lunes, 14 de julio de 2014

24

Se cumplió un mes de que fue mi cumpleaños. Debí escribirlo antes, durante o unos días después, pero en ninguno de esos momentos hubiera obtenido tanta perspectiva como en este momento. Hace poco una de mis amigas me dijo “si reniegas tanto de tus cumpleaños es porque le das más importancia de la que crees”. Los años anteriores fueron así y este honestamente no.

No había planeado un gran festejo, incluso en otros cumpleaños míos hasta pensé en hacer algo “especial”, pero la verdad no planeo ahorrar para un festejo, me da mucha flojera planearlo y al final la realidad es que de todos los amigos que tengo muy pocos irían a alguna celebración de mi cumpleaños.

Fue un día soleado, a pesar de que odio los días soleados ha llovido tanto que, nunca pensé que lo diría, pero agradezco un día soleado. Fui por unos boletos, lo cual puedo considerar como regalo de cumpleaños, un pastel para mí, porque eso sí un cumpleaños sin pastel no es cumpleaños, y finalmente vi a mi amiga y fuimos al cine.

Me llamó una de mis hermanas y me preguntó cuántos años cumplía: 24, le contesté. Ella me soltó un: “ah estás joven…todavía”. En ese momento entré en pánico, la palabra todavía le denotaba un aire de contador de horas, minutos y segundos. Después vino una catástrofe porque me deje llevar por esa ola de emociones, que nunca puedo controlar, acerca de mi vida y mis recién cumplidos 24 añitos.

Cuando me relajé comencé a pensar realmente y con la cabeza un poco más tranquila lo que había significado cumplir años, no sólo los 24. Recientemente leí también una imagen que decía “¿por qué te festejan el año menos que estarás en esta vida?”. Porque todo el mundo agradece haber estado un año más en vida.

Entonces me puse a revisar que había hecho en ese año de vida. La verdad es que me divertí, a pesar de todo, ahora que se acerca agosto no puedo dejar de recordar mi viaje a Guanajuato y lo mucho que me dejó.

Últimamente he visto a muchos de mis compañeros y amigos triunfar, como lo merecen, y me llegan a la mente todas esas absurdas ideas de los millennials. Me sentí rara porque no estaba siendo una “emprendedora” (odio el término), no estaba desarrollando el siguiente buscador web, tampoco me encontraba escribiendo un libro y ya tengo 24 años, esa gente a los 21 ya eran millonarios.

Me decepcioné cuando pensé en eso porque creí que no había hecho nada de lo que había planeado, nada de lo que quería y nada de lo que había soñado. Es que además ahora está de moda tener aspiraciones altas que eventualmente tienes o tienes que cumplir. Yo, por lo general, nunca termino lo que empiezo.

Luego, en esos días, recibí mi título profesional y mi cédula. A partir de ahora soy una licenciada al menos en papel porque lo del título nobiliario, como decían mis profesores, se hace patente sólo hasta después de los treinta o treinta y tantos años con una carrera más o menos consolidada.

Ahí me di cuenta. Seguramente no lo había hecho porque después de 4 años levantándome a las 5 de la mañana, regresando de la escuela en promedio a las 10 de la noche, con tremendos desvelos, la verdad no le tomé importancia. Pero eso fue lo único que empecé y termine como Thor manda.

Cuando decidí qué es lo que quería estudiar, o eso creí, y antes de eso cuando tomé por convicción no ser igual que mis compañeros de secundaria y terminar una carrera empezó todo aquello. Es quizá la primera cosa que termino bien, la segunda fue el TOEFL. Así que después de esos años de angustia, desesperación y aprendizaje lo concluí y pensé: “si pude hacer eso, puedo hacer más cosas”.


Así que bien, eso fue lo que pasó a los 24 años, me titule aunque en realidad me gradué a los 22, cosa que gente que conocí considero una proeza. No diseñé un videojuego, ni un buscador web, no inventé cómo teletransportarte en 2 segundos, tampoco fundé mi propia compañía de nuevas e innovadoras ideas que cambiarán al mundo, ni escribí un libro, pero bueno hice algo. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Sociability is hard enough for me

No les he contado una parte que me gusta de mi empleo. Estoy en una oficina donde laboran 8 personas y esas 8 personas estamos en asuntos diferentes. Por lo regular en la pequeña oficina donde hago mis labores, sólo estamos mi jefa y yo. Me gusta mucho esa parte de mi empleo.

