sábado, 17 de mayo de 2014

Sociability is hard enough for me

No les he contado una parte que me gusta de mi empleo. Estoy en una oficina donde laboran 8 personas y esas 8 personas estamos en asuntos diferentes. Por lo regular en la pequeña oficina donde hago mis labores, sólo estamos mi jefa y yo. Me gusta mucho esa parte de mi empleo.

Me imagino lo difícil que resultaría para mi los encuentros en un comedor, las pláticas en los pasillos o los buenos días a más de 15 personas. Entonces me doy cuenta que mi personalidad agradece no tener compañeros de oficina porque socializar me resulta muy complicado.

Estuve pensando en eso. Estuve pensando, también, en mis amigos. Yo soy una pequeña cenicienta que no vive de noche, que prefiere contemplar el techo hasta las 2 de la madrugada en un viernes por la noche. Recordé a mis amigos y sus vidas, y llegué a la conclusión de que no sé por qué me hablan.

Tampoco es que tenga montones de amigos, tengo pocos porque mi sociabilidad tiene límites. Son de esa clase de personas, si no sociables del todo, sí extrovertidas más no en un nivel cliché, amigables, agradables y divertidas. La mayoría tiene vida social nocturna y grupos de amigos de distintos rubros.

No saben lo triste que me parecen las personas que sólo conocen gente por un ambiente del que no salen. Entre esas personas estoy yo. Aunque seguramente ellos estarán más tristes por mí porque al menos ellos salen y yo no.

Las pocas veces que he ido a fiestas o reuniones, me percató que llegan las once o doce de la noche (casos extremos en los que me he quedado a esas horas en una fiesta) y me da un sueño terrible. Me agota física y mentalmente ir a ese tipo de reuniones, se me hace extraño para una persona que sufre de insomnio y que pasa en vela sus noches viendo vídeos en Youtube.

En serio, no entiendo por qué me hablan. Yo soy muy aburrida, siempre lo he dicho, soy una anciana viviendo en el cuerpo de una persona joven. Mi papá dice que nunca ha sido lo mío eso de “salir con mis amigos”. Y esa es la respuesta que siempre doy cuando te hacen la pregunta “¿y qué te gusta hacer?”

No diría en público, mucho menos a desconocidos, lo que en realidad me gusta hacer: tirarme en mi cama viendo series, películas, leer un libro, ir sola al cine, ir a museos y caminar sin rumbo por las calles. Me aventarían jitomates de la aburrición que les causaría escuchar eso.

Tal vez si es cierto lo que me dice mi familia "Dany eres tan rara". Mis hermanas, salvo la mayor, salían mucho y tenían muchos amigos, al menos, antes de casarse y tener hijos. Pero mis hermanas y yo somos mundos distintos que nos tocaron padres distintos. No me puedo quejar, vivir con mi padre me llenó de independencia y libertades.

Mi papá nunca ejerció prohibiciones, sólo recomendaciones, a veces creo que cayó en cierta indiferencia. Muchos envidiarían mi libertad de salir y sólo avisar, pero lo que yo hice con esa libertad fue encerrarme. Mi figura de autoridad siempre me dejó hacer lo que quería y salvo que en ocasiones ejerce terror psicológico contándome el nuevo crimen del vecindario con la esperanza de que no llegue tarde a casa, se puede decir que es bastante relajado.

Salgo con mis amigos, a veces, vamos al cine, a veces sólo vamos a comer o a caminar. Pero creo que en el fondo, jamás me invitarían más de tres veces a salir porque soy aburrida. Me la paso hablando de temas intensos y de cómo va la vida, quisiera preguntarles todo y no hablar de mí. Quisiera decir buenos chistes y recomendar un buen lugar al que fui, pero no soy así.

