesante para las personas si tocará algún instrumento?”, es tonto, lo sé, pero si lo pensé. Y luego el constante hecho de que por alguna extraña razón estoy rodeada de personas que aman la música, tocan instrumentos y son bien apasionados en eso.

Si, es interesante, son personas que tienen una gran habilidad, la cual admiro mucho, pero llega un momento en el cual fastidia y no sé si esa es la palabra indicada. Yo reconozco, es obvio, si sabes tocar algún instrumento, la mayoría tienen un bagaje musical muy amplio, son más perceptivos en cuanto a música, y es por eso que nunca falta el comentario “no eso que escuchas, no, es que es muy pobre musicalmente, sus notas son repetitivas”… o sea, si, entiendo, pero siempre pienso “ash pero por qué”.

Luego están mis sobrinos, me da gusto que sepan tocar, uno de ellos toca la guitarra, el teclado y la batería. Cuando empezaron yo era la primera en saltar de felicidad. Entiendo la parte de que están chavitos (12 años), es la edad, donde quienes saben tocar algún instrumento, comenzaron o estaba con sus sueños rock star, pero hasta mis sobrinos de pronto hacen el comentario “no, no es que esa banda, es puro bajo, escúchalos bien y sus canciones son puro bajo”. Esta comenzando a irritarme.

No tengo el mejor y más exquisito gusto musical, no tengo ni la más remota idea de lo que es la apreciación musical, ni las notas, ni los acordes, ni nada de eso, pero por qué no me dejan escuchar tranquilamente la música que me agrada. Creo, esta forma de sentir y pensar no sería así, si supiera tocar un instrumento, es más, pienso que conocería mucho más música y, tal vez si tocara algún instrumento esos comentarios no me irritarían y seguro sería de las tantas apasionadas, pero el santo niño de atocha no me dio ese don.

¿Tocan un instrumento?... Mis respetos, los admiro y escucho, no se crean, si tomo en cuenta su apreciación musical; pero déjenos a los mortales un rato escuchar basura o una gran pieza musical, créanos, la disfrutamos.



lunes, 25 de abril de 2011

Extras

Cuando era un poco más joven, pensaba que el mundo de los medios era bastante glamoroso, por mi poca experiencia con los medios (aja), me he dado cuenta que no es así, hay que ensuciarse las manos, hay que hacer muchas cosas y con todo eso nunca llegarás a ser famoso, sí eso es lo que en verdad quieres.

Extras es una serie inglesa que trata precisamente de eso. Vemos a los grandes actores de Hollywood, pero qué pasa si nos acercáramos un poco más a observar, si nos metiéramos, como lo dicen en el teatro, tras bambalinas, veríamos a montones de personas trabajando para una súper producción y precisamente las que tienen más reconocimiento (actores, directores, escritores) no son precisamente las más agradables. Cuál es la historia de las personas que trabajan para estas producciones, lo que es más, cuál es la historia de las personas que salen en una escena, detrás, que sólo entran y salen… de los extras.

Me gustan mucho las series, pero mi problema es que son demasiado largas, debo tener mucha constancia para seguirlas todos los días que los transmiten o en su defecto, echarme por lo menos cuatro horas seguidas en internet de una serie de personajes que entran, salen, se mueren, reviven, se involucran con todo el elenco, etcétera; la verdad es que personalmente acaban fastidiándome. Hace algún tiempo escuché la serie de Extras, de hecho fue hace mucho tiempo y en realidad ni siquiera sabía que era una serie. Quizá si la hubiera comenzado a ver cuando se estrenó aquel ya lejano año de 2005, no le hubiera entendido y ni siquiera hubiera tenido sentido para mí. Cabe mencionar que vino en un momento excelente en mi vida y ver la serie, además de divertirme, me sirvió bastante.

