He estado
recapitulando pasajes de mi vida. Hay unos recuerdos que llegan frescos,
frescos como la lechuga. Hay otros recuerdos que parecen distantes y borrosos
como esos lentes empañados. Esta parte de mi vida está entre fresca y borrosa.
Soy
una niña, con todo lo que eso conlleva. Tienes que pelear todos los días con
una parte de ti que no te gusta. Alguna de esas partes, que son varias, te
molesta más que otras. La mía es mi incapacidad de ser sensible y seria en esas
cosas del amor. Me burlo, me aburro, me parece patético y también me parece
triste.
Recapitule
esa parte de mi, porque hasta en esto hay estándares. Ahora que tengo los
veintitantos, sí importa hablar de estas cosas, ahora no es algo infantil y
trillado. No sé dónde tomo la seriedad, supongo que lo tomo cuando me rompieron
el corazón.
Honestamente
me da miedo. En general, me da miedo conocer gente, hombres y mujeres, qué les
puedo decir soy una persona muy tímida. A veces mi timidez se traduce en una
actitud grosera o altanera, no es así, sólo no sé actuar con otras personas. Me
dan miedo las personas, porque irremediablemente te lastiman.
Abrir
tu corazón (qué frase tan cursi) es complicado. Qué te garantiza que no saldrás
corriendo desconsoladamente, quién te garantiza que no saldrás con un montón de
traumas y con aún más miedos. Nada, con las personas y los sentimientos no hay
garantía de nada.
Así
que voy por la vida como una adolescente de 16 años, porque a los 16 me decían
que estaba bien. “Está bien, no te apresures, alguien vendrá, no eres rara”,
pero y ¿ahora? Ya no tengo 16 años y algunas personas me dicen “esta bien ya
vendrá”, pero no lo dicen con esa seguridad de hace 6 años.
¿Debo
comenzar a usar esas salas de chat? Mi familia cada vez duda más de mi
existencia como persona emocional y cercana a otras personas, sobre todo, del
sexo opuesto. Hacen cualquier cosa para sacarme hasta en rifa, si pudieran,
estoy segura que me presentarían a cualquier persona a la menor oportunidad.
Saben,
no me preocupaba antes, tampoco es que mi vida gire en torno a mi situación
sentimental. Es sólo que ahora, veo más seguro estar en soledad toda mi vida.
No es culpa de los demás, no me malinterpreten. Los esfuerzos se han hecho y sin
éxito.
Las
experiencias que he tenido han terminado en canciones amargas, comida chatarra
y alguna que otra lágrima. Luego como uno es exagerado, piensa “ya, esto es lo
peor que me puede pasar”, pero no lo es. Supongo que a eso le temo más, pensar
“si pasó esto, qué pasará con el siguiente”.
Mis
elecciones han sido erróneas. No con las personas, pero sí de la forma en la
que me manejo. Nunca me había enamorado, es decir, no realmente. Esas canciones
de la vida eran sólo canciones. No quería entenderlas, pero es una cosa
involuntaria que también te avisan, y a la que te rehúsas involucrarte hasta
que estas bien metido.
Vi
una tonta, tonta película romántica. Debo decir que esos filmes tienen la culpa
de las ilusiones y esperanzas en las personas. Una vez alguien me dijo: “tu
historia me recuerda a esa película”. La vi con cierto escepticismo y de manera
muy ridícula, sí se parecía a algo que viví. La vi varias veces más, después de
eso.
Me recordaba lo que había vivido y quería pensar que de alguna forma eso
nos pasaría. Nos veríamos después de un tiempo, luego otra vez y luego otra
vez. Volveríamos a mirarnos de ese modo y nos daríamos cuenta que nos
extrañábamos y que nunca habíamos conocido a alguien como nosotros. Es una
tontería ¿no?
Quería
pensar, supongo, que existe aquel mito de la media naranja, del primer amor,
del amor de la vida, pero no sé quién inventó eso. En el camino algo tortuoso
que pasamos los dos creo que nos dimos cuenta que nos encontramos en un momento
extraño, pero que esas cosas que se escriben en los libros y los guiones de las
películas no son cosas que realmente pasen.