Diré toda mi vida que en realidad ellos eligieron hablarme a mí, a pesar de todo, por lo que les agradezco. Yo no puedo elegir, nunca lo he hecho porque no puedo socializar. Creo que me tienen mucha paciencia por mis constantes cambios de humor y mi pésimo comportamiento, eso tampoco podría terminar de agradecerlo.

Soy un ente solitario porque también fui educada así. Crecí en un momento donde todos los miembros de mi familia también crecieron y se fueron. Todos los días es un aprendizaje para mí y entenderme a mi misma haciendo cosas sola. Como la primera vez que salí sola o cuando fui al cine sola en mi cumpleaños.

Ese día, supongo que se escuchará triste, pero no lo fue. Me levanté temprano, me metí a bañar. Estaba en mi año sabático así que decidí no ir a clase de francés. Tomé mis llaves, dinero y salí de casa, no había nadie. Llegué al cine antes de medio día y pedí un boleto para El Gran Gatsby.

En medio de una sala casi vacía, me miró una mujer. Me preguntó la hora y me comentó un incidente que tuvo en la taquilla. Me cuestionó si venía sola y le respondí afirmativamente, me miró. Nunca voy a olvidar la forma en la que me miró, no fue con tristeza, más bien fue orgullo y me dijo “¡felicidades, se necesitan más mujeres como tú, valientes y que no les de miedo ir al cine sola por lo que digan los demás!”. Fue el mejor feliz cumpleaños que tuve.

Además ese día llovió, llovió a cántaros y me regresé a casa caminando mientras brincaba entre charcos y llegaba hecha una sopita a mi casa. Cuando mi papá finalmente se acordó que era mi cumpleaños me dijo que aunque sabía que no quería festejarlo me había comprado una tarta, me comí una rebanada y fui a la cama.

En ese momento entendí que había aprendido a vivir sola y que me gustaba mucho estar conmigo. No me malentiendan, quiero mucho a mis amigos, sólo que a veces no les puedo llevar el ritmo y creo que se sienten algo decepcionados. Seguramente preferirían salir a tomar una cerveza antes que quedarse conmigo haciendo un club de lectura.

Hace unos días hice un test de inteligencia emocional. No fue la gran cosa, son fáciles de hacer en internet. Me pareció curioso que salí con puntuaciones altas en relaciones sociales. Imagino que el resultado fue aquél porque la mayor parte de las preguntas se referían a si sabía identificar emociones en los otros, lo cual puedo hacer.

Por el contrario en autoconocimiento salí con puntuaciones bajas a pesar de que me la paso todo el tiempo sola, pero achacó esos resultados a que ponen autoconocimiento junto con autoestima y sobra decir que es un reto para mí eso de la estima por mi persona.

La verdad es que no soy una persona interesante y siempre paso desapercibida. No soy alguien a quien voltearías a ver por la calle, lo cual agradezco y no, la única parte mala de que no te noten es que chocan contigo en las calles. La mejor parte es que llamar la atención nunca ha sido lo mío.

Me da miedo en algún punto, porque tengo amigas que conozco desde hace muchos años, puedo decir que son con las que mantengo lazos más fuertes incluso sin frecuentarnos tanto. Tampoco cumplo con el cliché “best friend”. Pero con mis otras amistades tengo algo de temor.

Yo lo dije una vez y no me retractaré de ello. Para mantener una relación de cualquier índole hay que ser constante. Siento que  hemos recorrido caminos diferentes y nuestras carreras profesionales nos llevan a otros lugares que eventualmente no sé si tendremos algo en común.


Entre más pasan los años, más complicado es para mí socializar y sé que por esa razón no he hecho muchas nuevas amistades en los últimos 3 años. Soy más como Graham Coxon, soy esa canción de Coffee and TV. Porque hoy por hoy mi nueva mejor amistad ha sido una pantallita.

viernes, 2 de mayo de 2014

Eso de enamorarse

He estado recapitulando pasajes de mi vida. Hay unos recuerdos que llegan frescos, frescos como la lechuga. Hay otros recuerdos que parecen distantes y borrosos como esos lentes empañados. Esta parte de mi vida está entre fresca y borrosa.

