sábado, 1 de septiembre de 2012

Tender is...



No sé qué tan bueno sea compartir esta parte de mi vida. Supongo que sólo seré objeto de burlas y de comentarios. Por ahora  y sólo por ahora, escondida tras este ordenador: me importa un carajo lo que digan.

He dado algunas pistas de esta parte de mi. Es complicado, se me hacen de esas nimiedades en las que uno no debería de poner demasiado énfasis, pero somos seres humanos, excusa perfecta. Quizá esto en gran medida explique también por qué soy como soy, en varios aspectos.

Ya puse demasiada emoción, así que haré esta pequeña confesión: nunca he tenido novio. Así es, a mis escasos 22 años y digo escasos porque Graham Coxon dijo que eran unos niños cuando tenían 25, así que soy toda una pequeñuela, pues si no he tenido una pareja.

No achaco mi, parafraseo a una amiga: “afortunada en el chin cham pú, desafortunada en el amor” a los hombres. Después de todo ellos no tienen la culpa, está en su naturaleza que jamás entiendan las indirectas y que para tomar decisiones lleguen a hacerse de la vista gorda.

En mi caso la culpa ha sido toda mía: mi inseguridad, mis tonterías, fijarme en personas que pues no, esas cosas que son normales pero que yo no manejo como una persona socialmente normal.

La verdad es que nunca me interesaron ese tipo de cuestiones, aunque cuesta trabajo dar una opinión cuando una amiga llega desesperada a contar mal de amores y yo no puedo decir: oh si te entiendo. Lo mejor que he podido hacer es escuchar y si llego a opinar es como: oh si pues tienes razón. Tal vez, esta mal.

Ahora creo que los niños y gente joven se preocupan mucho al respecto. Cuando yo era niña y hacían esas cosas, para mí ridículas, de semana inglesa y así, yo me encontraba ñoñeado o pensando por qué las personas se hacían daño unas a las otras. Soy muy rara.

En la edad de la punzada y la adolescencia, yo tenía una punzada con mi fanatismo desmedido hacia una banda. De ahí en fuera he sido muy torpe en esas cuestiones. Cuando alguien me “pretendía” corría despavorida porque generalmente –la mayoría… todas –las veces que a alguien le gustaba, a mi no me gustaba.

Y después de todo comienzan los clichés del: ya llegará, no lo busques solito llegará, alguien es para ti, bla, bla, bla. Dicen que soy muy exigente, pues si, si pudiera llegar un Damon Albarn, o bueno… alguien que toque la batería, sepa andar en patineta, le guste la literatura, la misma música que a mi, haya estudiado artes plásticas, sea honesto, lindo, simpático, sencillo y de plus que sea guapo, pues estaría padre. Los clichés luego sirven.

Siempre he intentando ser una persona libre. He visto relaciones en lo que lo último es la libertad. Se sofocan, y créanme que me siento bastante sofocada como para que alguien más lo haga. Supongo que es bonito enamorarse y esas cosas. A mi me ha traído algunos problemas, uno que otro trauma y algo de rencor.

Luego me dicen que sea más abierta, que me preste a la situación, que no sea tan exigente. Y yo pienso que al diablo, si alguien me va a querer, que lo haga como soy, así de maldita descontrolada. O lo que sea.

Lo que si esta nefasto y por otro lado, qué bueno que escribo al respecto, es que se pasen toda la vida preguntando por el maldito novio –la familia –porque de lo contrario eres lesbiana. O que tus amigos y amigas anden viendo relaciones donde no las hay y casi te hagan un perfil en páginas por internet o ya hasta te anden rifando. Gente, no lo hagan, personas como yo, no somos arreglo floral para que nos anden rifando.

No sé si lo necesito, creo que nadie necesita a nadie, mis amigos y familiares me lo han demostrado. Sólo que a veces siento que por eso me gusta tanto esa canción de Tender y esa parte dónde Damon canta: I’m waiting for that feeling to come. Entiendo que en realidad estoy esperando al león, a que un Damon Albarn o cualquiera de esos rockstar llegue. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario