viernes, 19 de octubre de 2012

Contratos amistosos



Hace un tiempo platicaba con alguien acerca de que las amistades son como contratos. Quizá ya lo veo de esa forma desde que tengo un empleo de oficina, que no hace más que meterme ideas extrañas, las cuáles aún me resisto a integrar a mi estilo de vida y forma de pensar.

Pero volviendo al tema. Si, las amistades son como contratos. Contratos que, hay que admitir, jamás leemos. Aceptamos a las personas en nuestras vidas sin medir las consecuencias. Es casi como el “si, acepto” matrimonial.

Si lo viéramos a modo de transacción sería una especie de inversión. Las relaciones humanas no se miden así, pero la realidad es que se han vuelto así. Inviertes tiempo, esfuerzo, cariño y sobre todo amor por una persona, a la cual tu decidiste dejar entrar. Firmaste un contrato.

Ojalá leyéramos lo que firmamos. Nos desengañaríamos. A la fecha yo no sé qué dice mi contrato de amistad con ciertas personas. He llegado a pensar que incluso son contratos totalmente distintos cuyos títulos varían entre “amigo para parrandear”; “amigo para trabajar”; “amigo para platicar”. Esos no son amigos lo sé, pero siempre utilizamos el invariable “amigo”.

Sospecho que hay contratos que han de decir: “vigencia de tal fecha a tal fecha”. También sospecho que en ciertas amistades la mía dice: “debes dar cariño incondicional” y en la de otro dice “salúdala esporádicamente”. Lo malo es que es una especie de contra voluntad.

Quizá tomo estas relaciones demasiado en serio. Tal vez debería de igualar mi contrato al de ellos para dejar de pensar tanto. Por eso es tan difícil dejar que las personas se acerquen y comiencen a decirte frases de cariño que la mayor parte de las veces no son sensatas.

No saben la cantidad de veces que he escuchado el “te quiero más de lo que crees” y cada día lo creo menos. Cuando, como dicen esas canciones, uno aprenda a ser amigo de si mismo, la relación con los otros puede cambiar.

Mientras tanto no lo sé. Intento descifrar lo que mis contratos amistosos dicen. Eventualmente me aburro o me canso de buscar a personas que no quieren que las encuentres.

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