domingo, 28 de abril de 2013

Olor a cigarro




Tengo una animadversión al cigarro. Bueno, quizá exageré con lo de animadversión. No me gusta, pero tampoco escupo sobre ellos. Tienen unos antecedentes infantiles y oscuros. Mis padres fumaban cuando era pequeña, mis tíos y tías eran fumadores sociales, aún lo son, mis padres dejaron de fumar.

En la secundaria vi a unos cuantos compañeros experimentar con el cigarro. Me parecía ridículo, no se ven grandes, se ven patéticos. Me daban lástima, daban una ridícula bocanada y ponían una pose idiota. Me empezó a caer mal el cigarro.

En fiestas familiares aunque mis padres ya no fumaran mis tíos sí lo hacían. Fumaban uno tras otro en la sala y al día siguiente terminaba con la nariz congestionada. Ya no me agradaba tanto el cigarro.

Luego la conocí a ella en el bachillerato. Fumaba mucho y nosotros intentábamos que no se fumara una cajetilla diaria. Si antes me desagradaba estar junto a una persona que portara un cigarro, con ella no me molestaba en lo absoluto. Ya fueran los mentolados, los baratitos, los “chidos”, no importaba.

En la universidad el 90% de los estudiantes fuman. No se diga los estudiantes de comunicación son unas chimeneas andantes. Es la ansiedad, la tristeza, el frío, los nervios, el estrés, el sueño, al parecer cualquier excusa es buena para prender un cigarrillo.

Es un vicio feo, para algunas personas es imposible permanecer sin un cigarro. Aunque todos dependemos de algo, quizá yo no del cigarro, pero supongo que de algo debo depender y aun no lo sé.

Luego me di cuenta que los escritores, intelectuales y los músicos a los que admiro fumaban al menos dos o tres cigarrillos. Una vez una compañera me comentó que empezó a fumar porque quería emular a las personas que admiraba. Mi salud no me permitiría tal proeza y además me vería ridícula, pensé.

Algunas personas capturan su momento con su amigo el cigarro en una fotografía. Me molestaba antes, a los ocho y llegué a prometer jamás tocar un cigarro. Entraba en conflicto cuando se me acercaba una persona con un cigarro en la mano y ese inminente humo que funciona como una especie de espía o de complice.

Creo que aún tengo un grado mínimo de molestia con el cigarro, pero hay algo de él de lo cual no puedo zafarme: el olor a cigarro. Cuando conocí a Goby y sus eternos cigarros me gustaba oler su cajetilla porque olía a algo antaño, o eso me parecía. Para mí olía a un lugar rústico y lejano donde podías pasar el día para pensar.

A la mayoría de las personas les desagrada el tufo que deja en los fumadores el cigarro. Por extraño que parezca ese tufo me agrada. Me huele a personas melancólicas, me huele a personas que sienten y me huele a personas talentosas. Probablemente enloquecí.

martes, 23 de abril de 2013

Broken



Ella es aún pequeña. Su padre esta a su lado preocupado. La imagen es aterradora. Ella tan pequeña postrada en una cama. Él la mira porque no hay nada más en este mundo. Ella tiene los ojos cerrados. Imágenes aleatorias pasan de un momento a otro. Él la tiene tomada de la mano pero ella no parece percatarse. Él le dice: “Tú eres mi chica”.

No voy a decir que soy muy intelectual y veo películas independientes. Llegan porque en realidad no soy tan indie. Llegan porque me gusta lo mismo que a todos pero con algunas diferencias.

El cine inglés se me antoja atrevido, se me antoja simple y por sobre todas las cosas se me antoja melancólico y emocional. Es por eso que las películas de realizadores ingleses pegan en lo más profundo del alma. Llegan donde las palabras quizá no puedan hacerlo y quieres volver a ver esa escena una y otra vez para entender.