Me imagino lo difícil que resultaría para mi los encuentros en un comedor, las pláticas en los pasillos o los buenos días a más de 15 personas. Entonces me doy cuenta que mi personalidad agradece no tener compañeros de oficina porque socializar me resulta muy complicado.

Estuve pensando en eso. Estuve pensando, también, en mis amigos. Yo soy una pequeña cenicienta que no vive de noche, que prefiere contemplar el techo hasta las 2 de la madrugada en un viernes por la noche. Recordé a mis amigos y sus vidas, y llegué a la conclusión de que no sé por qué me hablan.

Tampoco es que tenga montones de amigos, tengo pocos porque mi sociabilidad tiene límites. Son de esa clase de personas, si no sociables del todo, sí extrovertidas más no en un nivel cliché, amigables, agradables y divertidas. La mayoría tiene vida social nocturna y grupos de amigos de distintos rubros.

No saben lo triste que me parecen las personas que sólo conocen gente por un ambiente del que no salen. Entre esas personas estoy yo. Aunque seguramente ellos estarán más tristes por mí porque al menos ellos salen y yo no.

Las pocas veces que he ido a fiestas o reuniones, me percató que llegan las once o doce de la noche (casos extremos en los que me he quedado a esas horas en una fiesta) y me da un sueño terrible. Me agota física y mentalmente ir a ese tipo de reuniones, se me hace extraño para una persona que sufre de insomnio y que pasa en vela sus noches viendo vídeos en Youtube.

En serio, no entiendo por qué me hablan. Yo soy muy aburrida, siempre lo he dicho, soy una anciana viviendo en el cuerpo de una persona joven. Mi papá dice que nunca ha sido lo mío eso de “salir con mis amigos”. Y esa es la respuesta que siempre doy cuando te hacen la pregunta “¿y qué te gusta hacer?”

No diría en público, mucho menos a desconocidos, lo que en realidad me gusta hacer: tirarme en mi cama viendo series, películas, leer un libro, ir sola al cine, ir a museos y caminar sin rumbo por las calles. Me aventarían jitomates de la aburrición que les causaría escuchar eso.

Tal vez si es cierto lo que me dice mi familia "Dany eres tan rara". Mis hermanas, salvo la mayor, salían mucho y tenían muchos amigos, al menos, antes de casarse y tener hijos. Pero mis hermanas y yo somos mundos distintos que nos tocaron padres distintos. No me puedo quejar, vivir con mi padre me llenó de independencia y libertades.

Mi papá nunca ejerció prohibiciones, sólo recomendaciones, a veces creo que cayó en cierta indiferencia. Muchos envidiarían mi libertad de salir y sólo avisar, pero lo que yo hice con esa libertad fue encerrarme. Mi figura de autoridad siempre me dejó hacer lo que quería y salvo que en ocasiones ejerce terror psicológico contándome el nuevo crimen del vecindario con la esperanza de que no llegue tarde a casa, se puede decir que es bastante relajado.

Salgo con mis amigos, a veces, vamos al cine, a veces sólo vamos a comer o a caminar. Pero creo que en el fondo, jamás me invitarían más de tres veces a salir porque soy aburrida. Me la paso hablando de temas intensos y de cómo va la vida, quisiera preguntarles todo y no hablar de mí. Quisiera decir buenos chistes y recomendar un buen lugar al que fui, pero no soy así.

Diré toda mi vida que en realidad ellos eligieron hablarme a mí, a pesar de todo, por lo que les agradezco. Yo no puedo elegir, nunca lo he hecho porque no puedo socializar. Creo que me tienen mucha paciencia por mis constantes cambios de humor y mi pésimo comportamiento, eso tampoco podría terminar de agradecerlo.

Soy un ente solitario porque también fui educada así. Crecí en un momento donde todos los miembros de mi familia también crecieron y se fueron. Todos los días es un aprendizaje para mí y entenderme a mi misma haciendo cosas sola. Como la primera vez que salí sola o cuando fui al cine sola en mi cumpleaños.

Ese día, supongo que se escuchará triste, pero no lo fue. Me levanté temprano, me metí a bañar. Estaba en mi año sabático así que decidí no ir a clase de francés. Tomé mis llaves, dinero y salí de casa, no había nadie. Llegué al cine antes de medio día y pedí un boleto para El Gran Gatsby.

