Es
por la educación que me dieron. Seguramente es la educación que he recibido y
la que yo misma me he inculcado. Me molestan ciertas actitudes de las personas,
es más, me irritan. Son demasiado molestas muchas de ellas y con frecuencia, no
oculto mi aversión hacia aquellas actitudes. En este caso: la gorronería y la
“encajosidad”.
Cuando
llego a un sitio, conocido y aun con mayor razón desconocido, mantengo mi
perfil bajo, mi actitud seria, cortes y educada; porque así debe ser, porque no
estas en tu casa y por mucha confianza que haya existe ese algo, o quizá esa
conciencia que te diga “hey, no, te puedes ver mal haciendo esto o aquello”.
¿A
qué me refiero? A que no te llevas el traste con papas que es para todos los
invitados sólo porque eres familiar del anfitrión; a que no te sirves de aquel
platillo privilegiado por respeto, por ser para todos y mostrar una mínima de
decencia; a que no llegas a la sala de una casa a quitarte los zapatos y subir
los pies a los sillones; no vas a revisar el refrigerador o tomar de forma
casual alguna botana por tu propia voluntad, no pides a toda hora que te pasen algo o que te sirvan de comer, como si fueras un inútil. A mi parecer son comportamientos de pésimo
gusto.
Por
lo general me gusta respetar las pertenencias de los demás, porque de algún
modo, quiero pensar, que me da una cierta garantía de que respetaran mis cosas
así como mi espacio. Debo confesar que soy la mayoría de las veces muy
individualista, he sido una persona solitaria por bastante tiempo, por lo tanto
me gusta y aprecio en demasía mi espacio y mis pertenecías.
Ver
tomar a otros mis cosas sin mi consentimiento me irrita, que me regresen las
cosas que les preste dañadas me molesta, pues no están respetando mis cosas por
lo tanto tampoco a mí. El hecho de que entren a mi cuarto cuando no me
encuentro también me molesta es como invadir propiedad privada, qué buscas en
una habitación donde no hay nada tuyo, es como espionaje.
Por
supuesto compartes, aclaro que no soy una maldita egoísta paranoica y cuando
invitas a alguien a tu casa, quisieras hacerlo sentir en un sitio confortable.
Estoy algo en desacuerdo con la expresión “como en tu casa”. Seguramente es,
por el hecho de conocer a gente que se toma esa expresión de forma literal, de
esa que le abren la puerta de una casa el primer día y ya la sienten suya. Eso
no esta bonito, la mayoría de esa gente sólo demuestra la falta de educación, y
la carencia de bienes afectivos y económicos que tienen.
Siento
que eso de tomar y tomar cosas que te ofrecen de buena voluntad, y con ciertos
límites que jamás son expuestos pero que otros asumen que los demás asumen, sólo
te hace indeseable. Por lo menos a mí me cuesta mucho trabajo, en casa de mis
tíos, en casa de mis primos, en casa de mis hermanas y hasta en la casa en la
que vivo. Esa es una de las tantas características de la gente que sólo me hacen no querer
permanecer cerca de ellas.
Otra
actitud irritante que lleva tiempo gestándose es: una conversación, todos
escuchando atentos, y nunca falta el tipo o la tipa que por querer hacerse el o la
interesante o por llamar la atención interrumpe contando una anécdota que en la
mayoría de las veces resulta estúpida. Ese es otro tema, por lo pronto me irritan las
personas confianzudas, encajosas y gorronas.

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