Broken llegó en un momento especial. Broken en el modo más técnico es una película inglesa. Ópera prima del director Rufus Norris. No existe un elenco espectacular, salvo Tim Roth y Cillian Murphy. Al decir espectacular me refiero a que no hay en la película actores que ganen las absurdas cantidades de Hollywood.

En cuanto a actuaciones espectaculares debo decir que la joven Eloise Laurence es realmente sorprendente. Nadie más pudo ser mejor esa pequeña niña que esta a punto de descubrir el cruel mundo en el que nos toca vivir.

En la película podrá haber mucho tópicos, pero quiero resaltar el que me conmocionó al punto de las lágrimas cada vez que la veo: la relación padre-hija.

Para los que tenemos algunos conflictos con los padres, puede ser padre o madre, lo entendemos. Es complicado querer a personas que nos dicen que tenemos que amar. Supongo que vendrá la inserción de la frase cliché de: “nadie los enseño a ser padres”. En realidad, nadie nos enseño a ser humanos y mucho menos a amar.

Dicen que las niñas son más apegadas a sus padres y los niños a sus madres. No sé qué tan cierto sea eso. La realidad es que en ambos casos, cuando una ausencia duele, duele en verdad. Puede ser, sí, puede ser que sea cierto que las mujeres estamos más apegadas a los padres.

A veces, es difícil verlo a los ojos. A veces es difícil abrazarlo para volver a sentir amor. Es difícil perdonarlo y verlo sufrir por mi causa. Yo no sé qué se sienta que un hombre te rompa el corazón, pero si dicen que el padre es nuestro primer amor, entonces creo que él ha roto mi corazón un sinfín de veces.

Cuando veo la escena que les describí al principio, me pregunto qué pasaría si estuviéramos en esa situación él y yo. Me pregunto qué sentiría él y yo. Me pregunto si podría regresar con él y también si él volvería a quererme como antes o volvería a importarle como antes. Sólo sé que el rojo es color cuando mueres.

jueves, 18 de abril de 2013

La gran pista de baile




Era 2007 y yo tenía diecisiete años. Parece lejano en ocasiones y otra veces se siente cercano. Era un buen momento, no sé si en general lo dudo, pero era un buen momento en mi vida. Mi ignorancia sobre muchas cosas me hacían realmente feliz. Quizá más bien es que sólo tenía diecisiete años.

La conocí a ella con unos chinos y unos lentes curiosos. La escuché gritar y ser extrovertida tantas veces. Es como nadie que haya conocido, pensé. No parece haber una secuencia lógica en cómo nos hicimos amigas, pero no me importa porque cambió mi vida para siempre.

Después de tantas peripecias en el transporte público, de largas horas de plática y risas, nos concentrábamos en la música. Discovery, Homework y Human After All se convirtieron en cómplices. Me gustaba verla feliz y verla bailar. En realidad creo que estar con ella me hacía feliz a mi.

En esos días también pensábamos sobre eso que he dicho en recientes ocasiones. Esas bandas que moríamos por ver y que después de ver podíamos morir. Daft Punk se convirtió en una de esas bandas. Es gracioso que llegué el extraño presentimiento de que una banda va a venir y comiences a escuchar desenfrenadamente su música aún sin saber que van a venir.

Un día nos enteramos y literalmente nos volvimos locas como adolescentes. Ni siquiera recuerdo cómo fue conseguir boletos, pero lo hicimos. Hasta ahora es cuando me doy cuenta de la suerte que tuvimos.

Nunca había ido a un concierto con ella y parecía que había ido a todos los conciertos con ella. Nos “arreglamos” y nos citamos en el metro para ir juntas. Creo que íbamos con nervios, no sé si por ser nuestro primer concierto juntas o porque temíamos perdernos en el camino.

Fue un 31 de octubre de 2007. Era Halloween en Gringolandia, pero como aquí todo copiamos, algunos sugirieron ir disfrazados. En el metro vimos a un hombre que era una cruza de Freddy Kruger con Depredador y nos dio mucho miedo, pero nos intrigaba saber si iba al concierto disfrazado.

