domingo, 18 de noviembre de 2012

My Blackberry Chessecake Nights



Escena 1

Ella estaba en un café. Lejos de su hogar. El clima era frío. Usaba un gorro negro que le quedaba un poco grande. Un sudadera negra, aunque también le quedaba un poco más grande de lo normal. A pesar del frío usaba un par de zapatos abiertos y su cabello castaño claro se le había esponjado un poco.

El café estaba algo vacío, quizá por eso el frío se sentía un poco más. Tomaba té. El café era para la gente con determinación y ella carecía de eso. Aunque de vez en cuando pensaba que un café le vendría bien. Al lado de su té estaba una enorme rebanada de pastel de queso de zarzamora, su favorito. Tomo el cubierto y partió un poco para llevárselo a la boca. Cerró los ojos porque la calidez de las sensaciones que surgían al comerlo resultaba ser encantador. Casi como aquél beso.

Lo vio a través de la ventana del café. No disimuló y tampoco trato de esconderse. Pero sintió su corazón latir tan fuerte que casi podía escucharlo. Era la emoción del primer encuentro. O del segundo, o del tercero. Más bien del reencuentro. Él no notó su presencia aún. Ella no había planeado un reencuentro. Él entró al café por el cotidiano café cargado que le daba determinación y personalidad.

Escena 2

Cuando él miro alrededor, lo que hacía usualmente, la encontró. Ella tomaba un poco más de ese pastel de queso que a él le resultaba tan empalagoso. Se dirigió a ella porque resultaba familiar hacerlo, como si hubieran acordado encontrarse ahí.

Él tomo la silla y se sentó, fue una acción natural. Ella levantó la mirada. No hubo sorpresa, ni nerviosismo, ni enojo, ni miedo. Ella le sonrió, como normalmente lo hacía al verlo. Él bebió de su café que estaba en un vaso desechable. Ella volvió a comer un poco de su pastel de queso de zarzamora e instintivamente cerró los ojos de nuevo, está vez no la intoxico el sabor del pastel, más bien el olor a él, el olor a café y cigarrillos. Volvió a abrir los ojos y le ofreció un poco. Él movió la cabeza con desaprobación pero algo divertido.

Ella lo miró a los ojos. Eran café claro, pero nadie se había dado cuenta. Él vestía esa camisa a cuadros y unos jeans por supuesto. Sin ponerse de acuerdo ella vestía lo mismo, blusa a cuadros y unos jeans. En vez de usar chamarras, los dos usaban una sudadera, porque se veía mal. Quizá era la costumbre, no la coincidencia. Ambos sorbieron a sus bebidas mientras se veían a los ojos, como siempre. Mientras se sonreían tímidamente y dulcemente como siempre.

Escena 3

Finalmente, él dijo:
-¿Cómo estás? –preguntó mientras volvía a beber de su café y la inspeccionaba como intentado adivinar qué pensaba.

-Bien –respondió ella bajando la mirada –sobreviviendo, supongo –dijo mientras jugaba con el cubierto.

-En qué pien… -titubeó él. Volvió a tomar un sorbo de café, le quitó el cubierto y comió un trozo del pastel. Dejó limpió el cubierto y lo regresó al plato.

Ella lo miro cuidadosamente, tomó el cubierto con un trozo de zarzamora y lo llevó a su boca mientras lo observaba, entre dientes dijo: Estaba pensando que extraño…

Él lo entendió, tomó el cubierto y otro pedazo más grande de pastel, la mitad lo comió el y la otra la llevó a la boca de ella. Dejó el cubierto, se levantó con su café y se dirigió hacia ella. Ella lo siguió con la mirada. Se levantó de su asiento y se acercó a él lentamente.

Él la abrazo, como siempre, la tomó por la cintura como raras veces lo hacía, y ella lo tomo por el cuello como raras veces lo hacía. Finalmente, él acarició su cabello y rasco su cabeza con dulzura mientras lo olía. Ella quiso llorar, se hundió en su pecho para que no viera que le salía una lágrima. Se sentía como el último y ambos sabían que era el último abrazo. Antes de separarse ella inhaló su aroma a café y cigarrillos. Se separaron y el le acarició la mejilla. Ambos sonrieron tímidamente.

Él se alejó y salió del café donde antes de partir definitivamente, prendió su cigarro, sacó el humo, miró por última vez el café y se marchó. Ella hundió de nuevo el tenedor en el pastel, lo observó con cuidado y lentamente llevó el trozo a su boca, pensó que jamás había comido un pastel de queso de zarzamora tan delicioso. 

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