jueves, 4 de abril de 2013

La seño que me ayuda



Pensaba que eso de la “sirvienta” o “servidumbre” era bien de los noventas. Era exclusivo de las telenovelas baratas que pasan por televisión abierta. No había servidumbre o era para la gente muy, muy rica ¿no?

Cuando trabajaba en Polanco me parecía estar en una telenovela de los noventa. Las señoras muy acicaladitas paseaban por Presidente Masaryk con bolsa de diseñador en mano; joyería original; zapatos altos; cabello impecable y un maquillaje natural. Se pavoneaban con un niño a su lado que vendría siendo como french poodle en famosas hollywoodenses.

Me molestaba verlas, no por su apariencia, me molestaba porque además del niño, llevaban de accesorio a su “muchacha” le llaman ahora. Pareciera que jamás se acabó la esclavitud, decir “mi muchacha” con tal posesivo me parece estúpido. Pensé también, ilusamente, que la onda de los uniformes era un mito, descubrí que no.

Al final sí, eso es de gente con bastante poder adquisitivo y yo agregaría maleducada y estúpida. Pero eso de tener a alguien que “nos ayude” se extendió como enfermedad y paso a sectores de clases acomodadas o media como les decimos algunos.

Mi hermanas, mi papá y algunos otros familiares tiene a “una seño que nos ayuda”. Siempre me ha parecido perturbador. No las uniforman y tampoco son de los que toman el té con el dedo meñique alzado, pero me incomoda.

Mi papá contrató hace unos meses a una señora para que aseara la casa. Cuando lo supe me escandalice y le pedí, todavía lo hago, que no limpiara mi cuarto porque esa es mi responsabilidad. No llegué a verla, todavía era un mito para mí, hasta unos meses… ¡qué incomodidad!

La señora es si acaso unos años más joven o más grande que mi papá, que ya rebasa los cincuenta. Me pregunté si mi papá a su edad no puedo asear la casa cómo tiene fuerza la señora para asear una casa ajena. No viene todos los días y hasta cuando sólo éramos mi papá y yo la casa podía mantenerse en orden tres días seguidos.

Yo sé que hay que ganarse la vida. Esas personas limpian casas para ganarse la vida, porque el transporte público ya subió y hay que conseguir dinero. No es que se me haga denigrante, para nada, es sólo que quisiera que las personas mayores pudieran descansar. Como mi papá que es jubilado y descansa.

También sé que se trata de muchas cosas: de las pocas oportunidades, de la situación económica, etc. Probablemente mi papá como muchas personas que tienen una señora que les ayuda, más que perjudicarlas las ayudan. No saben el vuelco que se me hace ver a la señora limpiando el piso.

Al menos pido que a mi cuarto no entre. Tengo un chiquero, deberíamos de patentar la palabra chiquero. Cuando alguien la menciona no me viene la imagen de los cerdos en su hábitat, más bien a algunos humanos, como yo, en su hábitat. Como sea dejo que se acumulen las arañas mientras me decido a limpiar como se debe.

Pretendo cuando sea independiente serlo en toda la extensión de la palabra y aunque mi casa sea un chiquero poder limpiarlo yo misma. Tal vez soy muy ingenua, pero al menos no quiero sonar como se escuchan las personas que dicen: “mi muchacha” o “la señora que me ayuda”. 


lunes, 25 de marzo de 2013

Elijo no elegir la vida



Esperaba a que empezara la clase. No me gusta presumir lo que leo porque revela mucho quién eres. Olvidé guardarlo antes de que él se acercara. Lo vio y me preguntó si lo estaba leyendo. La irritación me invadió porque a menos que él conociera a gente que lleva cargando un libro como muestra de su egocentrismo o por estupidez, me parecía difícil cargar un libro nada más por que sí.

Contesté afirmativamente y él remato diciendo: “es mejor la película ¿ya la viste? ¿Primero viste la película? Sí, verdad”. Tuve ganas de responderle si él había leído algo en su vida, pero me contuve. Aunque ahora esa experiencia fue reveladora en dos sentidos, uno en el más superficial de demostrarme que aquél hombre es un imbécil; y el otro en cuestióname a mi misma la afirmación que él hizo ¿qué era mejor, el libro o la película?

Mientras leía Trainspotting veía muchas imágenes de la película que hizo Danny Boyle. Llegó un punto donde imagine que alejarme de la película resultaría complicado. Después la historia o más bien las historias de Irvine Welsh tomaron otro camino. Al final…

Trainspotting es de esos libros que te cambian la vida. De esos libros que, a veces, prefieres no haber leído. De esos libros que más bien agradeces haber leído y esperas que jamás olvides la sensación que al leerlo te causó.

En ocasiones lo único que le faltaba era que sonara música de fondo. En realidad faltaba que sonara una canción de fondo que viene mucho al caso en estos momentos. Me sentía todos y me sentía nadie. Era todos, éramos todos y éramos nadie. Parece complicado identificarte con una país y una cultura tan lejana. Parece aún más complicado identificarte con las drogas y las adicciones.

