viernes, 30 de noviembre de 2012

Seis años


Hace seis años tenía dieciséis años. Yo era diferente. La vida era diferente. La moda era diferente. El mundo era diferente. México era diferente. Hace seis años sucedieron muchas cosas que, no sé si por mi juventud, mi inexperiencia, mi ignorancia, lo deje pasar. Pero hoy recuerdo estos seis años porque el último de ellos me marcó para toda mi vida.

Habló de lo que dejó tras de si una elección fraudulenta. Habló de lo que dejó un señor fanático religioso que en todos sus discursos antepuso a una deidad, antes de asumir la culpa. Hablo de un hombre que no fue capaz de sentir la más mínima compasión por los que, se supone, debía velar y proteger.

El país no tiene nada que celebrar. Entre la penumbra en la que estamos sumergidos no llegó un ápice de esperanza. Pueden ser los medios manipuladores, puede ser la élite corrupta y maldita que gobierna; pero creo, que es más la inconciencia y la frialdad de cada uno de nosotros.

Se va del poder Felipe Calderón Hinojosa. Deja tras de sí un enorme cementerio. ¡Entiéndanlo! No son cifras, no son un par de números. Pudo ser su vecino, pudo ser su tío, pudieron ser ustedes o pude ser yo, el resultado de esta guerra fatal iniciada por la afer ración de un hombre pequeño para demostrar su legitimidad.

En estos seis años se acumularon cadáveres, rostros infelices, rostros desolados, ciudades abandonadas, sangre, armas, niños sin padres, lugares vacíos. Si aún no lo queremos ver estamos condenados. Ellos, los que creemos cifras se volverán fantasmas que en un momento regresaran y no nos dejaran dormir. A mi no me dejan dormir.

No espero que este señor viva su vida atormentado por todas las muertes que causó. “Si ven polvo, es porque estamos limpiando” dijo alguna vez. Polvo, en polvo son esas mujeres, hombres y niños muertos, desparecidos, torturados y sepultados en un lugar baldío y sucio. En polvo también nos convertimos nosotros al aceptar un argumento como ese.

Mañana se va con la bendición de un dios que ni él, ni alguno de nosotros conoce. Porque si es que existe ese dios del que tanto habla, dudo que le permitiera cometer tanta atrocidad. Aunque parezca una pesadilla, tenemos que recordarlo, los seis años de los peores asesinatos, de las torturas y de la inseguridad. Olvidarlo sería, una falta de respeto a ellos y a nosotros mismos.

Pero por si eso fuera poco, tal parece que nos faltamos al respeto constantemente. Porque ante la alegría que podría causarnos el que por fin se acabe este sexenio, me parece que nuestra falta de respeto, como mexicanos en conjunto, trajo a otro ser desagradable.

No quisiera sonar patriótica, no me considero de tal forma. Siento angustia, desesperanza y tristeza, porque todo ocurre ante nuestros ojos y me siento con las manos atadas. Ya no basta señores, ya no basta con decir: “ni modo igual tenemos que salir a ganarnos la papa”. ¡Ya no basta! Porque tarde o temprano te va a tocar a ti y a mi; y podemos evitarlo pero todavía no tenemos el coraje ni el valor.

Mañana va a ser un día gris también, porque no hay esperanza para esa gente. Esa gente la que en sus ojos se refleja la desesperanza y el peso de un país que no quiere ver por ellos, ellos no tienen oportunidad. Y entre un gran circo, entre un juego de complacencias, glamour, aristocracia y poder, se dará un acto simbólico ante lo que en realidad es la más grande mentira del mundo: México no es un país libre ni democrático.

Mañana de asesino a asesino, Felipe Calderón le entregará una banda presidencial llena de sangre a Enrique Peña Nieto, que la recibirá con las manos manchas de sangre también. En un acto asqueroso que será televisado, por si esto no fuera más irónico, para decirnos y decirle al mundo que nosotros lo seguimos permitiendo.

Yo no sé si exista el karma o si los malos reciben su merecido. Honestamente la vida es muy injusta y muy perra. No creo en eso, pero todavía quiero pensar y creer que va a llegar un día, tal vez no ahora, hablo con mis sobrinos al respecto para que quizá sean ellos los que encuentren el coraje y el valor, no nada más de luchar por uno mismo, sino de luchar por todos.

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