En medio de una sala casi vacía, me miró una mujer. Me preguntó la hora y me comentó un incidente que tuvo en la taquilla. Me cuestionó si venía sola y le respondí afirmativamente, me miró. Nunca voy a olvidar la forma en la que me miró, no fue con tristeza, más bien fue orgullo y me dijo “¡felicidades, se necesitan más mujeres como tú, valientes y que no les de miedo ir al cine sola por lo que digan los demás!”. Fue el mejor feliz cumpleaños que tuve.

Además ese día llovió, llovió a cántaros y me regresé a casa caminando mientras brincaba entre charcos y llegaba hecha una sopita a mi casa. Cuando mi papá finalmente se acordó que era mi cumpleaños me dijo que aunque sabía que no quería festejarlo me había comprado una tarta, me comí una rebanada y fui a la cama.

En ese momento entendí que había aprendido a vivir sola y que me gustaba mucho estar conmigo. No me malentiendan, quiero mucho a mis amigos, sólo que a veces no les puedo llevar el ritmo y creo que se sienten algo decepcionados. Seguramente preferirían salir a tomar una cerveza antes que quedarse conmigo haciendo un club de lectura.

Hace unos días hice un test de inteligencia emocional. No fue la gran cosa, son fáciles de hacer en internet. Me pareció curioso que salí con puntuaciones altas en relaciones sociales. Imagino que el resultado fue aquél porque la mayor parte de las preguntas se referían a si sabía identificar emociones en los otros, lo cual puedo hacer.

Por el contrario en autoconocimiento salí con puntuaciones bajas a pesar de que me la paso todo el tiempo sola, pero achacó esos resultados a que ponen autoconocimiento junto con autoestima y sobra decir que es un reto para mí eso de la estima por mi persona.

La verdad es que no soy una persona interesante y siempre paso desapercibida. No soy alguien a quien voltearías a ver por la calle, lo cual agradezco y no, la única parte mala de que no te noten es que chocan contigo en las calles. La mejor parte es que llamar la atención nunca ha sido lo mío.

Me da miedo en algún punto, porque tengo amigas que conozco desde hace muchos años, puedo decir que son con las que mantengo lazos más fuertes incluso sin frecuentarnos tanto. Tampoco cumplo con el cliché “best friend”. Pero con mis otras amistades tengo algo de temor.

Yo lo dije una vez y no me retractaré de ello. Para mantener una relación de cualquier índole hay que ser constante. Siento que  hemos recorrido caminos diferentes y nuestras carreras profesionales nos llevan a otros lugares que eventualmente no sé si tendremos algo en común.


Entre más pasan los años, más complicado es para mí socializar y sé que por esa razón no he hecho muchas nuevas amistades en los últimos 3 años. Soy más como Graham Coxon, soy esa canción de Coffee and TV. Porque hoy por hoy mi nueva mejor amistad ha sido una pantallita.

viernes, 2 de mayo de 2014

Eso de enamorarse

He estado recapitulando pasajes de mi vida. Hay unos recuerdos que llegan frescos, frescos como la lechuga. Hay otros recuerdos que parecen distantes y borrosos como esos lentes empañados. Esta parte de mi vida está entre fresca y borrosa.

Soy una niña, con todo lo que eso conlleva. Tienes que pelear todos los días con una parte de ti que no te gusta. Alguna de esas partes, que son varias, te molesta más que otras. La mía es mi incapacidad de ser sensible y seria en esas cosas del amor. Me burlo, me aburro, me parece patético y también me parece triste.

Recapitule esa parte de mi, porque hasta en esto hay estándares. Ahora que tengo los veintitantos, sí importa hablar de estas cosas, ahora no es algo infantil y trillado. No sé dónde tomo la seriedad, supongo que lo tomo cuando me rompieron el corazón.

Honestamente me da miedo. En general, me da miedo conocer gente, hombres y mujeres, qué les puedo decir soy una persona muy tímida. A veces mi timidez se traduce en una actitud grosera o altanera, no es así, sólo no sé actuar con otras personas. Me dan miedo las personas, porque irremediablemente te lastiman.

Abrir tu corazón (qué frase tan cursi) es complicado. Qué te garantiza que no saldrás corriendo desconsoladamente, quién te garantiza que no saldrás con un montón de traumas y con aún más miedos. Nada, con las personas y los sentimientos no hay garantía de nada.

Así que voy por la vida como una adolescente de 16 años, porque a los 16 me decían que estaba bien. “Está bien, no te apresures, alguien vendrá, no eres rara”, pero y ¿ahora? Ya no tengo 16 años y algunas personas me dicen “esta bien ya vendrá”, pero no lo dicen con esa seguridad de hace 6 años.

