lunes, 14 de julio de 2014

24

Se cumplió un mes de que fue mi cumpleaños. Debí escribirlo antes, durante o unos días después, pero en ninguno de esos momentos hubiera obtenido tanta perspectiva como en este momento. Hace poco una de mis amigas me dijo “si reniegas tanto de tus cumpleaños es porque le das más importancia de la que crees”. Los años anteriores fueron así y este honestamente no.

No había planeado un gran festejo, incluso en otros cumpleaños míos hasta pensé en hacer algo “especial”, pero la verdad no planeo ahorrar para un festejo, me da mucha flojera planearlo y al final la realidad es que de todos los amigos que tengo muy pocos irían a alguna celebración de mi cumpleaños.

Fue un día soleado, a pesar de que odio los días soleados ha llovido tanto que, nunca pensé que lo diría, pero agradezco un día soleado. Fui por unos boletos, lo cual puedo considerar como regalo de cumpleaños, un pastel para mí, porque eso sí un cumpleaños sin pastel no es cumpleaños, y finalmente vi a mi amiga y fuimos al cine.

Me llamó una de mis hermanas y me preguntó cuántos años cumplía: 24, le contesté. Ella me soltó un: “ah estás joven…todavía”. En ese momento entré en pánico, la palabra todavía le denotaba un aire de contador de horas, minutos y segundos. Después vino una catástrofe porque me deje llevar por esa ola de emociones, que nunca puedo controlar, acerca de mi vida y mis recién cumplidos 24 añitos.

Cuando me relajé comencé a pensar realmente y con la cabeza un poco más tranquila lo que había significado cumplir años, no sólo los 24. Recientemente leí también una imagen que decía “¿por qué te festejan el año menos que estarás en esta vida?”. Porque todo el mundo agradece haber estado un año más en vida.

Entonces me puse a revisar que había hecho en ese año de vida. La verdad es que me divertí, a pesar de todo, ahora que se acerca agosto no puedo dejar de recordar mi viaje a Guanajuato y lo mucho que me dejó.

Últimamente he visto a muchos de mis compañeros y amigos triunfar, como lo merecen, y me llegan a la mente todas esas absurdas ideas de los millennials. Me sentí rara porque no estaba siendo una “emprendedora” (odio el término), no estaba desarrollando el siguiente buscador web, tampoco me encontraba escribiendo un libro y ya tengo 24 años, esa gente a los 21 ya eran millonarios.

Me decepcioné cuando pensé en eso porque creí que no había hecho nada de lo que había planeado, nada de lo que quería y nada de lo que había soñado. Es que además ahora está de moda tener aspiraciones altas que eventualmente tienes o tienes que cumplir. Yo, por lo general, nunca termino lo que empiezo.

Luego, en esos días, recibí mi título profesional y mi cédula. A partir de ahora soy una licenciada al menos en papel porque lo del título nobiliario, como decían mis profesores, se hace patente sólo hasta después de los treinta o treinta y tantos años con una carrera más o menos consolidada.

Ahí me di cuenta. Seguramente no lo había hecho porque después de 4 años levantándome a las 5 de la mañana, regresando de la escuela en promedio a las 10 de la noche, con tremendos desvelos, la verdad no le tomé importancia. Pero eso fue lo único que empecé y termine como Thor manda.

Cuando decidí qué es lo que quería estudiar, o eso creí, y antes de eso cuando tomé por convicción no ser igual que mis compañeros de secundaria y terminar una carrera empezó todo aquello. Es quizá la primera cosa que termino bien, la segunda fue el TOEFL. Así que después de esos años de angustia, desesperación y aprendizaje lo concluí y pensé: “si pude hacer eso, puedo hacer más cosas”.


Así que bien, eso fue lo que pasó a los 24 años, me titule aunque en realidad me gradué a los 22, cosa que gente que conocí considero una proeza. No diseñé un videojuego, ni un buscador web, no inventé cómo teletransportarte en 2 segundos, tampoco fundé mi propia compañía de nuevas e innovadoras ideas que cambiarán al mundo, ni escribí un libro, pero bueno hice algo.