lunes, 21 de enero de 2013

Entre el exhibicionismo e incomodar a la gente




El viernes saqué mis diarios y algunas cosas que escribí antes. Leí algunas páginas. Me daba vergüenza pero continué leyendo como si no supiera qué seguía. Soy muy repetitiva y cuando se trata del drama sale muy natural. Al final de mis días con diarios escribía casi lo mismo. Dejé de escribirlo en 2011 porque tenía un blog.

Fue cuando me di cuenta de todo. Sobre todo el último año, considero que fui más leída. Más aún por mi familia. En algún punto, antes diferenciaba mucho lo que escribía aquí de lo que escribía en los diarios. Un día tal diferencia desapareció y convertí esto en un diario.

Aún hoy, creo, que mucho de lo que hay en esos diarios siempre fue más moderado aquí. Me caractericé mucho por no expresar mis sentimientos, al menos no de un modo tan descarado. No me di cuenta, honestamente, cuándo deje de ser precavida y reservada con mis sentimientos.

Me callaba todo el tiempo y muchas personas cercanas me lo reprochaban. En escrito era diferente podía decir cuánto quisiera, sobre quien fuera, sin miedo. Eso pasó aquí. Quise ser más divertida pero no tenía ánimo. Quise ser más imaginativa pero no tenía tiempo. Aquí sustituí todos esos libres pensamientos de los cuadernos llamados diarios.

La razón de tantas criticas y comentarios hacia mi manera de conducirme últimamente, está aquí. Al principio me desconcertaron esos comentarios, pero el viernes que leí mis diarios me di cuenta. Comencé a incomodar a mis familiares y amigos con tanta libertad de expresarme. Con pesimismo, tristeza, depresión y desesperanza.

La realidad es que uno se siente así y es el mejor momento para escribir. De lo que no estamos del todo conscientes es que eso puede incomodar a las personas alrededor tuyo. Pero lo peor de todo es que quedas como un bufón exhibicionista.

No estoy segura de si en un futuro cercano regrese a los diarios. Son buenos porque son en silencio y son precavidos. Pero por ahora, ni siquiera he escrito mucho por acá. Se debe a que, por fortuna, estoy haciendo otras cosas.

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