La
verdad después de la tontería de organización que realizaron los organizadores
del evento, es decir, cancelar el concierto en el Teatro Fru Fru y llevarla al
nuevo y muy hipster Auditorio Blackberry, estaba algo escéptica. No tenía toda
la actitud de concierto que se requiere y debo admitir, casi siempre resulta positivo no
tener esa actitud de concierto, porque recibes mucho más sorpresas a cambio.
Llegamos
al lugarcito ese ubicado casi en la salida de la estación Chilpancingo del
metrobús. Supuse que iría ese tipo de gente, del hipster rico y reconozco que
hice una mueca mientras nos introducíamos al recinto. El lugar es pequeño, y
eso me agrado por aquello de mi estatura y que, en mi experiencia, son los
mejores.
Alcanzamos
un costado de la valla amiga, esa que te permite aferrarte a ella sin importar
nada y también la que te ayuda, sin duda alguna, a visualizar mejor el
concierto con mucha suerte y casi, sin ningún inconveniente.
Afortunadamente esta vez fue así. Teníamos a medio metro a St. Vincent.
Ya
lo he dicho, son a muy pocos músicos a los que les creo eso de “me encanta
México, son el mejor público del mundo, estoy muy emocionado de estar aquí”
casi siempre son fingidos y en el calor del momento. Hoy le creo eso a Annie
Clark; desde su primera visita a esta ciudad como telonera de Blonde Redhead,
quedó maravillada, se le notó y por sus publicaciones en Facebook y Twitter, la
mujer realmente estaba emocionada en venir.
Se
agradece y se notó con creces. Salió al escenario con un short negro, una blusa
anaranjada, sus singulares mallas, unos lindos zapatos de tacón y sus
inigualables chinos; por supuesto sobra decir, que yo quedé enamorada al
momento. No fue sólo su belleza física, fue la sonrisa que nos dedicó al salir
al escenario lo que enseguida me enganchó.
Lo
bonito de Annie Clark es que tiene una exquisita pasión al momento de
interpretar y ejecutar sus canciones. Se alocó y de que forma, ya también lo
había mencionado, salta a la vista la manera en que toca, acaricia y ama su
guitarra, casi como lo haría un hombre pero al verla en su conjunto, creo que
si alguien irradia femineidad es, definitivamente Annie.
A
diferencia de aquella vez en el Teatro de la Ciudad, decidió cambiar a sus
músicos, he pensando últimamente que cuando se trata de mujeres, suelen ser más
exigentes con los músicos que las acompañan y al parecer es cierto. Su banda,
aunque no tan grande en número como la vez anterior, es extraordinaria.
Personalmente me sigue llamando la atención que en su banda haya personas no
sólo con un talento evidente, también con cierto toque físico característico.
La
mujer aun a medio metro de distancia, aún con la diferencia de lenguaje, aún en
un concierto, cae bien, por su sencillez. Habló con el público durante todo el
show, contando como se sentía, la historia de sus canciones y nos hizo un
regalo maravilloso, tocó una canción inédita para nosotros, muy buena por
cierto, y donde sin miedo al público se aventó para cantar el resto de la
canción entre la multitud que la cargaba sin problema alguno. Claro que, después
de la hazaña ganó a cada una de las personas presentes.
Y hay
algo, algo muy especial en esta mujer, hipnotiza, de pronto me descubría con la
boca abierta y casi sin parpadear y de pronto lo descubrí en las personas a mi
alrededor. Si, a pesar de no tener la actitud pre concierto que, por lo general
siempre tengo, nada, nada en el concierto de St. Vincent me pudo defraudar. Valió
muchísimo la pena y, salí amando a esa mujer e invariablemente ella a nosotros.
Le
creo, le creo cuando alguien en el público le grita: I love you Annie y ella sonríe
nos mira y responde: “Oh I love you too”.
Lo único desafortunado de la noche: no poder ver a los Buzzcocks.

¡Muy buena reseña! ooh si cuando decia "oh i love you too" ♥ hermosa, muy muy bonita su presentación, quedé fasinada :D
ResponderEliminarSe lee bastante bien Danielita, me ha gustado los enlaces que me has pasado de ella, y me imagino que fue un concierto super chingón.
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