Extras fue una producción de la BBC y posteriormente la trasmitió HBO, es muy corta, consta con dos temporadas de seis capítulos cada una, cuya duración es algo así de treinta minutos aproximadamente y un especial de navidad que más bien es el final de la historia. Más o menos la cosa es así, la serie trata de un hombre llamado Andy Millman quien es extra en varias películas mientras busca a toda costa conseguir un papel principal en alguna de ellas, se involucra en una serie de enredos junto con su amiga Maggie Jacobs, que es por demás distraída y al tratar de ayudarlo siempre lo mete en más problemas. Las cosas se complican pues su agente Darren es un incompetente y con frecuencia también lo mete en apuros.

Todo parece mejorar cuando la BBC le ofrece un contrato a Andy para hacer una serie de televisión cómica que él mismo escribió y que transmitirá en la BBC1, las cosas podrían mejorar, Andy podría convertirse en un exitoso y respetado actor, para que posteriormente pueda trabajar con las grande estrellas de Hollywood; sin embargo la sorpresa será mayor cuando Andy se dé cuenta que el programa no se realizará como esperaba y tendrá que enfrentarse a las críticas de la prensa y la audiencia.

La serie es muy divertida si entienden el humor inglés, muy ácido, sarcástico, bastante directo y a veces hasta grosero, si no están de acuerdo con ese tipo de humor o también se ofendieron con los comentarios de Top Gear, realmente no se las recomiendo - no hacen comentarios sobre los mexicanos- pero advierto de una vez. La producción es buenísima, los saltos de pantalla entre lo que ves en televisión y lo que hay detrás, son increíbles. Yo no sé cómo una serie como esta no tuvo tanta promoción como lo tienen series americanas, sería muy complicado que la transmitieran en televisión abierta, por ejemplo, la verdad me podré escuchar muy sangrona pero no es para todos, el grueso de la población no la entendería, y por otro lado pensaba que había otra cuestión, la sociedad inglesa no es la misma que la mexicana, pero al ver la serie completa… no esta tan alejada, las audiencias aquí y en china al parecer son lo mismo: a la gente le gusta la basura.

Quizá sería una de las razones por las cuales no transmitirían esta serie aquí, critican muy sutilmente, creo (el creo es para lo de la sutileza), la forma en que se producen los programas de televisión con el pensamiento de que la gente es estúpida y puede consumir lo que sea, lo ven, no muy alejado de cómo se hacen los programas para televisión en nuestro país.

He pensado: esta serie sería excelente para que la vieran mis compañeritos de la carrera, y no porque salgan unas lámparas arri, pues podría emocionarles el hecho, sino porque a mí, me hizo entender muchas cosas sobre los medios en cuanto a producción y sobre todo porque la historia de Andy aplica para muchos compañeros que conozco. He reflexionado bastante al respecto en las últimas semanas, pienso, los medios te atrapan y te arrastran a un ambiente bastante hostil, son engañosos hasta para los que estudiamos algo sobre los medios. No sólo en mi carrera, aunque se dan más casos, hay personas que tienen un constante dilema interno sobre qué es lo que quieren, sólo les voy a parafrasear algo que le dicen al personaje de Andy Millman:

-¿Qué es lo que quieres, ser respetado o tener fama, qué quieres hacer una obra de arte o tener seis millones de espectadores? Escoge porque no puedes tener las dos.*

Otro plus que no les he comentado es que en cada capítulo participan diferentes artistas como: Ben Stiller, Kate Winslet, Samuel L. Jackson, Orlando Bloom, Ian McKellen, David Bowie, Robert De Niro, entre otros, son muy cómicas sus apariciones, bastante acertadas y muy al caso. Mis favoritas fueron Kate Winslet, el joven Daniel Radcliffe y su condón, y la maravillosa canción de David Bowie. Podrás amar a Andy, Maggie, Darren y su asistente Barry o los podrás odiar, pero la verdad es que te harán reír mucho. Altamente recomendable la serie y para ponernos a reflexionar un rato.

Irónicamente la serie Extras ganó un BAFTA, si la ven ya sabrán por qué es irónico.