Soy una niña, con todo lo que eso conlleva. Tienes que pelear todos los días con una parte de ti que no te gusta. Alguna de esas partes, que son varias, te molesta más que otras. La mía es mi incapacidad de ser sensible y seria en esas cosas del amor. Me burlo, me aburro, me parece patético y también me parece triste.

Recapitule esa parte de mi, porque hasta en esto hay estándares. Ahora que tengo los veintitantos, sí importa hablar de estas cosas, ahora no es algo infantil y trillado. No sé dónde tomo la seriedad, supongo que lo tomo cuando me rompieron el corazón.

Honestamente me da miedo. En general, me da miedo conocer gente, hombres y mujeres, qué les puedo decir soy una persona muy tímida. A veces mi timidez se traduce en una actitud grosera o altanera, no es así, sólo no sé actuar con otras personas. Me dan miedo las personas, porque irremediablemente te lastiman.

Abrir tu corazón (qué frase tan cursi) es complicado. Qué te garantiza que no saldrás corriendo desconsoladamente, quién te garantiza que no saldrás con un montón de traumas y con aún más miedos. Nada, con las personas y los sentimientos no hay garantía de nada.

Así que voy por la vida como una adolescente de 16 años, porque a los 16 me decían que estaba bien. “Está bien, no te apresures, alguien vendrá, no eres rara”, pero y ¿ahora? Ya no tengo 16 años y algunas personas me dicen “esta bien ya vendrá”, pero no lo dicen con esa seguridad de hace 6 años.

¿Debo comenzar a usar esas salas de chat? Mi familia cada vez duda más de mi existencia como persona emocional y cercana a otras personas, sobre todo, del sexo opuesto. Hacen cualquier cosa para sacarme hasta en rifa, si pudieran, estoy segura que me presentarían a cualquier persona a la menor oportunidad.

Saben, no me preocupaba antes, tampoco es que mi vida gire en torno a mi situación sentimental. Es sólo que ahora, veo más seguro estar en soledad toda mi vida. No es culpa de los demás, no me malinterpreten. Los esfuerzos se han hecho y sin éxito.

Las experiencias que he tenido han terminado en canciones amargas, comida chatarra y alguna que otra lágrima. Luego como uno es exagerado, piensa “ya, esto es lo peor que me puede pasar”, pero no lo es. Supongo que a eso le temo más, pensar “si pasó esto, qué pasará con el siguiente”.

Mis elecciones han sido erróneas. No con las personas, pero sí de la forma en la que me manejo. Nunca me había enamorado, es decir, no realmente. Esas canciones de la vida eran sólo canciones. No quería entenderlas, pero es una cosa involuntaria que también te avisan, y a la que te rehúsas involucrarte hasta que estas bien metido.

Vi una tonta, tonta película romántica. Debo decir que esos filmes tienen la culpa de las ilusiones y esperanzas en las personas. Una vez alguien me dijo: “tu historia me recuerda a esa película”. La vi con cierto escepticismo y de manera muy ridícula, sí se parecía a algo que viví. La vi varias veces más, después de eso.

Me recordaba lo que había vivido y quería pensar que de alguna forma eso nos pasaría. Nos veríamos después de un tiempo, luego otra vez y luego otra vez. Volveríamos a mirarnos de ese modo y nos daríamos cuenta que nos extrañábamos y que nunca habíamos conocido a alguien como nosotros. Es una tontería ¿no?

Quería pensar, supongo, que existe aquel mito de la media naranja, del primer amor, del amor de la vida, pero no sé quién inventó eso. En el camino algo tortuoso que pasamos los dos creo que nos dimos cuenta que nos encontramos en un momento extraño, pero que esas cosas que se escriben en los libros y los guiones de las películas no son cosas que realmente pasen.

