Alguien
me dijo: “sigue escribiendo”. Normalmente llevo la contraría, pero hoy no es
así. Deje de escribir hace tiempo, es decir, tan a menudo. También dije que no
escribiría más sobre cómo me sentía, pero algo ocurrió.
Estaba
viendo un concierto de Blur y entonces sentí algo en el pecho, poco después me
encontraba cantando a todo pulmón con lágrimas, sintiendo que todas las cosas
que han pasado en estos últimos meses fueron hace siglos.
Reconocí
el sentimiento y me levanté al día siguiente con algo de angustia. Iba
caminando por la calle hacia esa nueva petit rutina que tengo ahora. Mientras
atravesaba avenidas y calles me repetía: “ay no, no otra vez”.
El
sábado iba a ver a una amiga que hace muchísimo no veo. Me gusta verla porque
al mirar sus ojos y abrazarla me recuerda que fui mucho mejor antes. El chiste
es que no la pude ver y camine de nuevo sola por la ciudad.
Empiezo
a hacer que las cosas mejoren con los demás porque me estoy esforzando. Ese día
camine sola y me vino a la mente si en realidad no sería así toda mi vida. A lo
mejor estoy destinada a estar así, pensé.
Repase
los últimos acontecimientos, las últimas charlas con mis amigas y amigos. Más
que nada con mis amigas porque casi no tengo amigos. Enero, Febrero, Marzo,
Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto…
Sentí
y siento que cada mes se pasó como un año entero. Como sin nada hubiera pasado.
Es cuando me percato que el mundo, las personas se están moviendo. Como en esas
escenas de las películas donde enfocan algo y alrededor todo parece estar acelerado,
pero yo sigo en slow-motion.
Cierro
los ojos y, recuerdo el primer sonido que hice en francés, la primera vez que
platique con ella, los primeros pasos de baile, la música y nuestras manos
juntas mientras cantábamos, las entrevistas, volverlo a ver, los retos, los
enojos, el ejercicio, la última vez que hablé con él, la carretera, la
recámara, sus palabras, los nuevos rostros y el último sonido que hice en
inglés.
Me
satisface, cada cosa que llega a la
mente, pero aún me siento extraña. Cuando camino por la calle me preguntó si
llegaré a un lado en realidad, me preguntó que pasará y… luego creo que me hace
falta a ir a un concierto.
Reconocí
ese sentimiento y casi me suelto a llorar al cruzar la calle. Lo contuve un
momento y me dije a mi misma que tenía que contenerlo aún más y pensar en lo
que me satisfacía todo lo que estoy viviendo, pero honestamente queridos
lectores: tengo mucho miedo.
No estoy
del todo deprimida, sonrio y a decir verdad lo hago con toda honestidad. Me llevo
mejor con las personas y ya no me duele tanto cuando los demás me recuerdan mis
fracasos. Probablemente volví a caer en mi demencia, es sólo que tengo esa
incertidumbre.
Hoy volví
a pensar en mi pequeño camino. A estas alturas me pareció complicado recordar
cuántos años tengo y cuando lo hice me dio mucho miedo. Me molesta la forma en
la que se cumple años y se pasa a ser un martirio, pero realmente aterra.
También
llegaron a mi mente todas las personas, todas y las extrañé. Es raro, el fin de
semana fui a un lugar cerca de la universidad y me sentía rara, pero lo extrañé
porque, no sé, quizá porque tenía un propósito antes.
Me aterra
pensar que entre más tiempo pase sea más difícil encontrar lo que me gusta.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Y al
final sólo una imagen ocupa todo mi diminuto espacio: las luces de Guanajuato
de noche y la manera en que escuché su voz en mi cabeza diciendo: “cuando veas
las luces así acuérdate de mi”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario