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jueves, 3 de enero de 2013

Está bien comportarse como idiota



Una vez alguien me dijo que no es bueno entrar en controversia con el otro. Las discusiones nos hacen infelices sobre todo si la otra persona decide que desea tener siempre la razón. También si consideramos que podemos ser muy necios. Discutir me gustaba, lo admito, pero ahora se ha convertido en un fastidio.

Aquella persona tiene razón: inútil es, entrar en controversia con alguien que a toda costa desea tener la razón. Si eso pasa, me dijo, dale la razón por lo general no la tienen y eso les molesta más.

Hace poco tuve un conflicto con los demás y conmigo. No puedo decir que no me agrada tener la razón pero en realidad no la tengo. No por eso voy a dejar que el mundo se crea un sabio y entonces vengan a decirme lo que tengo que hacer. Está bien no entrar en controversia pero tampoco se trata de quedarse callado.

Me molesta mucho la actitud de las personas cuando creen que saben todo acerca de todo y más aún que pueden hacer todo. Afortunadamente he aprendido a no ser tan cerrada y aprender de las cosas que aunque no me gusten pues sirven, eso incluye escuchar críticas que muchas veces no me agraden. Escucho, observo y aprendo.

Un día si te crees con un poco más de autoridad para sostener una platica con alguien, externarle tu desacuerdo sobre algo y dar tus razones. Sólo de vez en cuando está bien comportarse como un idiota, pero no lo haces todo el tiempo.

Me cuesta iniciar y sostener conversaciones con las personas, sobre todo y curiosamente con las que saben y les gustan las mismas cosas que a mi. Al final me da mucha flojera y trato a toda costa de evitarlas, siempre quieren tener la razón y por mi parte creo, que defiendo lo que pienso pero acabo rindiéndome no porque los demás sepan más o tenga más sentido lo que dicen, sino porque me da mucha pereza contradecir a personas necias.

Si, está bien comportarse como un idiota, no todo el tiempo, pero para ellos continua siendo la forma correcta de comportarse. Podría decirles esto todo el tiempo, pero ya no me interesa, no quiero, no quiero ir a donde ellos van.

Todo esto me vino a la mente después de traer días tarareando esa canción ridícula de los Arctic Monkeys de A Certain Romance. Me parece que trata sobre los “posers”, pero la verdad algunas partes de la letra vienen mucho a colación. Como aquella que dice: “Bueno por ahí hay amigos míos ¿qué puedo decir? Los conozco desde hace tiempo, pero no puedo enojarme con ellos de la misma forma”.

Todos somos unos idiotas a veces.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Lo que la gente dice que soy, es lo que no soy



Hace poco sostuve una larga charla con una amiga. Hablábamos de gente como nosotras que creemos carecer de autoestima. Eso de la estima a uno mismo resulta ser todo un tema. Llegamos a la conclusión de que en lugar de carecer de estima quizá pecamos en lo pretenciosas y megalómanas.

Lo hacemos todo el tiempo, no sé si estemos conscientes del hecho. Nos auto compadecemos para que el otro nos de ánimo y comience a sacar cualidades para alimentar nuestros egos. Aunque en realidad este no es el tema que necesito tratar hoy. Me desvirtuó también por megalomanía.

Me contó una anécdota tan impresionante para mí que no pude dejar de pensar en eso. A ella la dejó en shock y a mi aún más. Probablemente a las dos nos impresionó, pero bueno estamos en eso de hacer más grandes las cosas.

Me platicó que un día su novio y ella discutían acerca de una serie vieja de televisión, una que a mi amiga le desagrada (y a mi también). En la discusión salieron varias opiniones. Mi amiga soltó una opinión que le había platicado yo algún tiempo atrás. Su novio le contestó: “Esa idea no es tuya”.

No, no dejaron de ser novios por eso. Ella se molestó, su pareja la tachaba de poco original y no sé si en ese instante ella se dio cuenta, pero cuando me platicó yo me di cuenta. Las personas marcan tu vida, unas más que otras. Llega un momento en nuestras vidas en que ciertas personas gozan de una credibilidad intachable para nosotros. Su palabra es la única y la última.

Cuántas veces, nos apropiamos, nos amoldamos, nos acoplamos a las ideas de los demás. Ya sea por admiración, por la credibilidad, por la inteligencia, por distintas circunstancias. Me percaté de que ella reprodujo un pensamiento, si, es verdad no propio, de otra persona que para ella tiene credibilidad, pero ese pensamiento que le transmití es de otra persona más. La originalidad es difícil de conseguir.

Hoy escuché los dos discos de los Arctic Monkeys. No son mi grupo favorito, no los odio y tampoco se me hacen buenísimos. Es una banda que me recuerda mucho a mi vida de bachillerato. Esos tipos tenían diecinueve años cuando su cancioncita sonaba por los pasillos de la escuela a la que iba.

Está mujer tiene problemas, habla de una cosa y se pasa a otra distinta, pensarán. Resulta que tengo una amiga, de entre pocas debo admitir, que tiene una infinita credibilidad para mí. Yo escuchaba a los Arctic Monkeys, no me sabía todas sus canciones y no todas me gustaban, pero los escuchaba. Esa persona, odiaba a los Arctic Monkeys, aún los odia.

Desde el momento en que escuché a esa persona con credibilidad hablar mal de los Arctic Monkeys comencé a simular esa actitud. Y resultó que si, cada vez que me cuestionaban el motivo de mi disgusto hacia la banda, daba los mismos argumentos que mi amiga. Nadie me dijo: “Esa idea no es tuya”. Porque resultó ser que algunos argumentos tenían sentido.

Nosotros somos el conjunto de influencias y personalidades de otras personas, y a su vez esas otras personas son formadas con ideas de terceros. No creo que sea malo, pero me preguntó ¿hasta dónde dejas de ser tú?

Hoy, bueno tal vez meses atrás, deje mis prejuicios acerca de los Arctic Monkeys. No son lo mejor del mundo. Es sólo su recuerdo, cuando veo los rostros de esos tipos a los diecinueve años me recuerda que me gustaban chicos de su edad a los quince. Me recuerdan que podía saltar sin cansarme. Y que a lo mejor, sólo a lo mejor, era más yo, que pedazos de otras personas.

Sólo puedo escuchar esos dos discos.