¿Debo comenzar a usar esas salas de chat? Mi familia cada vez duda más de mi existencia como persona emocional y cercana a otras personas, sobre todo, del sexo opuesto. Hacen cualquier cosa para sacarme hasta en rifa, si pudieran, estoy segura que me presentarían a cualquier persona a la menor oportunidad.

Saben, no me preocupaba antes, tampoco es que mi vida gire en torno a mi situación sentimental. Es sólo que ahora, veo más seguro estar en soledad toda mi vida. No es culpa de los demás, no me malinterpreten. Los esfuerzos se han hecho y sin éxito.

Las experiencias que he tenido han terminado en canciones amargas, comida chatarra y alguna que otra lágrima. Luego como uno es exagerado, piensa “ya, esto es lo peor que me puede pasar”, pero no lo es. Supongo que a eso le temo más, pensar “si pasó esto, qué pasará con el siguiente”.

Mis elecciones han sido erróneas. No con las personas, pero sí de la forma en la que me manejo. Nunca me había enamorado, es decir, no realmente. Esas canciones de la vida eran sólo canciones. No quería entenderlas, pero es una cosa involuntaria que también te avisan, y a la que te rehúsas involucrarte hasta que estas bien metido.

Vi una tonta, tonta película romántica. Debo decir que esos filmes tienen la culpa de las ilusiones y esperanzas en las personas. Una vez alguien me dijo: “tu historia me recuerda a esa película”. La vi con cierto escepticismo y de manera muy ridícula, sí se parecía a algo que viví. La vi varias veces más, después de eso.

Me recordaba lo que había vivido y quería pensar que de alguna forma eso nos pasaría. Nos veríamos después de un tiempo, luego otra vez y luego otra vez. Volveríamos a mirarnos de ese modo y nos daríamos cuenta que nos extrañábamos y que nunca habíamos conocido a alguien como nosotros. Es una tontería ¿no?

Quería pensar, supongo, que existe aquel mito de la media naranja, del primer amor, del amor de la vida, pero no sé quién inventó eso. En el camino algo tortuoso que pasamos los dos creo que nos dimos cuenta que nos encontramos en un momento extraño, pero que esas cosas que se escriben en los libros y los guiones de las películas no son cosas que realmente pasen.

Eres exigente, me dicen. La verdad es que no he madurado. Que tal que sigo soñando despierta con aquel vocalista de esa banda de la adolescencia. Que tal que pienso que un día voy a despertar, salir al cine sola y alguien con finta de ser inglés, músico y filántropo se me acerca a preguntar mi nombre. Podría escribir esos guiones de películas, son muy sencillos si usas todos los lugares comunes.

Después de todo lo que pasó, hice mi táctica de retirada porque no había nada más que hacer. Además de envolverme en las cobijas y adoptar posición fetal, me encerré en ese caparazón que por más intentos que haga, simplemente, no puedo quitarme.

Llegan otras personas, es decir, hombres, se me acercan, y me parece tan irritante. Ódienme porque lo merezco. Me caen mal, me chocan los falsos conquistadores que tratan de parecer galantes con frases mal hechas, me caen tan mal los que hacen cosas súper extrañas porque son igual de tímidos que uno, o que te hacen sentir incómoda con su cara de cachorro, o esos que se invitan solos o están esperando  a hacer algo juntos. Lo sé, soy tan intolerante.

Mis amigas me dicen “ya sé, ya sé, eso nos pasa a todas”. No digo lo intolerante. Sino la parte en la que las personas que nos agradan física e intelectualmente no les gustamos. En mi caso, piensan que soy rara o tienen novia, que es aún peor. Y a todas les pasa que las personas que menos nos gustan están ahí como garrapata.

“No será que los atraes”, me dijo una amiga. Me sentí peor, qué clase de personas estoy atrayendo. Aquellos que son lo contrario a mi, que les gusta lo contrario que a mí. Les atraigo porque soy “rara”, cuando me dicen eso, me siento como cuando en la secundaria me molestaban los niños porque decían que me veía chistosa enojada. Así de absurdo me parece.

Quitando mi parte irritable, pienso en mi poca experiencia. Las últimas dos personas que me gustaron y de las que sí, puedo decir que me enamoré, uno más que el otro, fueron algo crueles. Asumo toda mi responsabilidad, es más asumo LA responsabilidad. Fue mi culpa no salir, fue mi culpa no actuar, fue mi culpa callar, fue mi culpa hacerlo cuando sabía que estaba mal.