*Esta frase se la dijo un representante que tuvo Andy, en el último capítulo, buenísimo por cierto por la crítica a los programas como Big Brother Celebrities, en nuestro caso como el Big Brother VIP espantoso que transmitieron.

domingo, 17 de abril de 2011

Los tenis

Como ya les decía de todas las mujeres que conozco soy, quizá, la más anormal. Pero a pesar de eso tengo mis ratos femeninos, a pesar de que: no me maquillo, no me arreglo, con trabajo y me paso el cepillo después de bañarme, me pongo lo primero que encuentro, etc. Si hay algo que comparto con el promedio de las mujeres con una leve diferencia: es el amor al calzado, en mi caso el amor a los tenis.

La mayoría de las mujeres tiene una cierta fascinación por los zapatos, yo sólo tengo una enorme fascinación por los tenis, puedo decir que tuve de todas las marcas, colores y diseños. Son de lo más versátiles, puedes usarlos para correr por tu vida o para verte alternativo con aquella ropa "elegante" y unos buenos tenis, claro eso fue mucho antes de que usarlos de ese modo fuera algo taan pretencioso.

Recuerdo que el primer par de tenis que tuve y que pude escoger por mi cuenta, sin la participación de mis padres o la intervención de mis hermanas, fueron unos Sketchers azules maravillosos, me encantaban porque mi hermana me decía que eran mis tenis de Jamiroquai en el video de Canned Heat, tal vez por eso me gusta tanto ese vídeo. Después por querer tener otros tenis le regale esos a mi hermana cuando aún sobrevivían y a cambio ella me daría tiempo después unos tenis bien bonitos que parecían de astronauta, aún los tengo pero ya no están en condiciones óptimas para salir a la calle.

No sé si toda mi vida pueda seguir usando tenis, sé que en algún momento de mi vida los tendré que dejar un momento relegados, pero me han traído momentos de comodidad, sobre todo en los conciertos. Sé que es bastante patético estar tan apegada a un pequeño (lo digo por mis diminutos pies) par de tenis, pero son geniales, te los puedes poner con prácticamente lo que sea, sí, algunos te tacharan de ridículo y a mí para ser franca no me importa mucho.

Por mi experiencia, les puedo decir que el par de tenis más cómodo que tuve, fueron unos Adidas blancos con franjas rojas, que al final de sus días estaban más grises que blancos y la gente insistía despiadadamente en que los lavara, aunque yo sabía que hacer eso significaba su muerte definitiva, estaban demasiado rotos para un acto tan agresivo como el lavado. El último día de ese par, fue justamente el concierto de Coldplay. Por cierto tengo un problema con eso de lavar los tenis, me cuesta mucho trabajo, esa enfermedad llamada flojera entra dentro de mí y no me permite lavarlos.

Para acabar con esta trivial entrada al blog, les presentó a los de batalla, los que han ido a la mayoría de los conciertos que he asistido, los que han conocido quizá unas tres veces el agua y el jabón, y que en mis ratos libres deshilachaba y pintaba: los primeros converse negros que tuve. Muchas veces intentaron tirarlos e hice de todo para esconderlos y para no lavarlos porque estaba en mi época "stroke" y si Julian Casablancas tenía sus converse sucios por qué yo no podía tenerlos así. Cada par tiene su historia, si hablaran seguro me recordarían muchísimas cosas que mi mala memoria ha olvidado.

Lo que sólo un fan sabe


Antes de comenzar quiero dedicar esto a todos los fans de lo que sea, los clubes de fans y las personas que han salido de esa terrible enfermedad llamada: "ser fan".

Les contaba aquello de mi remembranza acerca de momentos de mi vida y reflexiones poco profundas sobre los temas. Últimamente he recordado un capítulo en mi vida, de aquellos años de adolescente que tuve y que ahora trae este tema a colación.

Los llaman ridículos, enfermos mentales, exagerados, patéticos, infantiles, idiotas y demás calificativos que se les ocurran cuando escuchan la palabra "fan" o más aún, al escuchar "club de fans". Yo reconozco que el escuchar eso de "club de fans" me hacía erizarme porque me imaginaba un grupo de chavas con carteles de colores, diamantina, globos, gritándole a los Backstreet Boys o algún derivado. Pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que todos estamos locos en cierta medida, pero que esas chavitas que me imaginaba lo estaban mucho más.

