Se cumplió un mes de que fue mi
cumpleaños. Debí escribirlo antes, durante o unos días después, pero en ninguno
de esos momentos hubiera obtenido tanta perspectiva como en este momento. Hace poco
una de mis amigas me dijo “si reniegas tanto de tus cumpleaños es porque le das
más importancia de la que crees”. Los años anteriores fueron así y este
honestamente no.
No había planeado un gran
festejo, incluso en otros cumpleaños míos hasta pensé en hacer algo “especial”,
pero la verdad no planeo ahorrar para un festejo, me da mucha flojera planearlo
y al final la realidad es que de todos los amigos que tengo muy pocos irían a
alguna celebración de mi cumpleaños.
Fue un día soleado, a pesar de
que odio los días soleados ha llovido tanto que, nunca pensé que lo diría, pero
agradezco un día soleado. Fui por unos boletos, lo cual puedo considerar como
regalo de cumpleaños, un pastel para mí, porque eso sí un cumpleaños sin pastel
no es cumpleaños, y finalmente vi a mi amiga y fuimos al cine.
Me llamó una de mis hermanas y me
preguntó cuántos años cumplía: 24, le contesté. Ella me soltó un: “ah estás
joven…todavía”. En ese momento entré en pánico, la palabra todavía le denotaba
un aire de contador de horas, minutos y segundos. Después vino una catástrofe porque
me deje llevar por esa ola de emociones, que nunca puedo controlar, acerca de
mi vida y mis recién cumplidos 24 añitos.
Cuando me relajé comencé a pensar
realmente y con la cabeza un poco más tranquila lo que había significado
cumplir años, no sólo los 24. Recientemente leí también una imagen que decía “¿por
qué te festejan el año menos que estarás en esta vida?”. Porque todo el mundo
agradece haber estado un año más en vida.
Entonces me puse a revisar que
había hecho en ese año de vida. La verdad es que me divertí, a pesar de todo,
ahora que se acerca agosto no puedo dejar de recordar mi viaje a Guanajuato y
lo mucho que me dejó.
Últimamente he visto a muchos de
mis compañeros y amigos triunfar, como lo merecen, y me llegan a la mente todas
esas absurdas ideas de los millennials. Me sentí rara porque no estaba siendo
una “emprendedora” (odio el término), no estaba desarrollando el siguiente
buscador web, tampoco me encontraba escribiendo un libro y ya tengo 24 años,
esa gente a los 21 ya eran millonarios.
Me decepcioné cuando pensé en eso
porque creí que no había hecho nada de lo que había planeado, nada de lo que
quería y nada de lo que había soñado. Es que además ahora está de moda tener
aspiraciones altas que eventualmente tienes o tienes que cumplir. Yo, por lo
general, nunca termino lo que empiezo.
Luego, en esos días, recibí mi
título profesional y mi cédula. A partir de ahora soy una licenciada al menos
en papel porque lo del título nobiliario, como decían mis profesores, se hace
patente sólo hasta después de los treinta o treinta y tantos años con una
carrera más o menos consolidada.
Ahí me di cuenta. Seguramente no
lo había hecho porque después de 4 años levantándome a las 5 de la mañana,
regresando de la escuela en promedio a las 10 de la noche, con tremendos
desvelos, la verdad no le tomé importancia. Pero eso fue lo único que empecé y
termine como Thor manda.
Cuando decidí qué es lo que
quería estudiar, o eso creí, y antes de eso cuando tomé por convicción no ser igual
que mis compañeros de secundaria y terminar una carrera empezó todo aquello. Es
quizá la primera cosa que termino bien, la segunda fue el TOEFL. Así que
después de esos años de angustia, desesperación y aprendizaje lo concluí y
pensé: “si pude hacer eso, puedo hacer más cosas”.
Así que bien, eso fue lo que pasó
a los 24 años, me titule aunque en realidad me gradué a los 22, cosa que gente
que conocí considero una proeza. No diseñé un videojuego, ni un buscador web,
no inventé cómo teletransportarte en 2 segundos, tampoco fundé mi propia
compañía de nuevas e innovadoras ideas que cambiarán al mundo, ni escribí un
libro, pero bueno hice algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario