Ayer
con la entrada, leí cosas de este espacio escritas con anterioridad (sí, otra
vez) quedé impactada con todas las cosas que no recordaba, con esos momentos
donde algunas relaciones no eran complicadas. En fin, después me percaté de que
es abril, el mismo abril en que re abrí el blog con la entrada destinada a
reseñar el concierto de Two Door Cinema Club. Es abril y si lo ven por los
archivos, cada vez pasa más rápido el tiempo.
No
me dejo dormir la idea, en verdad, el tiempo pasa rapidísimo y da mucho miedo.
Después de abril, sigue mayo que es espantoso, pero junio, junio es el peor del
año –sin contar diciembre que siempre se cuece a parte –el terrible, terrible
junio. No hubiera le tomando tanta importancia al asunto, hasta que en el metro
una mujer le dijo a otra: “ya esta semana es quince y dentro de dos semanas se
acaba abril”, quería gritar en ese momento pero me contuve.
Junio
es horrible. Es casi verano, hace mucho sol, los días no son nada frescos, es
casi mitad de trimestre escolar o en su defecto suele ser un mes pesado en
trabajo; la gente anda muy rara esos días y… está bien lo acepto, en junio es
mi cumpleaños y es espantoso, realmente espantoso.
Mayo
es turbio por una serie de fechas y circunstancias que no son del todo agradables
y un mes que anteceda al espantoso junio no debe de ser tan lindo. Pero lo
paso, lo paso y lo acepto, a veces ocurren en ese mes cosas agradables, pero se
termina también al finalizar el mes. Ya lo mencioné, mis cumpleaños no son un
hit, no lo serán jamás, ha habido unos mejores, pero en general es lo mismo.
Me
aterra este junio por muchas circunstancias. Para empezar es el último en la
UAM, y cumplo veintidós años. Es muy fuerte, muchos –todos –me dirán “Por
favor, eres muy joven”. A los trece años era muy joven, a los trece años estaba
consciente de que a los veintidós años terminaría una carrera, en ese entonces
no sabía cual, pero sabía que era esa edad donde mi vida estudiantil
terminaría.
Da
miedo, jamás me tomé un respiro; afortunadamente o desafortunadamente, ahora
creo que ambas, el destino que imaginé a esos trece años se cumplió al pie de
la letra, y me refiero a que iba a seguir y seguir en la escuela hasta llegar a
este punto y entonces salir a la vida real, en el cual a esa tierna edad era
toda una fantasía.
Más
que eso, más que eso, a pesar de haber vivido a mis dieciocho años la crisis de
los veintitrés, si claro, ilusamente pensé que no me llegaría a mi propiamente,
ya lo había visto y vivido con mis amigos. Pues todo parece indicar que llegará
exclusivamente para mi la crisis de los veintitrés y con muchos creces. Cuando
tenía veinte años escuché la canción de Incubus, Pardon me y pensé: “Si, cuando
cumplas los veintitrés escucharás a todo volumen esa canción”. Bien, pues
terror, me queda un año para escucharla.
Me
da pavor, junio es el peor mes, el peor.

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