Cuando se hace una reseña se podría pensar, por lo que he
leído, poner el setlist al derecho y al revés, contar cómo estuvo la gente, el
ambiente, si abrieron a tal o cual hora, cómo estuvieron los grupos teloneros,
si la cerveza estaba o no cara, etc., siento decepcionarlos pero esta vez no
será así, al menos no en su totalidad.
Fui a ver a Radiohead el 17 y el 18 de este mes. Lo que me
pasa con Radiohead es algo muy complicado de explicar. Muchos los odian.
Jonathan Ross en una entrevista que les hizo al sacar Hail to the theif los
describía “[...] amargados leyendo novelas rusas [...] Radiohed ooh aquí vienen los deprimidos, con nubarrones encima de sus cabezas”, quizá por eso a muchos no les guste. Tengo que admitir que cuando
escucho a Radiohead me dan ganas de encerrarme en mi cuarto con la luz apagada
sentarme en una esquina a llorar y llorar.
Hace tres años vinieron, la gente se volvió loca, y yo
desgraciadamente me perdí de los dos conciertos que dieron en aquel ya lejano
2009, donde las cosas era muy distintas. No fui porque no tenía dinero, aunque
honestamente creo que no fui porque no me creía digna para verlos, es decir, no
era tan fan como para pararme por ahí, porque si algo es un hecho es que los
fans de Radiohead son quizá de los más apasionados. Luego me arrepentí y
entristecí por mi tontería.
Fue por esa razón por la que no podía perdérmelos esta vez.
Sabía que tocarían varias canciones de King of Limbs, pero tenía la esperanza
de escuchar ESAS canciones, LAS canciones y no pedía nada más. Eso fue lo que
sucedió, eso es lo que me pasa con Radiohead, sus canciones significan algo
para mí.
Es la única vez que no pongo atención en la reacción de la
gente, no me importaba, era sólo yo y la música, eran los recuerdos en mi mente
una y otra vez, era abrir los ojos, ver el recinto vacío y las luces prendiendo
y apagándose todo el tiempo, al menos eso me sucedió el primer día. Lloré no
sólo de la emoción al escuchar Nude, esa canción significa cosas que he
pensando; lloré en Paranoid Android por los recuerdos de mi infancia, y lloré en
Exit Music porque cuando Yorke canta “breathe, keep breathing” me acuerdo de
ella.
El segundo día fue algo más diferente. Me emocionó pero
tocaron casi las mismas canciones del día anterior, algo rarísimo en ellos. Mis
lágrimas volvieron a salir con las mismas canciones y con Karma Police porque
también significa algo para mí. Fue diferente porque estando sola, cantando
mientras el viento helado soplaba, y agradezco que no lloviera ese día porque
hubiera sido muy deprimente, entendí algo que me pasó también con Björk.
Ellos son muy buenos músicos, es muy complicado teniendo tantos
años y siendo lo que son, no crear expectativas, no creer que la gente puede
ser exigente con ellos. Cuando las cosas se quedan para la posteridad, las
cosas buenas y aún las malas se quedan, marcan nuestras vidas, eso fue lo que
entendí, al igual que Björk no se trata de entenderlos, más bien de sentirlos.
Y puedo decir con toda sinceridad que no soy la más fan de
Radiohead, fui los dos días porque hasta donde sabía, si no escuchaba un día
Paranoid o Everything in its right place, al siguiente era probable que la
tocaran. Thom Yorke me sigue cayendo mal por su actitud arrogante y sangrona,
aunque algo que le admiro es que no le de miedo cantar lo que canta. Y quizá
los últimos trabajos, personalmente, no han sido de mi total agrado, de hecho,
recuerdo que cuando sacaron el In Rainbows los critiqué, se me hacía bien
pretencioso eso de hacerlo disponible por internet y que pagaras lo que
quisieras por él, luego ellos mismos se darían cuenta del error.
Pero estos dos días eso no importó. Las sensaciones, la piel
chinita, las lágrimas, eso, eso que sientes en el cuerpo cuando estas en los
conciertos y tocan ESA canción, la que significa tanto, la que te trae a la
mente imágenes, sentimientos y hasta olores, eso fue realmente lo que importó. Me
encantó porque las primeras veces suelen ser siempre las mejores. Aunque me siguen debiendo 2+2=5.

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