jueves, 18 de octubre de 2012

Veintialgo



Reflexioné esto todo el camino hacia el trabajo. Lo hice porque todavía necesito mantener mi mente ocupada en esos trayectos. Pero sobre todo porque después del concierto del fin de semana me percaté de mi cansancio, de mi hartazgo al mundo y también de los muchos años que han pasado.

Lo sostendré: los veintes son ridículos, absurdos y sin sentido alguno. Ahora entiendo cuando aquél primo me dijo a mis diecinueve años algo como “qué bien, no es lo mismo los diecialgo que los veintialgo”. Pensé que exageraba, sólo es dos años más grande que yo. Me equivoqué.

Pesan. Comienzan  a pesar desde el primer año, porque los veinte en realidad son una especie de limbo. Con los diecialgo lo entendías, era divertido sin darte cuenta o al menos, yo no me di cuenta hasta ahora, que esos quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve eran los mejores.

Hoy mientras me duchaba pensé que el siguiente año cumpliría los 23. Y luego recordé la crisis de los veintitrés, la temida crisis que tanto vi con mis amigos. La diferencia entre ellos y yo, es que cuando ellos la vivieron seguían en la escuela y yo ya no estaré en la escuela.

Era fácil distinguir su crisis, identificarla y, a veces, hasta criticarla. No me di cuenta cuándo, ni mucho menos cómo empezó, sólo sé que comienzo a vivirla. Es inevitable y le pasa a dos de cada diez mortales en su vida.

¿Qué son los veintes? Nada. Es como vivir en la nada. La sociedad tiene sus reglas a la que debes alinearte porque tienes que convivir con la gente. En los veintes eres muy joven y muy viejo, depende de las cosas que desees hacer, todos te dirán: “Eres muy joven todavía” o “pues si ya estás muy grande”.

Y lo repito, no importa que tan “razonables” sean tus motivos, los demás siempre te juzgaran y criticaran. Sobre todo en los veintes. Y si no importa si tienes veintiuno o veintinueve. Toda esa etapa es el sin sentido más grande que hay.

Llegan los treinta y se supone que ya después de atravesar por sendas crisis, resentimientos, emociones, tristezas, momentos alegres, desaires, decepciones, ilusiones, sueños, esperanzas, comienzas a ser un adulto consolidado. No es verdad. Hoy por hoy, sólo creo que después de los treinta solamente se resignan y siguen viviendo.

Por debajo de los veinte es fácil y sin embargo, la vida adolescente y la previa a la del joven adulto parece y se siente tan complicada. Los veintes muy joven, los veintes muy viejos, no significan nada. ¿Es la edad donde tienes que equivocarte? Esa es una frase cliché que nos meten en la cabeza para redimirnos a nosotros mismos, el ser humano comete tanto errores que toda etapa debería ser justificada de esa forma.

Sólo sé que me preocupé mucho cuando pensé en mi próximo cumpleaños ya que había prometido salirme de mi casa e independizarme antes de cumplir veintitrés. Y de pronto dije “bueno, otro año más, tal vez no a los veintitrés, tal vez a los… ¡oh no!”.

Habrá que hallar un modo de que no se vengan encima. Por mucho que luzca como una, no, no puedo actuar como adolescente.

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