No
les he contado una parte que me gusta de mi empleo. Estoy en una oficina donde
laboran 8 personas y esas 8 personas estamos en asuntos diferentes. Por lo
regular en la pequeña oficina donde hago mis labores, sólo estamos mi jefa y yo. Me gusta
mucho esa parte de mi empleo.
Me
imagino lo difícil que resultaría para mi los encuentros en un comedor, las
pláticas en los pasillos o los buenos días a más de 15 personas. Entonces me
doy cuenta que mi personalidad agradece no tener compañeros de oficina porque
socializar me resulta muy complicado.
Estuve
pensando en eso. Estuve pensando, también, en mis amigos. Yo soy una pequeña
cenicienta que no vive de noche, que prefiere contemplar el techo hasta las 2
de la madrugada en un viernes por la noche. Recordé a mis amigos y sus vidas, y
llegué a la conclusión de que no sé por qué me hablan.
Tampoco
es que tenga montones de amigos, tengo pocos porque mi sociabilidad tiene
límites. Son de esa clase de personas, si no sociables del todo, sí extrovertidas
más no en un nivel cliché, amigables, agradables y divertidas. La mayoría tiene
vida social nocturna y grupos de amigos de distintos rubros.
No
saben lo triste que me parecen las personas que sólo conocen gente por un
ambiente del que no salen. Entre esas personas estoy yo. Aunque seguramente
ellos estarán más tristes por mí porque al menos ellos salen y yo no.
Las
pocas veces que he ido a fiestas o reuniones, me percató que llegan las once o
doce de la noche (casos extremos en los que me he quedado a esas horas en una
fiesta) y me da un sueño terrible. Me agota física y mentalmente ir a ese tipo
de reuniones, se me hace extraño para una persona que sufre de insomnio y que
pasa en vela sus noches viendo vídeos en Youtube.
En
serio, no entiendo por qué me hablan. Yo soy muy aburrida, siempre lo he dicho,
soy una anciana viviendo en el cuerpo de una persona joven. Mi papá dice que
nunca ha sido lo mío eso de “salir con mis amigos”. Y esa es la respuesta que
siempre doy cuando te hacen la pregunta “¿y qué te gusta hacer?”
No
diría en público, mucho menos a desconocidos, lo que en realidad me gusta hacer:
tirarme en mi cama viendo series, películas, leer un libro, ir sola al cine, ir
a museos y caminar sin rumbo por las calles. Me aventarían jitomates de la
aburrición que les causaría escuchar eso.
Tal
vez si es cierto lo que me dice mi familia "Dany eres tan rara". Mis hermanas, salvo la mayor, salían
mucho y tenían muchos amigos, al menos, antes de casarse y tener hijos. Pero
mis hermanas y yo somos mundos distintos que nos tocaron padres distintos. No
me puedo quejar, vivir con mi padre me llenó de independencia y
libertades.
Mi
papá nunca ejerció prohibiciones, sólo recomendaciones, a veces creo que cayó
en cierta indiferencia. Muchos envidiarían mi libertad de salir y sólo avisar,
pero lo que yo hice con esa libertad fue encerrarme. Mi figura de autoridad
siempre me dejó hacer lo que quería y salvo que en ocasiones ejerce terror
psicológico contándome el nuevo crimen del vecindario con la esperanza de que
no llegue tarde a casa, se puede decir que es bastante relajado.
Salgo
con mis amigos, a veces, vamos al cine, a veces sólo vamos a comer o a caminar.
Pero creo que en el fondo, jamás me invitarían más de tres veces a salir porque
soy aburrida. Me la paso hablando de temas intensos y de cómo va la vida,
quisiera preguntarles todo y no hablar de mí. Quisiera decir buenos chistes y
recomendar un buen lugar al que fui, pero no soy así.
