Nos
encanta, lo adoramos, lo hacemos porque es sencillo. Decirle a los demás en qué
están mal, señalárselos y luego… hacer las mismas tonterías. Deberían darnos
choques eléctricos de vez en cuando, no entenderíamos, pero al menos el dolor
físico nos detendría.
No
se trata de los otros, de ella, de él, sobre todo de él. Esta vez se trata de
mí. De mí criticándome a mi misma para tratar de entender qué va mal.
Lo
entendí después de desvelos y de repasar la historia una y otra vez durante
meses. Meses, meses, meses, que se han convertido en años. Entonces se presenta
una situación, una sencilla y comienzas a darte cuenta que tu actitud está mal
y que si no la cambias ya, los demás pueden hacerte daño.
Es
que no tengo un “black hole” y por más intentos de hacerme la dura, la verdad
siempre resulta contraproducente. Más a menudo de lo que pensamos nos afecta
más escondernos tras líneas y más líneas divisorias entre tú y la gente.
Y
saben qué… por fin entendí esas canciones. Después de tantos años ya les
entendí y a veces quisiera retroceder para decirme a mi misma: “no quieres
entenderlas”.
Qué
extrañas son las relaciones de los seres humanos. Qué complejidad, qué difícil
nos hacemos la existencia. Como dije hace algún tiempo algo o alguien debería
advertirnos un poco el peligro antes de que el huracán arrase con todo. Qué
bonita mi zona de confort.
Fue
la misma zona de confort la que me llevó al hoyo y ahora simplemente intento
escalar para salir de ella. Lo estoy intentando porque creo que vale la pena,
porque pienso que a pesar de mi pesimismo debe haber algo por lo que vale la
pena reencontrar el camino.
No
se trata de alguien, aunque a veces he pensando que lo que me hace falta es
encontrar a alguien… puede que sea cierto. Seguimos tomándonos la vida
demasiado en serio. Y entonces retrocedemos, nos miramos al espejo pero no nos
gusta lo que vemos.
En
realidad, creo que necesito encontrar a alguien… a mí misma. Cuando reconozca
las cosas que me gustan de mí, porque sé perfectamente cuáles no me gustan, ese
día podré tener más confianza. Ese día la gente se me acercará y seré una
persona agradable, sin prejuicios ni estereotipos. Suena al mundo perfecto,
sólo es sobrevivir en esto que llamamos vida.
Necesito
tener amor propio para decidir de una buena vez que no necesito… no necesito
eso que me hace tanto daño. Quién sabe, a lo mejor tuve y se prolongo mi
tristeza de verano como esa estúpida canción de Lana del Rey que me tiene
irremediablemente enganchada, al igual que tantas otras.

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