Pensaba que eso de la “sirvienta” o “servidumbre” era
bien de los noventas. Era exclusivo de las telenovelas baratas que pasan por
televisión abierta. No había servidumbre o era para la gente muy, muy rica ¿no?
Cuando trabajaba en Polanco me parecía estar en una
telenovela de los noventa. Las señoras muy acicaladitas paseaban por Presidente
Masaryk con bolsa de diseñador en mano; joyería original; zapatos altos;
cabello impecable y un maquillaje natural. Se pavoneaban con un niño a su lado
que vendría siendo como french poodle en famosas hollywoodenses.
Me molestaba verlas, no por su apariencia, me
molestaba porque además del niño, llevaban de accesorio a su “muchacha” le
llaman ahora. Pareciera que jamás se acabó la esclavitud, decir “mi muchacha”
con tal posesivo me parece estúpido. Pensé también, ilusamente, que la onda de
los uniformes era un mito, descubrí que no.
Al final sí, eso es de gente con bastante poder
adquisitivo y yo agregaría maleducada y estúpida. Pero eso de tener a alguien
que “nos ayude” se extendió como enfermedad y paso a sectores de clases
acomodadas o media como les decimos algunos.
Mi hermanas, mi papá y algunos otros familiares tiene
a “una seño que nos ayuda”. Siempre me ha parecido perturbador. No las uniforman
y tampoco son de los que toman el té con el dedo meñique alzado, pero me
incomoda.
Mi papá contrató hace unos meses a una señora para que
aseara la casa. Cuando lo supe me escandalice y le pedí, todavía lo hago, que
no limpiara mi cuarto porque esa es mi responsabilidad. No llegué a verla,
todavía era un mito para mí, hasta unos meses… ¡qué incomodidad!
La señora es si acaso unos años más joven o más grande
que mi papá, que ya rebasa los cincuenta. Me pregunté si mi papá a su edad no
puedo asear la casa cómo tiene fuerza la señora para asear una casa ajena. No
viene todos los días y hasta cuando sólo éramos mi papá y yo la casa podía
mantenerse en orden tres días seguidos.
Yo sé que hay que ganarse la vida. Esas personas
limpian casas para ganarse la vida, porque el transporte público ya subió y hay
que conseguir dinero. No es que se me haga denigrante, para nada, es sólo que
quisiera que las personas mayores pudieran descansar. Como mi papá que es
jubilado y descansa.
También sé que se trata de muchas cosas: de las pocas
oportunidades, de la situación económica, etc. Probablemente mi papá como
muchas personas que tienen una señora que les ayuda, más que perjudicarlas las
ayudan. No saben el vuelco que se me hace ver a la señora limpiando el piso.
Al menos pido que a mi cuarto no entre. Tengo un
chiquero, deberíamos de patentar la palabra chiquero. Cuando alguien la
menciona no me viene la imagen de los cerdos en su hábitat, más bien a algunos
humanos, como yo, en su hábitat. Como sea dejo que se acumulen las arañas
mientras me decido a limpiar como se debe.
Pretendo cuando sea
independiente serlo en toda la extensión de la palabra y aunque mi casa sea un
chiquero poder limpiarlo yo misma. Tal vez soy muy ingenua, pero al menos no
quiero sonar como se escuchan las personas que dicen: “mi muchacha” o “la
señora que me ayuda”.
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