Eres
exigente, me dicen. La verdad es que no he madurado. Que tal que sigo soñando
despierta con aquel vocalista de esa banda de la adolescencia. Que tal que
pienso que un día voy a despertar, salir al cine sola y alguien con finta de
ser inglés, músico y filántropo se me acerca a preguntar mi nombre. Podría
escribir esos guiones de películas, son muy sencillos si usas todos los lugares
comunes.
Después
de todo lo que pasó, hice mi táctica de retirada porque no había nada más que
hacer. Además de envolverme en las cobijas y adoptar posición fetal, me encerré
en ese caparazón que por más intentos que haga, simplemente, no puedo quitarme.
Llegan
otras personas, es decir, hombres, se me acercan, y me parece tan irritante.
Ódienme porque lo merezco. Me caen mal, me chocan los falsos conquistadores que
tratan de parecer galantes con frases mal hechas, me caen tan mal los que hacen
cosas súper extrañas porque son igual de tímidos que uno, o que te hacen sentir
incómoda con su cara de cachorro, o esos que se invitan solos o están esperando a hacer algo juntos. Lo sé, soy tan intolerante.
Mis
amigas me dicen “ya sé, ya sé, eso nos pasa a todas”. No digo lo intolerante.
Sino la parte en la que las personas que nos agradan física e intelectualmente
no les gustamos. En mi caso, piensan que soy rara o tienen novia, que es aún
peor. Y a todas les pasa que las personas que menos nos gustan están ahí como
garrapata.
“No
será que los atraes”, me dijo una amiga. Me sentí peor, qué clase de personas estoy atrayendo. Aquellos que son lo contrario a mi, que les gusta lo contrario
que a mí. Les atraigo porque soy “rara”, cuando me dicen eso, me siento como
cuando en la secundaria me molestaban los niños porque decían que me veía
chistosa enojada. Así de absurdo me parece.
Quitando
mi parte irritable, pienso en mi poca experiencia. Las últimas dos personas que
me gustaron y de las que sí, puedo decir que me enamoré, uno más que el otro,
fueron algo crueles. Asumo toda mi responsabilidad, es más asumo LA
responsabilidad. Fue mi culpa no salir, fue mi culpa no actuar, fue mi culpa
callar, fue mi culpa hacerlo cuando sabía que estaba mal.
Al
final, ellos dijeron que sentían algo, quien sabe si algo muy fuerte o no.
También al final decidieron dejarlo, dejarme. Eso me hace pensar si soy alguien
por quien realmente no vale la pena pelear. Si soy alguien por la que no vale
la pena arriesgar algo o aprovechar el momento.
Después
de mis cosas raras e irritabilidad, mencionada líneas arriba, supongo que no,
no valgo la pena para arriesgarse en una relación con alguien que tiene tantos
problemas mentales como yo, y que es, nunca sobra decir, demasiado exigente y
demasiado miedosa. Así que como no va a llegar un Damon Albarn o un inglés a
cortejarme, supongo que seré una tía loca por los perros.
Honestamente,
a veces me da tristeza, pero es algo que no he podido cambiar, porque sé que
soy yo completamente la del problema. Algunas de mis amistades ya se cansaron
de decir “ya llegará”, lo han reemplazado por el “¡pues dile que si sales con
él!”. En realidad es que soy un alien que ha venido a fastidiarlos a todos y no
puedo enamorarme.
Lo
he pensado más porque es lo que hacen las jóvenes adultas de veintitantos. Lo he pensado porque llegó una fiebre desde el año pasado llamada “Ya tengo novi@
2013-2014”. Porque llegan los novios, los espos@s y los hijos y los amigos se van olvidado de ti, mientras yo me quedo desvelándome,
viendo esa tonta, tonta película romántica mientras como bombones.
Estaré
viéndola, pero ya no le encuentro el parecido a mi historia, porque dentro de 5 o 10 años si
nos reencontramos, no te acordarás de nada. Luego iré a la cama y fantasearé
como a los 16 años con ese vocalista mientras el sueño me vence y mañana
comienza un nuevo día.
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