viernes, 5 de febrero de 2016

Tía



La familia es ese conjunto de personas que uno no elige, pero ahí están. A veces nos obligan a quererla aunque no compartamos cosas en común. Otra veces esa familia se vuelve tóxica para nosotros porque estamos obligados a estar para ellos, o al menos eso nos enseñan. Algunas veces pensamos “¿en serio? ¿por qué si eres mi familia me haces/dices eso?”. Así es.

Mi familia es un poco disfuncional, pero en tiempos modernos ¿qué familia no lo es? Mis padres se separaron cuando yo era muy chica y mis hermanas se fueron de la casa panzonas muy jóvenes.

Cuando mis hermanas les dieron la noticia de sus embarazos (casi al mismo tiempo) a mis papás casi les dio el infarto. Yo era muy pequeña y me parecía exagerada su reacción. Para mi, mis hermanas eran bastante mayores como para embarazarse y empezar ese ciclo.

Ahora poniéndolo en perspectiva entiendo a mis padres. Mis hermanas no eran mayores de lo que yo soy ahora. Eras una bebé, le dije a mi hermana mayor cuando recordé la edad que tenía al embarazarse la primera vez.

Supongo que mis papás se sintieron un poco impotentes porque esperaban otras cosas de ellas. Justo es la misma decepción que siente mi familia por mi ahora. Pensaron que porque era matada y jamás reprobé una materia sería exitosísima terminando una carrera… y pues heme aquí.

Eso es lo que pasa con la familia, tiene grandes expectativas de lo que eres y lo que serás. Esas expectativas son complicadas de llenar.

Al nacer mis sobrinos yo pasé a segundo plano. No es que fuera el centro de atención, nunca lo fui y no me gustaba serlo, nunca me ha gustado serlo. Sólo era bueno salir con mis hermanas y que me trataran como su muñeca.

Hoy sólo me queda agradecerles infinitamente a mis hermanas por el mejor regalo que he recibido: mis sobrino/as. Por dejarme pasar tiempo con ellos.

No soy especial amante de los niños. Por lo general me dan miedo porque son incómodas las situaciones que involucran a niños. Muchos son realmente molestos. Creo que nacen con cierta personalidad y sólo van agregando más cosas.

Afortunadamente mis sobrinos son muy inteligentes. Cuando nacieron los primeros yo era muy chica y prácticamente crecí con ellos. Ya no me sentía sola, porque estaban ellos ahí como compañeros de juego.

Son realmente brillantes y talentosos. Me impresiona todo lo que hacen y cómo aprenden solos. Nunca busqué ser una influencia en su vida, pero para mi fortuna en muchas ocasiones les gustó la música que yo escuchaba.

No quiero ser de esas personas que les chupa la juventud a los demás. Seguramente dentro de pocos años mis sobrinos se hartarán de mi y pensarán que necesito una vida. Quizá me vuelva una chava-ruca involuntariamente por querer juntarme con ellos.

Es sólo que disfruto mucho de su compañía y de lo que me platican. Me parece interesantísimo y he aprendido muchas cosas. Cuando me siento mal y les platico, siempre me dicen frases de algo obvio que yo estaba ignorando.

No saben la felicidad que siento poder invitarlos al cine, al museo, a un concierto, poder invitarles unos tacos, un dulce, una malteada o un helado.  Dada mi situación precaria, eso no pasa mucho, pero saber que disfrutan los momentos que pasamos juntos me hace sentir muy bien.

Me gusta que me enseñan a poder reír de mi misma. A que no por tener veintitantos debo dejar de reírme de las mismas tonterías.

Ahora que los dos más grandes son mayores de edad se siente extraño, pero igual. Me gusta saber, y espero que sea cierto, que me tienen confianza para platicarme lo que les pasa. Espero y les hago saber que nunca los juzgaré por las decisiones que tomen.

No tengo grandes expectativas con ellos. No necesito transmitirles esa carga, ya son extraordinarios tal como son. Me siento orgullosa de ellos por lo que son, de todos ellos. Me gusta verlos, estar con ellos, comer con ellos, platicar con ellos y jugar con ellos.

Es increíble verlos crecer y ser únicos. Aunque me hagan sentir un poco vieja. Cuando un día despierto y no le veo sentido a nada, me acuerdo de ellos. Es lo que me hace levantarme por las mañanas y no necesitan hacer mucho, sólo ser ellos. 

Soy su tía, pero se convirtieron en mis compañeros de vida. No me presionan aunque de vez en cuando me dicen cosas para que entre en razón. Me gusta la forma en la que me miran, como si todavía creyeran en mi, como si estuviera bien ser como soy. El día en que dejen de mirarme como lo hacen y en que dejen de disfrutar mi compañía, ese día me voy a preocupar.



1 comentario:

  1. Un poema de Goytisolo:

    https://www.youtube.com/watch?v=w3rb3XFBWWY

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