Llegamos y todo parecía fuera de este planeta, fuera de este tiempo. Era el mismo Palacio de los Deportes que había visto antes. Ese día no era el mismo y no podía serlo. Buscamos nuestros lugares, pues los boletos que alcanzamos estaban en gradas, justo en medio. No olvidaré esa justa posición.

Mi hermana me dijo días antes: “esa música se baila ¿tu vas a ir a bailar? Si ni sabes”. No recuerdo si le respondí algo. Cuando llegué me empecé a preocupar por si iba a bailar y de hacerlo, si lo haría bien. Volteé a ver a Goby Wan y no me importó si sabía bailar o no.

Al cabo de unos minutos y de un incidente con una cajita, comenzó el grupo telonero, del que me sabía una canción. Después… las luces se apagaron y sentí mi corazón latir fuertemente. Aún lo siento.

Un telón cayó y había una pirámide enorme. Las luces se encendieron. Las luces se encendieron y todo comenzó.

Nunca he sido muy fan de la música electrónica. La música de Daft Punk es casi inclasificable. Sí es cierto, a la gente la hace feliz es bailar. Parece estimulante mover tus brazos, tus piernas y tu cabeza al ritmo de la música. Creo que de eso se trata la música de Daft Punk: te pone a bailar.

En un sentido un poco más estricto, podría decir que considero a Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem Cristo como unos músicos en toda la extensión de la palabra. Conocen su negocio y lo hacen muy bien. Son un espectáculo por si mismos.

Estaba al lado de Goby, recordando todos esos momentos en los cuales caminábamos despreocupadamente con la música de esos dos robots arriba de una pirámide de luces. No me di cuenta del momento en que comencé a bailar. Me detuve al pensar si haría el ridículo. Miré a mi alrededor y todos, todos bailaban, nadie era un gran bailarín. No importaba, lo que importaba era que te movieras.

Como leí unos días antes alguien predijo que el Palacio de los Deportes se convertiría en una gran pista de baile. Me alegro y me siento afortunada de haber sido parte. Lo que más agradezco sin embargo es haberlo vivido con ella. Recordar y escuchar a Daft Punk es acordarme de que un día sin saberlo y sin pensarlo fui muy feliz.

Daft Punk representa para mi lo feliz que puedo o que podemos ser. Hace falta mover los pies y los brazos únicamente. Hacen que las máquinas y lo automatizado de ellas se vuelva más humano con la música. Hacen que lleguen a mi mente tantos recuerdos que aunque son lejanos se viven intensamente al traerlos a la memoria.

Ahora regresan con un nuevo disco. Parece ser un gran acontecimiento ahora y sí es la razón por la que escribo sobre esto. No importa, nunca es tarde para recordar lo que valía la pena y lo que vale la pena. Las cosas han cambiado, ya no soy tan ignorante como antes, ya no tengo 17 años, ya no veo a Goby, ya no soy feliz.

Los días son duros en ocasiones. La música ayuda entre tanta locura, maldad y lo absurdo que es el mundo, a traernos cordura a nuestras vidas. Si eso vale la pena entonces me podré quedar aquí más tiempo. Tengo veintidós años, no soy tan ignorante, no veo a Goby y la extraño… sólo necesito bailar y estar en una pista de baile frente a unos robots.

Sólo ¡one more time!

martes, 16 de abril de 2013

El Blog


Escuché ahora que el blog ya murió. Supuestamente es a causa de los videoblogs, pero más bien creo que a la gente ya no le interesa leer. No necesitan hacerlo porque prefieren que todo sea mucho más visual y las letras no tienen ese atractivo interactivo y colorido que tienen los vídeos o las imágenes.