Al final, ellos dijeron que sentían algo, quien sabe si algo muy fuerte o no. También al final decidieron dejarlo, dejarme. Eso me hace pensar si soy alguien por quien realmente no vale la pena pelear. Si soy alguien por la que no vale la pena arriesgar algo o aprovechar el momento.

Después de mis cosas raras e irritabilidad, mencionada líneas arriba, supongo que no, no valgo la pena para arriesgarse en una relación con alguien que tiene tantos problemas mentales como yo, y que es, nunca sobra decir, demasiado exigente y demasiado miedosa. Así que como no va a llegar un Damon Albarn o un inglés a cortejarme, supongo que seré una tía loca por los perros.

Honestamente, a veces me da tristeza, pero es algo que no he podido cambiar, porque sé que soy yo completamente la del problema. Algunas de mis amistades ya se cansaron de decir “ya llegará”, lo han reemplazado por el “¡pues dile que si sales con él!”. En realidad es que soy un alien que ha venido a fastidiarlos a todos y no puedo enamorarme.

Lo he pensado más porque es lo que hacen las jóvenes adultas de veintitantos. Lo he pensado porque llegó una fiebre desde el año pasado llamada “Ya tengo novi@ 2013-2014”. Porque llegan los novios, los espos@s y los hijos y los amigos se van olvidado de ti, mientras yo me quedo desvelándome, viendo esa tonta, tonta película romántica mientras como bombones.


Estaré viéndola, pero ya no le encuentro el parecido a mi historia, porque dentro de 5 o 10 años si nos reencontramos, no te acordarás de nada. Luego iré a la cama y fantasearé como a los 16 años con ese vocalista mientras el sueño me vence y mañana comienza un nuevo día.

sábado, 12 de abril de 2014

El nuevo milenio

He estado recordando los dos miles. Llegué  a la parte melancólica de los veintitantos y en este punto no se puede detener. Vinieron a mi mente como algo curioso, buscaba información sobre un tema y pensé: “el dato es de 2004, no ha pasado tanto… ¿o si?”. Después llegaron en forma de flasbacks y me percaté de que habían pasado 10 años.

Parecía sencillo recordar tantas cosas como si hubieran ocurrido hace alguna semanas. Los dos miles no se me antojaban tan lejanos, pero en 2004 tenía 14 años y ahora estoy por cumplir los 24. Entre el pasar de las páginas mentales, estaba cayendo en cuenta de que está más lejano de lo que imaginé.

Después me dio una extraña añoranza por escuchar esa música que poníamos en los discman. Anhelé poder revivir uno de aquellos días de verano, tan despreocupados, tan sencillos, llenos de risas y de lágrimas que no contenían tanto dolor. Supongo que es inútil de algún modo quererlo de nuevo.

Recordarlo no le hace daño a nadie, me saca sonrisas. Recuerdo cómo vestía, como eran los jeans acampanados, rotos de las orillas, rotos de las rodillas, los suéteres color pastel, luego las sudaderas negras y los amados converse rotos, sucios y viejos. Incluso recuerdo el sabor de las cosas, de las tortas de milanesa y las papas con salsa y la comida recién hecha en casa de mis tíos.

El sonido de la música tiene un toque dos mil, tiene un ruido especial que se introduce en mis oídos y me hace transportarme a ese momento. Cuando escucho el sonido de las voces de aquellos músicos, creo que estoy ahí de nuevo, incluso si cierro los ojos y pongo mucha atención siento que tengo ese corte de cabello y esos jeans de tubo ajustados.

Luego vuelvo a este momento y todo me parece aburrido, al menos en alguna medida. Todo me parece más de lo mismo y a veces no entiendo el entusiasmo colectivo. Las risas las escucho como ecos lejanos de alguna parte que aún no descubro. Miro fijamente por la ventana y no veo más que gente caminando sin rumbo en las calles, tal como yo.

Hace unos días mire las fotos. Reproduje esa canción y me sorprendió recordar la letra. Miraba las fotografías y cantaba, con el nudo en la garganta, lloré pero no me di cuenta cuando comenzaron a caer las lágrimas. Nos veía reír, me veía con ella, con ellos, recordé la primera vez que corrí, que me emocioné, que los conocí e incluso volví a reconocer olores. Reía y lloraba, lloraba y reía,  no llegué a notar la diferencia.

