miércoles, 22 de mayo de 2013

Por última vez


A una semana de que este blog cumpla cuatro años, hoy digo adiós. Según yo, no iba a hacer una entrada para “despedirme” pero qué diablos. No me voy porque tenga una excelente oferta de trabajo o porque vaya a recorrer mundo, me voy porque ya es tiempo de hacerlo.

Este blog al que quiera o no le tengo mucho cariño me trajo cosas buenas y malas. Me descare de una forma que no imagine y también le dio oportunidad a algunas personas de conocerme más. Agradezco, quizá más de lo que me avergüenzo, al fin y al cabo nunca tuve un éxito desmedido contando mis penas.

Hace unos días les decía a unas amigas: Ya no quiero escribir. Pues ese pensamiento cobro más sentido y llegó a puntos críticos estos días. Siempre pensé que la escritura tenía ese don inagotable, aún lo creo, pero no lo fue para mí, al menos no en este momento.

El problema con la escritura es que me permitió soñar con cosas que no logré concretar y que dadas mis circunstancias actuales no podré concretar. Para muchos esta será una forma de darme por vencida, para mi es una forma de “sanar” –que palabra tan más mala –mis pensamientos.

No es que deje de escribir nada más así, es más bien que quiero dejar de hacerlo público. Esa fue una parte a la que me enfrenté y me trajo algunos conflictos. a pesar de que este siempre ha sido un proyecto personal, muy personal, no quiero que está sea mi carta de presentación, me parece bastante mediocre.

En fin, si regrese o no será bueno, pero no lo pienso ahora. Las palabras ya no salen, se parece un poco a las lágrimas, tampoco salen últimamente y si lo hacen lastiman mucho mis ojos. Así ha sido las palabras que escribo ahora me lastiman los ojos.

Gracias por decir,  y decirme, y decirme todas esas palabras de apoyo a este muy, muy humilde espacio. Ahora sin poner objeción, ni nada, las agradezco. Pero sobre todo agradezco infinitamente que se tomen el tiempo, su muy, en serio, muy valioso tiempo para leerme.

Hasta pronto. 

martes, 14 de mayo de 2013

Una vida sin productividad


¿Hasta cuándo una vida se puede llamar productiva? ¿Qué es aquello de la productividad? ¿Tiene que ver más con el asunto económico? Las grandes interrogantes de la vida que se anteponen a cuál es la pregunta última del Universo y todo lo demás.

Estos días he estado en un modo de improductividad asombrosa. No recuerdo cuánto tiempo tiene que no me sentía así. Realmente esto sólo alimenta la depresión del olvido, de las malas decisiones, de la vida colectiva y de los pensamientos personales, pero más que nada de la soledad.

Luego me puse a reflexionar. De un tiempo para acá en la casa siento un extraño ambiente. No sé si sea de forma negativa. Me preocupaba al principio. Ahora el agotamiento mental y los malos hábitos no permiten que ocupe demasiado mi tiempo para reparar en ello. ¿Estaré haciendo mal?

La verdad es que si comparo mi vida actual con la de hace cinco o más de cinco años no cambia en cuanto a mis actividades. Insisto, el estatus de estudiante te otorga un cierto respeto no merecido. Por ejemplo, en la secundaria, por las mañanas iba a la escuela, el resto del día me la pasaba haciendo tarea ¿en serio? ¿en serio todo el día me tomaba hacer la tarea? Eso es productividad.

Ahora que si comparo mi vida con la vida de la niña que vive por aquí tampoco es muy diferente, pero su excusa es muy buena: es una niña. Yo ya no lo soy y aunque quiera tener mi complejo de Peter Pan, dudo mucho que pueda lograr se una niña para siempre.

Se parece mucho a la vida de adolescente la que llevo actualmente. Pero se parece mucho más a la vida de estudiante de secundaria que llevaba. En el bachillerato al menos tenía amigos a quienes frecuentar. Esto ha cambiado mucho.

Afortunadamente para mis amistades, y de alguna forma para mi, tienen sinfín de actividades. Ellos o muchos de ellos se han tomado en serio lo de la vida adulta, como yo debería hacer. Creo que es bueno, si los viera o los frecuentara me recordarían lo miserable que soy por tener una mezquina vida de pseudo adolescente.

En fin, supongo que días más aciagos vendrán. Lo digo por la llegada de la terrible mitad de año. Es justo en ese momento donde volteas y te percatas que has llegado a la mitad del año sin trascender. Mientras tanto sigo teniendo alucinaciones de los escasos sueños que me quedaron. A veces imagino que suceden.

domingo, 12 de mayo de 2013

Una caja de chocolates



No es una cita a Forrest Gump, la verdad no soy la más fan de la película. Es bien raro encontrar a una persona que no le gusten los chocolates. Yo, en lugar de una taza de café, comía chocolates sin control para mantenerme despierta.

Últimamente los días han sido extraños. Me han llegado pensamientos extraños también. No es bueno pasar tiempo en casa. Cada vez me doy cuenta que estoy llegando al límite de la edad, más bien es que es el punto culminante de la llegada de los 23 y su crisis.

En contra de mi propia salud y de lo que es bueno. He comido bastantes chocolates al día para saber que algo no va muy bien. Creo que es el asunto de asumirse como una persona adulta. Aún soy muy joven, me dicen o… me decían. Lo dicen de dientes para afuera, en realidad buscan que te vayas.

Ser muy joven también significa depender de algunas personas y lo que buscan los otros es que dejes de tener esa dependencia. Si las cosas han cambiado y el mundo ha cambiado, entonces por qué no puedes seguir tus sueños.

En lo personal creo que soñé muy alto. El resto de los años en los que deje de soñar, alrededor te dicen que no podrás hacer tus sueños realidad. Nunca te dicen que creen en ti y acabas por dejar de creer en ti y destruyen tu confianza.

En eso te vas a morir de hambre, aquí eso no existe, no vas a llegar muy lejos, eso está difícil, es que no es tan fácil, no ganas dinero con eso, cómo vas a mantenerte: son de esas frases que repiten una y otra vez para que dejes de soñar. Finalmente lo consiguen.

No querido ver, ni hablar con nadie. No sé si sea depresión, me da lo mismo, de alguna forma u otra seguiré en el camino, o lo que sea. Me aburre la vida, me aburre hacer lo mismo, me aburre pensar en lo que viene, me aburre la gente, me aburre estar aquí. No quiero ver a nadie porque escucho lo mismo. Sin afán de ofender a nadie, no quiero escucharlos más, lo hice mucho tiempo.

El mejor amigo que tengo ahora es esa caja de chocolates y la música, a veces una que otra serie o película. He estado dibujando, no algo en especifico, sólo son trazos. No me importa si soy buena en eso, lo hago porque me hace sentir bien. Entonces mientras trazo como un chocolate y otro, y otro, y otro.

Ellos no hablan todo el tiempo, ni se quejan de lo miserable que es su vida de chocolates, no compiten contigo para ver quién tiene la vida más miserable, tampoco te lastiman ignorándote todo el tiempo, no creen que su vida en una caja es mucho más importante que la tuya. Son la mejor segunda compañía. La primera es la música. Amo a esa gente más que a mi misma, los amo porque no los conozco y no me conocen, pero me abrazan todas las noches en vela cuando me siento sola.