Siempre
imagino que será cálido, lento y a la vez apasionado. Imagino que soy realmente
pequeña y que encontraré en un cuarto de juego a alguien especial. En un
momento de descuido hablaremos, tardaremos en sacar frases. En otro momento de
descuido nuestras manos rosaran ligeramente y habrá un choque eléctrico. Como
en las películas. En un momento de descuido nuestra inocencia nos acercara
peligrosamente y finalmente se dará.
Siempre
imagino que será espontáneo, rápido y torpe. Imagino que soy una adolescente
sin experiencia y algo miedosa. Estaré en soledad en algún parque, en alguna
biblioteca. Alguien especial se acercará a preguntarme mi actividad. Me
sonrojaré y le contestaré balbuceando las palabras. Se sentará al lado mío sin
mi consentimiento. Me mirará rápidamente y yo intentaré evadir esa mirada. En
un momento astuto él hará una proeza.
Siempre
imagino que será largo, detallado y cuidadoso. Imagino que ya no soy una niña,
ni una adolescente pero me siento algo sola. Estaré en una librería con ojos
expectantes ante un nuevo libro. Compro uno, lo abro y lo huelo. Un hombre se
acerca porque se me ha caído algo. Le agradezco y comienzo una caminata. Él me
sigue por alguna extraña razón. Lo miro extrañada y algo molesta. Me detiene,
acaricia mi mejilla, traza con su dedo pulgar mis labios y lo hace.
Siempre
imagino que será dulce, corto y errático. Imagino que soy una anciana en un
lugar donde se le dan de comer a las ardillas, a los patos o a las aves. Un
hombre con canas se sentará a mi lado con dificultad. Dirá algunas palabras que
no logro comprender. Nos miraremos por un largo rato. Nos abrazaremos con
dificultad. Él acariciara mi cabello lentamente. Y entonces se acercará a mi.
Siempre
pienso que soñamos demasiado. Siempre pienso que fantaseamos demasiado. Es
mejor así, la realidad quema en las consciencias profundamente.
Fue
largo, torpe, dulce, errático, detallado y apasionado. No fue ninguna de esas
cosas. Nunca he sabido qué es realmente un beso.

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