A una semana de que este blog cumpla cuatro años, hoy digo
adiós. Según yo, no iba a hacer una entrada para “despedirme” pero qué diablos.
No me voy porque tenga una excelente oferta de trabajo o porque vaya a recorrer
mundo, me voy porque ya es tiempo de hacerlo.
Este blog al que quiera o no le tengo mucho cariño me trajo
cosas buenas y malas. Me descare de una forma que no imagine y también le dio
oportunidad a algunas personas de conocerme más. Agradezco, quizá más de lo que
me avergüenzo, al fin y al cabo nunca tuve un éxito desmedido contando mis
penas.
Hace unos días les decía a unas amigas: Ya no quiero
escribir. Pues ese pensamiento cobro más sentido y llegó a puntos críticos
estos días. Siempre pensé que la escritura tenía ese don inagotable, aún lo
creo, pero no lo fue para mí, al menos no en este momento.
El problema con la escritura es que me permitió soñar con
cosas que no logré concretar y que dadas mis circunstancias actuales no podré
concretar. Para muchos esta será una forma de darme por vencida, para mi es una
forma de “sanar” –que palabra tan más mala –mis pensamientos.
No es que deje de escribir nada más así, es más bien que
quiero dejar de hacerlo público. Esa fue una parte a la que me enfrenté y me
trajo algunos conflictos. a pesar de que este siempre ha sido un proyecto
personal, muy personal, no quiero que está sea mi carta de presentación, me
parece bastante mediocre.
En fin, si regrese o no será bueno, pero no lo pienso ahora.
Las palabras ya no salen, se parece un poco a las lágrimas, tampoco salen
últimamente y si lo hacen lastiman mucho mis ojos. Así ha sido las palabras que
escribo ahora me lastiman los ojos.
Gracias por decir, y
decirme, y decirme todas esas palabras de apoyo a este muy, muy humilde
espacio. Ahora sin poner objeción, ni nada, las agradezco. Pero sobre todo
agradezco infinitamente que se tomen el tiempo, su muy, en serio, muy valioso
tiempo para leerme.
Hasta pronto.

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