Catorce años es mucho. Veo a las personas que me rodean, los más chicos han crecido, los más grandes son ancianos y yo adquirí responsabilidades, soy la del nombre, la del apellido, incluso la de la cara, los brazos, las piernas y las manos, pero no pude determinar si soy la misma.

Releí esas cartas con faltas de ortografía, pero con tantas palabras llenas de amor. Leí las felicitaciones, las dedicatorias y los dibujos. Parece aterrador, regresó el pensamiento de que los dos miles no parecían lejanos, pero por qué nos recordaba diferente.

Pasaba las hojas y las fechas, y los días. Otra vez eran lejanos. Encontré esa foto donde estábamos las tres, pero ya no hay más tres. Encontré la foto del mayor logro escolar de secundaria, pero ya no significa nada. Encontré la dedicatoria de ella y recordé que ha sabido expresar mejor lo que siente. Encontré la fotografía de todos sentados en la jardinera y ahora no sé dónde están muchos de ellos. Encontré este blog y descubrí que realmente sí escribía bien… antes.


Mis allegados continúan diciendo: “hey, disfruta el hoy”. No es que no lo disfrute, pero también disfruto recordar cuando había cosas que me hicieron ser lo que soy. La verdad, regresar un día sería bueno, saber de nuevo qué es sonreír y tener esa mirada que recordaba tener. Aquellos dos miles se ven tan lejanos.

martes, 11 de marzo de 2014

Retorno a la vida laboral

Es en este espacio donde me puedo descoser libremente. Tiene muchísimo tiempo que no publicaba nada por acá. Quería o más bien había planteado como objetivo ser más profesional con mis redes y con mi blog (cosa que no he logrado), por eso creé el otro blog en wordpress. Según yo iba a mantener los dos simultáneamente, pero la verdad es que ya no quería compartir penas y congojas así tan descaradamente. Creo que de algún modo me volví más discreta.

Tampoco es que hoy vaya a llorarles y quejarme como siempre lo hago. Pero este tipo de temas no se me antojan para el otro blog que he llenado de cursis reseñas de conciertos, de recomendaciones de películas, libros y series. Eso tampoco es profesional, porque también resulté contestaría y muy metida en rollos sociales, como siempre.

Ya es el tercer mes del año y es en estos días donde comienzo a ver cómo encarrilar el recuento de fin de año, qué apresurado. Más bien es que cuando llegan estás fechas es inevitable recordar los inicios de años pasados y siempre parece tan, pero tan lejanos aunque sólo haya pasado un año.

Pues bien, ya trabajo de nuevo. No voy a hacer un tratado por ello, ni escribiré una carta de agradecimiento a nadie por el hecho. Es algo que tenía que hacer, la vida sigue sin ser sencilla, nunca lo va a ser. Estoy impresionada por la suerte que tuve y por la oportunidad que se presentó.

Debo confesar que a veces me da miedo, da miedo crecer y ver como siguen y siguen pasando los años. También se siente inseguridad porque a pesar de haber pasado por lo que ya pasé, se siente como el primer empleo y hay muchas cosas que no sé, aunque mi pensamiento ordinario continua siendo: “es normal, estás aprendiendo”, es reconfortante a veces.

Estoy escribiendo sobre temas serios, sobre temas y tonos que debí de haber adoptado para el blog de wordpress. Se me dificulta mucho la parte en la que todo es números, porcentajes y cifras, es decir, lo hice mucho tiempo para la escuela, pero es difícil incorporarlo a esta forma de escribir, como si de pronto después de toda esta palabrería, les dijera: pero el 80% de los egresados de las universidades no encuentran empleo, de los cuales el 65 por ciento de ellos declaró que no se dedicaría a su carrera (Los números son falsos, entiéndase que es un ejemplo hipotético).

Sigo aprendiendo y enfrentado miedos que se presentan todos los días. Tratando de no sucumbir a los días que parecen…parecen extraños y adaptándome a esta forma de vivir, es decir a la nueva forma de vivir. Es como empezar de nuevo aunque ya no tenga veintidós años y este próxima a cumplir los 24 que tengo que decir, me aterran.


Al menos, y no sé qué tan bueno sea, tengo un propósito y estoy, en la medida de lo posible, tratando de llevar a cabo un plan que he tenido en mente hace tiempo. No sé si los sueños e ilusiones regresaron, pero se siente bien, con todo lo que signifique hasta hoy.