martes, 29 de enero de 2013

Je parle français




Estoy intentado nuevas cosas en mi vida. No muy arriesgadas porque no soy de esa clase de personas. Intento darle a mi vida diaria un elegante y sutil toque especial. Honestamente no sé si lo he logrado, pero me hace sentir bastante bien.

No había tomado un idioma hasta los dieciocho años cuando iba a, supuestamente, aprender inglés con los mormones. Además de que son raros, la verdad es que si no tienen una técnica de enseñanza a pesar de ser su lengua nativa, son malos enseñando.

Hasta antes de los doce años mi único contacto con otro idioma eran las cintas de personajes en inglés, que yo pobremente trataba de emular. Cuando en la secundaria me asignaron la clase de inglés, debo confesar, sufrí un poco. Luego inesperadamente salió alguna extraña habilidad para el idioma. Perdí con el tiempo esa habilidad.

En algún momento de mi adolescencia pensé estudiar algo relacionado con idiomas. No estoy segura si se me daban los idiomas, pero era algo que me resultaba encantador. Dicen que también es bueno para la memoria y de haberlo sabido antes me habría ayudado bastante.

Me metí a clases de francés. Dentro de mi rutina necesitaba otra rutina lo bastante interesante para querer salir de casa todos los días. No quiero aprender francés para ir por la vida diciéndole a la gente que sé francés. Me parece que era una buena decisión, sólo eso.

La verdad me provoca urticaria eso de la gente presuntuosa con los idiomas. Mi intención no es eso. Aún no sé lo suficiente de español como para decirle al mundo que sé otro idioma.

Hasta ahora con una semana y media puedo decir que es interesante. No es fácil o quizá lo mío no sean los idiomas y sigo aferrada. Pienso que algún día podré sostener una conversación vana y simple con un inglés o próximamente con un francés. No lo sé. Sólo sé decir tres frases en inglés y francés, y otras más con mucha torpeza en español. 

sábado, 26 de enero de 2013

El beso



Siempre imagino que será cálido, lento y a la vez apasionado. Imagino que soy realmente pequeña y que encontraré en un cuarto de juego a alguien especial. En un momento de descuido hablaremos, tardaremos en sacar frases. En otro momento de descuido nuestras manos rosaran ligeramente y habrá un choque eléctrico. Como en las películas. En un momento de descuido nuestra inocencia nos acercara peligrosamente y finalmente se dará.

Siempre imagino que será espontáneo, rápido y torpe. Imagino que soy una adolescente sin experiencia y algo miedosa. Estaré en soledad en algún parque, en alguna biblioteca. Alguien especial se acercará a preguntarme mi actividad. Me sonrojaré y le contestaré balbuceando las palabras. Se sentará al lado mío sin mi consentimiento. Me mirará rápidamente y yo intentaré evadir esa mirada. En un momento astuto él hará una proeza.

Siempre imagino que será largo, detallado y cuidadoso. Imagino que ya no soy una niña, ni una adolescente pero me siento algo sola. Estaré en una librería con ojos expectantes ante un nuevo libro. Compro uno, lo abro y lo huelo. Un hombre se acerca porque se me ha caído algo. Le agradezco y comienzo una caminata. Él me sigue por alguna extraña razón. Lo miro extrañada y algo molesta. Me detiene, acaricia mi mejilla, traza con su dedo pulgar mis labios y lo hace.

Siempre imagino que será dulce, corto y errático. Imagino que soy una anciana en un lugar donde se le dan de comer a las ardillas, a los patos o a las aves. Un hombre con canas se sentará a mi lado con dificultad. Dirá algunas palabras que no logro comprender. Nos miraremos por un largo rato. Nos abrazaremos con dificultad. Él acariciara mi cabello lentamente. Y entonces se acercará a mi.

Siempre pienso que soñamos demasiado. Siempre pienso que fantaseamos demasiado. Es mejor así, la realidad quema en las consciencias profundamente.

Fue largo, torpe, dulce, errático, detallado y apasionado. No fue ninguna de esas cosas. Nunca he sabido qué es realmente un beso. 

lunes, 21 de enero de 2013

Entre el exhibicionismo e incomodar a la gente




El viernes saqué mis diarios y algunas cosas que escribí antes. Leí algunas páginas. Me daba vergüenza pero continué leyendo como si no supiera qué seguía. Soy muy repetitiva y cuando se trata del drama sale muy natural. Al final de mis días con diarios escribía casi lo mismo. Dejé de escribirlo en 2011 porque tenía un blog.

Fue cuando me di cuenta de todo. Sobre todo el último año, considero que fui más leída. Más aún por mi familia. En algún punto, antes diferenciaba mucho lo que escribía aquí de lo que escribía en los diarios. Un día tal diferencia desapareció y convertí esto en un diario.

Aún hoy, creo, que mucho de lo que hay en esos diarios siempre fue más moderado aquí. Me caractericé mucho por no expresar mis sentimientos, al menos no de un modo tan descarado. No me di cuenta, honestamente, cuándo deje de ser precavida y reservada con mis sentimientos.

Me callaba todo el tiempo y muchas personas cercanas me lo reprochaban. En escrito era diferente podía decir cuánto quisiera, sobre quien fuera, sin miedo. Eso pasó aquí. Quise ser más divertida pero no tenía ánimo. Quise ser más imaginativa pero no tenía tiempo. Aquí sustituí todos esos libres pensamientos de los cuadernos llamados diarios.

La razón de tantas criticas y comentarios hacia mi manera de conducirme últimamente, está aquí. Al principio me desconcertaron esos comentarios, pero el viernes que leí mis diarios me di cuenta. Comencé a incomodar a mis familiares y amigos con tanta libertad de expresarme. Con pesimismo, tristeza, depresión y desesperanza.