Diré
toda mi vida que en realidad ellos eligieron hablarme a mí, a pesar de todo,
por lo que les agradezco. Yo no puedo elegir, nunca lo he hecho porque no puedo
socializar. Creo que me tienen mucha paciencia por mis constantes cambios de
humor y mi pésimo comportamiento, eso tampoco podría terminar de agradecerlo.
Soy
un ente solitario porque también fui educada así. Crecí en un momento donde
todos los miembros de mi familia también crecieron y se fueron. Todos los días
es un aprendizaje para mí y entenderme a mi misma haciendo cosas sola. Como la
primera vez que salí sola o cuando fui al cine sola en mi cumpleaños.
Ese
día, supongo que se escuchará triste, pero no lo fue. Me levanté temprano, me metí
a bañar. Estaba en mi año sabático así que decidí no ir a clase de francés.
Tomé mis llaves, dinero y salí de casa, no había nadie. Llegué al cine antes
de medio día y pedí un boleto para El Gran Gatsby.
En
medio de una sala casi vacía, me miró una mujer. Me preguntó la hora y me
comentó un incidente que tuvo en la taquilla. Me cuestionó si venía sola y le
respondí afirmativamente, me miró. Nunca voy a olvidar la forma en la que me
miró, no fue con tristeza, más bien fue orgullo y me dijo “¡felicidades, se
necesitan más mujeres como tú, valientes y que no les de miedo ir al cine sola
por lo que digan los demás!”. Fue el mejor feliz cumpleaños que tuve.
Además ese día llovió, llovió a cántaros y me regresé a casa caminando mientras brincaba entre charcos y llegaba hecha una sopita a mi casa. Cuando mi papá finalmente se acordó que era mi cumpleaños me dijo que aunque sabía que no quería festejarlo me había comprado una tarta, me comí una rebanada y fui a la cama.
En
ese momento entendí que había aprendido a vivir sola y que me gustaba mucho
estar conmigo. No me malentiendan, quiero mucho a mis amigos, sólo que a veces
no les puedo llevar el ritmo y creo que se sienten algo decepcionados.
Seguramente preferirían salir a tomar una cerveza antes que quedarse conmigo
haciendo un club de lectura.
Hace
unos días hice un test de inteligencia emocional. No fue la gran cosa, son
fáciles de hacer en internet. Me pareció curioso que salí con puntuaciones
altas en relaciones sociales. Imagino que el resultado fue aquél porque la
mayor parte de las preguntas se referían a si sabía identificar emociones en
los otros, lo cual puedo hacer.
Por
el contrario en autoconocimiento salí con puntuaciones bajas a pesar de que me
la paso todo el tiempo sola, pero achacó esos resultados a que ponen
autoconocimiento junto con autoestima y sobra decir que es un reto para mí eso de la
estima por mi persona.
La
verdad es que no soy una persona interesante y siempre paso desapercibida. No
soy alguien a quien voltearías a ver por la calle, lo cual agradezco y no, la
única parte mala de que no te noten es que chocan contigo en las calles. La
mejor parte es que llamar la atención nunca ha sido lo mío.
Me
da miedo en algún punto, porque tengo amigas que conozco desde hace muchos años,
puedo decir que son con las que mantengo lazos más fuertes incluso sin
frecuentarnos tanto. Tampoco cumplo con el cliché “best friend”. Pero con mis
otras amistades tengo algo de temor.
Yo
lo dije una vez y no me retractaré de ello. Para mantener una relación de
cualquier índole hay que ser constante. Siento que hemos recorrido caminos diferentes y nuestras
carreras profesionales nos llevan a otros lugares que eventualmente no sé si
tendremos algo en común.
Entre
más pasan los años, más complicado es para mí socializar y sé que por esa razón
no he hecho muchas nuevas amistades en los últimos 3 años. Soy más como Graham
Coxon, soy esa canción de Coffee and TV. Porque hoy por hoy mi nueva mejor
amistad ha sido una pantallita.
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