Al final, eran historias diferentes. No podía decir que era mejor el libro que la película o viceversa. Son historias completamente diferentes en mi opinión. Me llama la atención cómo decidieron que un personaje o tal hiciera lo que hiciera, cómo escogieron qué personajes saldrían en la película. Al final fue diferente. Cuenta la misma historia de forma tan diferente.

Renton, el joven yonki de converse blancos y pantalones ajustados era un personaje que al final de la película se redimía ante sus errores. En la anteportada del dvd dice que es una héroe de nuestros tiempos. Bien, en el libro lo amé, lo odié, me pareció brillante y me pareció un imbécil, era inteligente y luego era una escoria. Me parece que de pronto era como todos nosotros.

Puedo asegura ahora que Trainspotting es mi película favorita. No sé si fue la historia, si fue la forma de ser contada, las increíbles actuaciones, la música o ese sello extraño melancólico-inglés pero esperanzador de Danny Boyle. Quizá fue todo en su conjunto.

Lo que más me gusta de la película es la forma en que Renton camina por Londres, mientras Underworld se escucha de fondo y enlista las normales y absurdas cosas que hará para redimirse. Me hace pensar que siempre podemos cambiar por muy mierda que seamos y estemos.

Es en ese punto donde se cuentan historias diferentes. En el libro no parece haber una redención ante la sociedad y sus reglas. Es más no hay nada, después ya no hay nada. Termina y ya. No sé si termina para dar paso a Porno, la novela que sigue. Pero no, más bien parece que no hay nada. No hay esperanza, ni arrepentimiento, ni sueños, ni mucho menos redención.

Las épicas palabras que Ewan McGregor dice al principio de la película, son dichas por su personaje más bien a la mitad del libro. Elijo no elegir la vida y si no pueden aceptarlo entonces no me importa, es lo que más o menos dice Renton.

Hay muchos personajes impresionantes. Me descubrí amando al despreciable Sick Boy, quizá porque tiene siempre un encanto natural que a cualquier mujer llamaría la atención. Descubrí que Spud era más noble y más inteligente de lo que esperaba. Que Tommy realmente fue más bien mediocre. Que Begbie fue de todos modos una horrible persona y que había un personaje más, Davie que merecía ser mencionado porque fue sublime.

A pesar de esto, me quedé con Renton. No sé si porque de todos esos adictos o inmorales personajes era el más consciente de ello o porque terriblemente me identifiqué con él. El chiste es que me encontraba en la misma habitación con Renton, me desintoxiqué con él de la heroína y escuchaba las mismas mierdas de terapia con él.

Fue eso, fue exactamente eso lo que sucedió. En ese capítulo, dónde se da cuenta lo miserable y estúpida que es la vida. Las terapias, psicólogos y psiquiatras decían lo que él ya sabía: nunca se había sentido más solo, pero nada realmente significaba algo para él.

Cuando leí aquello, me entró una angustia indescriptible y leí unas diez veces: “Pues bien, yo elijo no elegir la vida. Si los muy cabrones no pueden soportarlo, ése es su puto problema. Como lo dijo Harry Lauder, sólo pretendo continuar así hasta el final del camino…”1

Y ya no hubo un Underworld, ni un ápice de esperanza. Más bien sonaba Sing continuamente, pero a pesar de todo fue bueno.

1.Extracto tomado de Trainspotting (1993), Irvine Welsh, España, 9na. ed. Anagrama pp.191

martes, 19 de marzo de 2013

Psicoanálisis




Entre a un consultorio. Era limpio y ordenado, demasiado ordenado. La recepcionista me miraba suspicaz pero puede ser que sólo sea algo de mi paranoia. Espero impaciente, nerviosa, enojada y cansada. Ella dice mi nombre, pero lo deletrea con mal gusto. Abre la puerta de un cuarto donde escucho ese estridente sonido del tic tac.

Veo ese sillón de cuero y temo, quiero darme la vuelta y correr. No hay nadie por el momento pero sé que estará alguien frente a mi mirándome inquisitivamente. Espero de pie porque no sé si sentarme o recostarme. Me recuerda a Donnie Darko y temo desnudarme frente a alguien.

Entra un hombre o ¿era una mujer? De mediana edad. Tenía unos anteojos grandes. Me llaman la atención y sólo presto atención a sus anteojos que me hacen recordar a tantos personajes. Se sienta en un sofá muy grande, cruza la pierna y toma una libreta.

Esa fue mi pesadilla. No quería seguir soñando con ello porque me hablaría y en realidad no sé quién estaría hablando si él o ella, o quizá más bien mi propio subconsciente. Yo sé la respuesta, me hubiera gustado decirle sólo eso, que yo sé la respuesta a lo que me pasa.

Iba en el transporte leyendo y casi estallo en un desconcierto. Intento mantenerme con calma porque si tomara en cuenta mis sentimientos sería impulsiva. De serlo quizá mi pesadilla se volvería realidad. Pero la respuesta la sé y la leí, por eso me perturbo.

Todo se está yendo al carajo. Yo me estoy yendo al carajo. Me siento como si estuviera en una nube y anduviera flotando. Sé que es peligroso y que tengo cosas por hacer, pero sigo sonriendo porque sé que todo se esta yendo al carajo.