
Estas últimas semanas he estado rememorando algunas etapas de mi vida, entra un poco ese sentimiento de nostalgia que invade al ser humano como parte de lo que llamamos precisamente eso, ser un ser humano. He estado viendo fotos, leyendo cosas que escribí, revisando algunos cuadernos de materias añejas donde la vida cotidiana se tornaba y se veía muy distinta.
La gran distancia que hay entre mi casa y la escuela siempre me han dejado experiencias y vivencias que valen la pena mencionar, por muy burdas y sin sentido que parezcan, divertidas muchas, amargas muchas también, reflexivas, fastidiosas, alegres, amenas. Los que vivimos en la ciudad de la esperanza y recorremos grandes distancias saben de lo que estoy hablando.
Hace unos dos años aproximadamente tuve una experiencia en el transporte público algo peculiar, y en este momento significa más para mí y lo pienso más porque en aquél momento fue molesto y lo tome un poco mal, ahora con todo lo que me ha pasado tras mi carrera escolar, no es que lo acepte (hacerlo sería poco inteligente), pero simplemente llego más fuerte a mi cabecita.
La historia un poco es así, yo recorría el ya clásico transcurso (en ese tiempo) del metro revolución a mi casa. El camión iba como diría mi padre “hecho la raya”, algo típico del transporte público de nuestra hermosa ciudad. Pasábamos por una de las folclóricas, tranquilas, mágicas, místicas y culturales colonias que existen; y se subió un caballero a vendernos humildemente unas inofensivas paletas de caramelo macizo. Ya saben todo tranquilo, sin nada de intimidación y con un lenguaje propio a la ocasión y tan coloquial. Yo opté por tomar la paleta, no me quitaba nada, el hombre sentado al lado de mi, no la recibió.
Al poco rato, después de recitarnos el discurso clásico de la venta de paletas, el elegante hombre vendedor de paletas paso a recoger la mercancía que había repartido entre los pasajeros. Cuando recogió el caramelo que yo, amablemente, recibí, el hombre al lado mío (ese mismo que se rehusó a tomar la paleta) comenzó una platica conmigo y es la que precisamente les quiero relatar:
Hombre: ¿Por qué le recibes la paleta si no se la vas a comprar?
Danielita: Pues… no lo sé, por educación
Hombre: No, tal vez por miedo
Danielita: Pues si, también, no me cuesta nada recibirla
Hombre: Pero fíjate, es mala idea eso, él es un mal vendedor, si fuera bueno no tendría que intimidar para que las personas le compraran
Danielita asintió con la cabeza y también con cierta indiferencia (me molesta que desconocidos me hagan la plática)
Hombre: Si hubiera estudiado, no estaría aquí vendiendo paletas, ¿no crees?
Danielita: Si
Hombre: ¿Tú estudias?
Danielita: Si
Hombre: Eso esta bien, sigue estudiando, ya cuando elijas tu carrera y te desempeñes en eso verás que te va mejor que ese cuate
Danielita sonríe discretamente
Hombre: ¿Y qué quieres estudiar?
Supuse que él pensaba que estaba en la secundaria o la preparatoria a lo mucho, por eso se refería de esa forma a los estudios
Danielita: De hecho ya estoy en la carrera y estoy estudiando Comunicación
Hombre: ¡Uy! Comunicación, ¿eso de la radio, la tele y esas cosas?
Danielita: Pues si, es parte de
Hombre: Pero no, pues para eso ¿no tienes que ser bonita?
Danielita con cara de horror: No necesariamente
Hombre: Yo creo que si, yo escogería otra carrera, porque en la tele sólo salen mujeres bonitas y tontas
Danielita con cara de irritación: No en todos lados señor, pero cada quien tiene su opinión
Hombre: Bueno, yo tengo un conocido que trabaja en canal 22, está bien difícil ese medio, por eso deberías considerarlo
Danielita muy irritada: Ya estoy ahí, señor
Hombre: Pues échale ganas, ya me tengo que bajar, pero sigue estudiando, no quieres acabar subiéndote a los camiones a vender dulces y considera otra carrera.
El hombre en cuestión se bajo, todavía en la acera se despidió de mí y yo sólo solté un bufido a través del vidrio. Una mujer que al parecer escuchó la conversación sólo me miró condescendiente y luego apartó la mirada.
Cada vez que cuento esto a familiares, amigos y conocidos se indignan como yo lo hice en ese momento. No es que ahora lo acepte, porque además si se dieron cuenta para acabar me dijo fea, pero quizá tendría sólo un poco de razón al pasar los años. Es un ambiente hostil y complicado, pero sigo ahí haciendo mi mejor esfuerzo y tratando de no caer en las garras de la irresponsabilidad y la superficialidad. Ustedes… ¿qué opinión les merece este señor?, seguro algo negativo, por eso trato de mantener mi distancia y entrar en mi mundo de fantasía a través de los audífonos.