Quedé en cierta parte devastada por la noticia. Me gusta escribir aquí, ya no es como antes y no quiero sonar hipster con eso. No es la cosa de que es muy mainstream, eso dejó de serlo hace mucho tiempo. La cuestión es, que ya no es lo mismo escribir. Ya no soy la misma.

Yo creo que seguiré aquí un tiempo aunque todos se hayan ido. Estaré aquí para dejar testimonio y seguiré en blogger porque estoy pasada de moda, siempre lo he estado.

El próximo mes el blog cumple tres años. Imagino que son un poquito más, escribiendo en blogs tengo más o menos siete años. Este tiene tres, después de faltas de ortografía, coherencia y muchas vergüenzas.

Aunque este blog cumple tres años en mayo, por alguna razón recuerdo más cuando hice mi reapertura del blog en abril. Fue porque cuando lo inicié no sabía de qué escribir en la primera entrada. En mi reapertura fue algo sobre un concierto de una banda que, curiosamente, regresa este mes.

Es por esta razón que le hice algunos pequeños e insignificantes cambios después de todo… bueno, no sé, siempre regreso al blog de una u otra forma. 

martes, 9 de abril de 2013

Alguien me enseñó a escuchar música



A veces algunos jóvenes se salvan. Los afortunados cambiar el mundo, no porque vayan con una bandera diciendo: vamos a cambiar el mundo. Es más bien por el hecho de que cuando conoces a personas así te hace ver de distinta forma las cosas. Es difícil encontrarlos y agradezco infinitamente tener la fortuna de conocerlos.

Yo era, más bien soy una chica normal. Tengo algunas cosas anormales, pero me dicen que eso es más común: tener ciertas anormalidades. De pequeña me parece, que no ponía tanta atención a las cosas y si lo hacía no estaba consciente de ello.

La música es un recurso indispensable de catarsis en la vida de una persona. A los diez años no lo veía así. Escuchaba la radio, poco, y las canciones que gustaban a mis padres y hermanas. No era tan importante poner atención, no fue tan importante poner atención hasta que me sentí sola.

De cualquier forma no crean que eso me orillo a poner atención en la música. No, porque nunca he sido autodidacta. Me refiero a que incluso para escuchar música debes saber apreciarla, pero sobre todo poder sentirla de un modo que sólo tu entenderías.

Ellas me enseñaron y estaban muy jóvenes para saberlo, también era yo muy joven para entenderlo. La gran lección consistía en escuchar un disco completo al derecho y al revés; también podían quemarme un disco y obligarme a escucharlo haciendo preguntas al final del examen. Eso me enseño a expresar que el hecho de oír todos esos sonido me causaba una emoción.

Lo único que tenían que hacer para demostrarme su conocimiento era: “escucha, escucha esta parte”. Pase a la adolescencia entendiendo que no sé ni una pizca de música en el aspecto técnico, pero qué forma de sentir esas canciones. ¿Por qué te gusta una canción?: Porque sí.

Al final lo que pensé que se expresaba al responder a esas preguntas cómo: ¿qué te pareció el disco? ¿Escuchaste la cinco y no te recordó a tal? Al final, nada de eso tiene explicación con palabras, se consuma en una acuerdo o pacto íntimo entre la canción y tú. Tú sabes lo que se siente estar así y ellos saben qué sientes.

No basta sentirse solo, realmente es estar solo. En el sentido literal podía pasar horas y horas encerrada en una habitación de una casa vacía. Y en ese momento el berrinche o rebeldía adolescente y juvenil que te hacía prender el estéreo a todo volumen con ESA canción llenaba todo el ambiente. Al diablo si estaba sola y nadie te entendía, había alguien detrás de esas bocinas que tenía el valor de decir no sólo en letra también en forma de música eso que te callabas.

Al demonio si no hay nadie al lado mío, si me ignoran o son unos cerdos egoístas, tengo esa canción, esas canciones. Lo mejor de la vida es la soledad dijo Graham Coxon.