jueves, 3 de enero de 2013

Adolescentes con lentes



Este es mi primer post del año. No hay nada relevante en ello, pero aún así quería mencionarlo por si acaso.

He dicho anteriormente: pienso que nosotros, todos de hecho, vivimos en una especie de eterna adolescencia. No me retracto de este pensamiento, pero tal vez tenga que extenderlo o hacer ciertas diferenciaciones. Me preocupo demasiado en lo que me sucede que olvido observar bien, muy bien a los otros.

Crecer es difícil en cualquier sentido, si tienes ocho, o doce, o dieciséis, o veintitantos, o treinta y algo, es complicado. También dije que parecemos hacer menos nuestros conflictos existenciales y los que no son existenciales de adolescentes, eso también lo sostengo.

Hace unos días tuvimos una pequeña discusión con uno de mis sobrinos. Se me olvida en innumerables ocasiones la cuestión de que ya no son unos niños. Su adolescencia a veces me perturba porque yo continuo en la mía, pero obviamente parece necesario darles un mejor ejemplo.

La discusión versó sobre el hecho de que uno de mis sobrinos necesita y lo digo con mayúsculas NECESITA lentes. Nunca imagine que un accesorio tan diminuto incomodara a alguien de la forma en la que le molesta a mi sobrino. Él en especial que es un joven que no va acorde con su edad, me refiero a que es bastante maduro, reaccionó de forma adolescente.

El que no actué como un adolescente tan ordinario, no quiere decir que no lo sea, incluso que no sea infantil. Se nos olvida que tenemos ciertos problemas con nosotros o como lo dice una amiga “issues”. Lo educado, maduro e inteligente que es, desapareció en cuanto me alzó la voz y de manera necia y reacia me contestó ante la insinuación acerca de los anteojos. Es un adolescente.

No fue el que me alzara la voz. Hasta ahora comprendo lo que hice sufrir a propios y extraños en mi adolescencia, y aún ahora en mi segunda adolescencia. En esa etapa de la vida, siempre hay un elemento perturbador que nos saca de nuestras casillas.

Si quieren saber, no tengo idea de por qué le molesta tanto el tema de los lentes. Créanme, si lo pensaran por la burla, es un chico al que no le harían burla, es muy sociable. Su madre dijo: ya está grande y si no quiere ir no voy a obligarlo. La realidad es que a esa edad obligarlo a hacer algo parece absurdo. Su carácter se ha forjado en la base.

Cuando era adolescente me sugirieron usar lentes por un accidente que tuve. Nunca lo vi como una sentencia. Ahora seis años después ante dicha posibilidad por segunda ocasión, me emocionó el hecho. Pero descubrí que es probable que yo tenga una obsesión con mis ídolos, pensé: Si, si uso lentes, serán como los de Graham Coxon. Me pareció que me harían lucir interesante, claro, nunca pensé en depender de unos toda mi vida.

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