domingo, 9 de diciembre de 2012

Vida laboral II



Ha pasado una semana desde que dejé de trabajar. ¿Por qué lo hice? Hubo muchas razones, pero creo que la principal es que necesitaba encontrarme a mi misma y comenzar a hacer lo que me gusta.

La verdad ha sido extraño. Soy dramática porque la naturaleza y mi personalidad me ha hecho así. Simplemente es como si las emociones y los sentimientos sólo se derritieran en las manos, algo que aún no aprendo a controlar. Ha sido extraño, fueron extraños esos meses y aún más esta semana.

Fueron cuatro meses que se pasaron muy rápido. Al principio sentí que había cometido un gran error, que aún me faltaban muchas cosas por hacer y si también mucho que “descansar”. Pasaron estos cuatro meses y al menos hasta hoy no me arrepiento. Aprendí tanto en estos meses y conocí a personas que me enseñaron muchas cosas, no vale la pena arrepentirse a estas alturas.

Aprendí de un mundo que no conocía y honestamente criticaba. Estuve en lugares que pensé no pisaría y haciendo cosas que pensé no haría. Aprendí de cosas que en la vida ordinaria sirven, pero aprendí más de aquellas cosas que sirven en la vida ordinaria pero de las que nadie se percata.

Como me dijo el que fuera mi jefe, siempre es lo mismo. Era como los equipos en la escuela, todo funciona con trabajo en equipo y por eso resulta complicado en muchas ocasiones. Pero como he visto recientemente, al menos en este país, muchas cosas se rigen de forma individual. En los empleos eso termina por joder relaciones laborales, por ejemplo.

Trabajar con personas no es tarea fácil. En realidad piensas que no, pero tu trabajo depende del trabajo de los otros y viceversa. No se trata de hipocresía, simplemente de hacer tu trabajo y hacerlo bien. Puedes o no crear vínculos amistosos, no somos robots, pero en la medida de lo posible ser amable y cordial.

De los jefes, es curioso, se me quedó mucho en la mente aquella frase de: si no eres desgraciado no eres buen jefe. Las personas se aprovechan, dicen por ahí: les das la mano y te agarran el pie. El esfuerzo gana algo o tal vez no. Me tope con hombrecitos que se creían mejores personas sólo por tener dinero y todavía ahora me resultan repugnantes. El mundo no tendría necesidad de soportarlos, en mi opinión.

Por otro lado estaba el que era mi jefe. Es coreano y a diferencia de los múltiples clichés que se tienen al respecto, al menos en mi experiencia fue una persona sumamente amable a la que le tengo infinito agradecimiento. No solamente por su forma de ver el mundo, en el que en ciertas cosas difería mucho, pero también el hecho de ser de otro país me otorgó otro tipo de aprendizajes.

Y finalmente esta la gente con la que trabaje directamente. Que gracias a Thor no son universitarios, porque en realidad comenzaba a caer en los prejuicios universitarios o de personas “letradas” que nos hacen irritables. De pronto, no nos damos cuenta y actuamos como unos verdaderos arrogantes, si los jefes lo son por dinero, nosotros por nuestro supuesto conocimiento. Ellos, quizá no tienen una carrera pero no por eso menosprecio el valioso conocimiento del que yo carezco y que su tiempo laborando les ha otorgado.

Ahora, pues no lo sé, es raro, tengo sentimientos extraños. Se siente bien estar un poco en casa y comencé el servicio social aunque para ser sincera siento que me falta mucha más constancia en eso.

No tengo idea de qué pase y a pesar de que gane algo de dinero no fue mi felicidad, y soy muy joven, pero en este punto tampoco ayudo a mi felicidad. Quizá todo tiene que venir en el tiempo justo. Sé que llegaré a donde tengo que ir, a lo mejor no pronto y no en el ámbito “profesional”, pero estaré ahí.

Y como aprendí también en estos meses cuando llegue ahí, lo disfrutaré porque si encuentras algo que realmente deseas sólo hay que disfrutarlo. 

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