La realidad es que uno se siente así y es el mejor momento para escribir. De lo que no estamos del todo conscientes es que eso puede incomodar a las personas alrededor tuyo. Pero lo peor de todo es que quedas como un bufón exhibicionista.

No estoy segura de si en un futuro cercano regrese a los diarios. Son buenos porque son en silencio y son precavidos. Pero por ahora, ni siquiera he escrito mucho por acá. Se debe a que, por fortuna, estoy haciendo otras cosas.

martes, 15 de enero de 2013

¿Estoy siendo irónica? No




En un momento de iluminación trasnochado me di cuenta que era mi canción favorita.

Con seguridad les ha pasado. Les preguntan si tienen una banda favorita y los que son melómanos de alma y corazón responde sensatamente un: no sé, es difícil, depende. La pregunta se complica si te cuestionan sobre tu canción favorita, pasa lo mismo.

Me voy a contradecir o entonces soy muy presumida. Me considero melómana. Pero encontré que tengo una canción favorita. Es la favorita dentro de todas las canciones que he escuchado. Por sobre todas las que me gustan.

Es una canción muy simple, de amor ¿Qué canción no es de amor? No es un miel desbordándose. No es una canción social o políticamente incorrecta. No es una canción de desamor. No tiene grandes riffs de guitarra, ni coros sublimes. Es una simple canción que habla sobre un momento común amoroso.

No es la razón por la que se hizo mi favorita. La banda me gusta mucho, muchísimo debo admitir, pero no es mi banda favorita. Con sensatez diré que no tengo una porque es difícil elegir.

Ayer la escuché por la noche y se me enchinó la piel mientras mojaba mi almohada con algunas lágrimas. Sonreía y todo paso por mi mente con una claridad asombrosa. Esa canción me recuerda una etapa de mi vida, toda una etapa de mi vida.

Conforme la canción se reproducía, veía imágenes mentales conmovedoras. Mi bachillerato fue inesperadamente la mejor etapa de mi vida. Estaba en el lugar correcto. Me rodeaban las personas correctas. Me sentía muy segura de mis metas. Me enamoré de la persona correcta incluso. Todos esos momentos pasaron en esa canción.

La jardinera; mi carrera; mis sueños; mi música; el chopo; el Galeron; películas; mi familia; mis amigos; las risas; MI casa; mi ambiente… mi mamá. Todo pasa en esa canción, pasa en tres minutos. Ningún otra canción me hace sentir que poseo todo eso. Ninguna otra.

Ayer intentando dormir me acordé de esa canción. Ayer en un momento de iluminación trasnochado me di cuenta que es mi canción favorita.

viernes, 11 de enero de 2013

Es muy fácil volver a quererme



No recuerdo cuándo fue la primera vez que te vi. Tampoco recuerdo qué fue exactamente lo que pensé al verte, imagino que fue sorpresa y curiosidad lo que despertaste en mi. No creo en el amor a primera vista, pero hay personas más interesantes que otras, tú me pareciste de esas personas interesantes.

Hablamos pocas y muchas veces. Nos vimos pocas y muchas veces. Yo soy una especie de libro abierto y de inmediato supiste todo sobre mi, sólo necesitabas ser amable y comprensivo. Te interesaba lo que tenía que decir y para ser franca a mi me interesaba lo que tenías que decir.

Los silencios fueron muchos y entendibles. Las miradas se convirtieron en complicidad. Los abrazos en largos y esporádicos, pero también necesarios. Los gestos se comprendían de forma sencilla y fácil.

Nunca entendí y hasta ahora no entiendo el concepto de enamorarse. No entiendo en qué consiste o cómo sabes que te encuentras enamorado. Acontecimientos ocurrieron que, sin lugar a dudas, nos cambiaron; pero nos unieron también de forma extraña. Me sentía aturdida todo el tiempo, aturdida con y por tu presencia, no sé si eso sea enamorarse.

Querer. Es raro cuando alguien dice palabras como: te quiero y agrega un adjetivo de cantidad como: mucho. La primera vez que me lo dijiste fue extraño, en mis antecedentes cuando yo había tomado la iniciativa de decir esas palabras nunca me había sentido segura. Pero de pronto esas palabras se volvieron cotidianas entre nosotros.

Como cualquier persona tenía miedo e inicié una fase donde pensamientos nocturnos me asaltaba repasando una y otra vez los momentos claves en los que necesitaba entender los acontecimientos, la verdad nunca los comprendí. Me eché la culpa, te eché la culpa y nada resultó.

Esperé, esperé y esperé. Tengo ese tipo de antecedentes en todas ocasiones y en esta no fue, no es y no será la excepción. No tenía nada que esperar. Decisiones han sido tomadas, caminos han sido recorridos y corazones han sido rotos. Algún día escuché: “No puedo esperarte toda la vida”. Yo siempre lo hice.

Nunca estuve consciente del hecho. No después de dejar aun lado esos pensamientos nocturnos, las miradas, los silencios, los encuentros, los abrazos y los te quieros. Así pase tiempo, mucho tiempo sin dejarlo entrar en mi consciencia, alejándome y sin recordar que tu has tomado tu decisión.

Rompiste mi corazón. No como en las películas, no como en los libros, no como en las canciones, tampoco como en la vida real. Esto es mi vida real y quizá la de algunas minorías que les rompen el corazón de forma poco convencional. Me rompiste el corazón como recuerdo, como conocido, como compañero, como amigo y como alguien a quien quise sin recordar cómo.