Eres exigente, me dicen. La verdad es que no he madurado. Que tal que sigo soñando despierta con aquel vocalista de esa banda de la adolescencia. Que tal que pienso que un día voy a despertar, salir al cine sola y alguien con finta de ser inglés, músico y filántropo se me acerca a preguntar mi nombre. Podría escribir esos guiones de películas, son muy sencillos si usas todos los lugares comunes.

Después de todo lo que pasó, hice mi táctica de retirada porque no había nada más que hacer. Además de envolverme en las cobijas y adoptar posición fetal, me encerré en ese caparazón que por más intentos que haga, simplemente, no puedo quitarme.

Llegan otras personas, es decir, hombres, se me acercan, y me parece tan irritante. Ódienme porque lo merezco. Me caen mal, me chocan los falsos conquistadores que tratan de parecer galantes con frases mal hechas, me caen tan mal los que hacen cosas súper extrañas porque son igual de tímidos que uno, o que te hacen sentir incómoda con su cara de cachorro, o esos que se invitan solos o están esperando  a hacer algo juntos. Lo sé, soy tan intolerante.

Mis amigas me dicen “ya sé, ya sé, eso nos pasa a todas”. No digo lo intolerante. Sino la parte en la que las personas que nos agradan física e intelectualmente no les gustamos. En mi caso, piensan que soy rara o tienen novia, que es aún peor. Y a todas les pasa que las personas que menos nos gustan están ahí como garrapata.

“No será que los atraes”, me dijo una amiga. Me sentí peor, qué clase de personas estoy atrayendo. Aquellos que son lo contrario a mi, que les gusta lo contrario que a mí. Les atraigo porque soy “rara”, cuando me dicen eso, me siento como cuando en la secundaria me molestaban los niños porque decían que me veía chistosa enojada. Así de absurdo me parece.

Quitando mi parte irritable, pienso en mi poca experiencia. Las últimas dos personas que me gustaron y de las que sí, puedo decir que me enamoré, uno más que el otro, fueron algo crueles. Asumo toda mi responsabilidad, es más asumo LA responsabilidad. Fue mi culpa no salir, fue mi culpa no actuar, fue mi culpa callar, fue mi culpa hacerlo cuando sabía que estaba mal.

Al final, ellos dijeron que sentían algo, quien sabe si algo muy fuerte o no. También al final decidieron dejarlo, dejarme. Eso me hace pensar si soy alguien por quien realmente no vale la pena pelear. Si soy alguien por la que no vale la pena arriesgar algo o aprovechar el momento.

Después de mis cosas raras e irritabilidad, mencionada líneas arriba, supongo que no, no valgo la pena para arriesgarse en una relación con alguien que tiene tantos problemas mentales como yo, y que es, nunca sobra decir, demasiado exigente y demasiado miedosa. Así que como no va a llegar un Damon Albarn o un inglés a cortejarme, supongo que seré una tía loca por los perros.

Honestamente, a veces me da tristeza, pero es algo que no he podido cambiar, porque sé que soy yo completamente la del problema. Algunas de mis amistades ya se cansaron de decir “ya llegará”, lo han reemplazado por el “¡pues dile que si sales con él!”. En realidad es que soy un alien que ha venido a fastidiarlos a todos y no puedo enamorarme.

Lo he pensado más porque es lo que hacen las jóvenes adultas de veintitantos. Lo he pensado porque llegó una fiebre desde el año pasado llamada “Ya tengo novi@ 2013-2014”. Porque llegan los novios, los espos@s y los hijos y los amigos se van olvidado de ti, mientras yo me quedo desvelándome, viendo esa tonta, tonta película romántica mientras como bombones.


Estaré viéndola, pero ya no le encuentro el parecido a mi historia, porque dentro de 5 o 10 años si nos reencontramos, no te acordarás de nada. Luego iré a la cama y fantasearé como a los 16 años con ese vocalista mientras el sueño me vence y mañana comienza un nuevo día.