Los fanáticos de bandas un poco más serias, siguen estando locos, hacen cosas realmente enfermas porque es simple, mi teoría es: cuando eres fan de algo, ya no eres un ser pensante. De verdad, puedes ser racional, pero en cuanto escuchas algo de lo que eres fan, lo racional se va por la borda. ¿Que cómo lo sé?… sí, así es, yo era fan de una banda, de esas fanáticas de huesito colorado.

Ser fan de algo y pertenecer a un club de fans (si también pertenecí a uno, e inserte vergüenza) es un gran negocio para las empresas discográficas, obtienen empleados sin que pertenezcan a la nómina de esos monstruos discográficos. Es sencillo: EMI, Warner, Universal, BMG encuentran en los clubes de fans, excelentes hormiguitas trabajadoras para promocionar los materiales discográficos de sus artistas sin invertir ni un sólo peso de más. A cambio saben qué es lo que cualquiera de estas empresas puede hacer para mantener a los obreros satisfechos: un mugre póster; pero crean cuando les digo, eso los hace inmensamente felices.

La verdad, a quién engaño, a pesar de existir clubes de fans de grupos "serios", por más que traten de esconderse bajo el nombre de colectivo o sólo un grupo, son clubes de fans y no están tan alejados de la imagen mental de las chavas fans de los Backstreet Boys. Tienen sus diferencias, tal vez la más grande es que, hasta la basura se separa y hay en cierto modo más clase. Pero siguen haciendo las mismas cosas, reuniones; actividades; acoso en aeropuerto, hotel, antes y después del concierto; promoción de discos; mantas; algún tipo de reconocimiento como miembro, etc.

Y en defensa de todos aquellos fans, y por qué no también en mi defensa, debo agregar que hay cosas que sólo los fans saben hacer, que sólo los fans saben y que el común de la población no lo sabría, aquí les va una serie de cosas que sólo un fan sabe: el nombre completo de los integrantes de las bandas; el lugar de nacimiento de los integrantes; el nombre de sus familiares (madres, padres, hijos, esposas); dónde se encuentran de gira; la marca y modelo de sus instrumentos, ojo, en cada tour; los nombres de sus ep's; cuánto tiempo durará el contrato con la disquera en cuestión. Muchos de estos datos son realmente triviales, pero seguro les harán ganar una convivencia con la banda.

Saben qué es lo mejor que pueden saber los fans de algo, en mi opinión: el nombre de todos los festivales habidos y por haber; el nombre de las nuevas bandas que salen al estrellato; el nombre de muchísimos periodistas de música; conocen las revistas más prestigiosas del mundo; saben qué es exactamente lo que sucedería si un elemento de promoción para la banda sale mal. Más aún, a pesar de saber esto, les puedo decir que gracias a su fanatismo adquieren un sinfín de habilidades.

Un club de fans, uno bueno y no me refiero a si es de un grupo pop teenager, porque así puede ser uno de Camila como de Kashmir, tiene una organización que realmente ni el mejor equipo de trabajo de la UAM tendría. Aprenden por sí mismos a hacer programas de radio y algunos hasta buenos blogs (algunos); les puedo asegurar que un fan, de lo que ustedes quieran, tiene una enorme capacidad de hacer verdaderas búsquedas en internet, saben aprovechar al máximo una herramienta como Google y ni se diga de YouTube; muchos de ellos con toda seguridad serán diseñadores; también hacen un excelente uso de las redes sociales y por supuesto de los foros. Y aunque ellos no sean artistas, saben muchísimo de la industria discográfica y de publicidad.

No se imaginan el grupo que es un club de fans y lo que trabajan esas personas, la verdad, la verdad a mí me sirvió bastante, aunque sigue avergonzándome un poco, pero con toda honestidad también les puedo decir: me divertí mucho. Al final uno crece y tiene otros intereses, junto con, claro, otros gustos musicales; y también cuando eso sucede lo mismo que te unía a los demás fans es lo mismo que te aleja de ellos… al final fanáticos, eso… ellos lo saben también.