No
sé cómo quede esto. Realmente tampoco estoy segura de que me importe. Si hay
problemas de dislexia auto diagnosticada, ustedes dispensen. Mi medicina, mi
escape y mi necesidad están haciendo esto, porque no he podido hacerlo durante
toda la semana.
Ahora
que no hago nada que me guste, que haga algo relacionado con algo que me guste,
todo el mundo, no falta, me suelta la eterna letanía sobre la libertad y el
hacer lo que te gusta. Bueno, ya lo he dicho, me volví contestataria demasiado
tarde.
Escribir.
Me gusta mucho escribir, es una buena forma de expresar lo que la vergüenza y a
veces la hipocresía no te deja decir. No soy escritora. No me ganaré la vida
con esto, eso ya lo he asumido, por eso escribo aquí. Aclaro, que tampoco es mi
deseo ser una escritora frustrada. Sólo compruebo aún más que la gente
alrededor tuyo te conoce poco o nada.
Y
alrededor escucho cosas como ser escritora, vender lo que escribes o cosas
parecidas. ¿Quién les dijo a ellos que eso es lo que quería hacer? Si, reconozco
que hubiera sido lindo estudiar literatura y ser hippie toda mi vida. Me
encanta leer, creo que por ende me gusta escribir, es una reacción simplemente.
Si,
lo que idealmente me gustaría hacer, y que creo que todavía es un sueño como el
que la mayoría de la gente tiene como ser cantante o actriz, es relacionado con
la escritura. Pero alrededor se emocionan demasiado al respecto. Usan muchos
clichés absurdos.
Empecé
un día cuando tenía once años. Era día de reyes y mis papás me compraron un
diario. Ese día comencé a escribir, para mi desgracia aún tengo evidencia de
ese regalo. Las faltas de ortografía y de coherencia son horribles, prueba de
que no leía, ni el instructivo del juego de mesa.
Después
comencé con cuadernos. Tal vez lo hice porque he sido una persona muy
solitaria. Dejé de hacerlo cuando le escribía cartas a Gaby, había quien me
leía y eso solía ser interesante, ella me contestaba.
Al
final me hice más descarada y lo publique en myspace, y finalmente aquí. He
pensando que soy muy exhibicionista o, en algún punto, todos necesitamos que
nos escuchen, en este caso que me lean. Y eso ha sido desde entonces, primero
un pasatiempo, luego una actividad escolar y ahora es un alivio.
Al
principio nadie me leía, después mis amigos me fueron leyendo, lo cual siempre
agradezco sin el, por supuesto, exceso de halagos –soy una malagradecida, en
realidad –y cuando el resto –pocos con seguridad –comenzaron a leerme resulto
perturbador, ya lo he dicho, soy repetitiva.
Y
llegaron los clichés. En mi familia por ejemplo, he llegado a la conclusión de
que soy una especie de fenómeno. Desde que tengo a mis familiares en las redes
sociales y me leen, ha sido cada vez más raro.
No
quiero sonar pretenciosa, Thor sabe que no quiero serlo, a veces me llegan algunos
momentos de lucidez, entonces me vuelvo hilarante y casi interesante. Y todo
comienza en ese punto.
Voy
a reuniones familiares, algunos han leído este espacio o mis siempre tontos
comentarios en Facebook, porque ahí es más fácil burlarte de las personas. Y de
pronto comienzan a platicar y dicen algo como: “ay no, seguro escribirás sobre
esto, ya quiero leerlo”. Y yo me quedo con una cara de desconcierto como cuando
no entiendes la trama de la película. De hecho, nunca pongo tanta atención a
esas pláticas.
Prefiero
escribir sobre gente que no conozco, como la señora del metro que tenía prisa;
el chico del diablito que tiene cara de cansancio; los cajeros del banco y su
aburrida vida, prefiero gente que no me involucre. De mi familia y amigos
pienso muchas cosas que me guardo porque no me interesa decirlas.
Me
da náuseas pensar que esta actividad, la de escribir se ha vuelto tan
predecible o se ha convertido tan en un cliché. No sé que tan cierto sea eso de
hacer lo que quieres, sólo corroboro que
es muy complicado hacer las cosas cuando no te gustan. Pero lo he dicho, lo
digo abiertamente: me importa demasiado lo que piensen los otros, porque aunque
yo no les diga a ellos lo que pienso sobre sus acciones, a ellos les encanta
decir lo que pasa con tu vida.
Ya
me sé la historia, el discurso de psicología de cinco pesos, el buen consejo,
el consejo sincero de toma lo que quieras y lo que no deséchalo. Somos tan
predecibles

Hoy me vino tan bien! Y lo sabes ..... Tqm
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