No
recuerdo cuándo fue la primera vez que te vi. Tampoco recuerdo qué fue
exactamente lo que pensé al verte, imagino que fue sorpresa y curiosidad lo que
despertaste en mi. No creo en el amor a primera vista, pero hay personas más
interesantes que otras, tú me pareciste de esas personas interesantes.
Hablamos
pocas y muchas veces. Nos vimos pocas y muchas veces. Yo soy una especie de
libro abierto y de inmediato supiste todo sobre mi, sólo necesitabas ser amable
y comprensivo. Te interesaba lo que tenía que decir y para ser franca a mi me
interesaba lo que tenías que decir.
Los
silencios fueron muchos y entendibles. Las miradas se convirtieron en
complicidad. Los abrazos en largos y esporádicos, pero también necesarios. Los gestos
se comprendían de forma sencilla y fácil.
Nunca
entendí y hasta ahora no entiendo el concepto de enamorarse. No entiendo en qué
consiste o cómo sabes que te encuentras enamorado. Acontecimientos ocurrieron
que, sin lugar a dudas, nos cambiaron; pero nos unieron también de forma
extraña. Me sentía aturdida todo el tiempo, aturdida con y por tu presencia, no
sé si eso sea enamorarse.
Querer.
Es raro cuando alguien dice palabras como: te quiero y agrega un adjetivo de
cantidad como: mucho. La primera vez que me lo dijiste fue extraño, en mis
antecedentes cuando yo había tomado la iniciativa de decir esas palabras nunca
me había sentido segura. Pero de pronto esas palabras se volvieron cotidianas
entre nosotros.
Como
cualquier persona tenía miedo e inicié una fase donde pensamientos nocturnos me asaltaba repasando una y otra vez los momentos claves en los que necesitaba
entender los acontecimientos, la verdad nunca los comprendí. Me eché la culpa,
te eché la culpa y nada resultó.
Esperé,
esperé y esperé. Tengo ese tipo de antecedentes en todas ocasiones y en esta no
fue, no es y no será la excepción. No tenía nada que esperar. Decisiones han
sido tomadas, caminos han sido recorridos y corazones han sido rotos. Algún día
escuché: “No puedo esperarte toda la vida”. Yo siempre lo hice.
Nunca
estuve consciente del hecho. No después de dejar aun lado esos pensamientos
nocturnos, las miradas, los silencios, los encuentros, los abrazos y los te
quieros. Así pase tiempo, mucho tiempo sin dejarlo entrar en mi consciencia, alejándome
y sin recordar que tu has tomado tu decisión.
Rompiste
mi corazón. No como en las películas, no como en los libros, no como en las
canciones, tampoco como en la vida real. Esto es mi vida real y quizá la de
algunas minorías que les rompen el corazón de forma poco convencional. Me
rompiste el corazón como recuerdo, como conocido, como compañero, como amigo y
como alguien a quien quise sin recordar cómo.

