viernes, 17 de agosto de 2012

Sé amable



Detesto a las personas. En serio, hay algo muy desagradable en ellas, no en todas, aunque con todo y sus defectos las pocas personas que valen la pena, tienen ese algo desagradable que a todos nos hace seres humanos. La raza humana sigue siendo la peor criatura que habita el planeta. Pero he descubierto algo.

Yo pensé que era de las peores personas que hay: criticona, malhumorada, sarcástica, cuando tengo la inteligencia para eso, irónica algunas veces, burlona entre otras tantas cosas. Es cierto, en este tiempo he aprendido más sobre mi misma que en todo el tiempo atrás que desperdicie. Descubrí que a pesar de todo no soy tan mala persona, incluso, soy amable con los otros, aunque no lo merezcan.

Ya lo hacía, pero esta semana me he descubierto cediéndole el lugar a quien se me ponga enfrente, pienso: voy a estar ocho horas sentada (atada) a un escritorio. A veces, no muchas, cuando una persona me dedica esa mirada amable y algo condescendiente le dedico una ligera y tímida sonrisa.

El martes de esta semana me levanté más temprano de lo habitual. Iba hacia el trabajo, no sin antes pasar por un pastel y una rosa para mi hermana (era su cumpleaños). Me veía ridícula caminando con un pastel y una rosa, todo el mundo se me quedaba viendo y aunque es mi hermana, pensé que son de esas cosas que… ¡qué diablos pasa conmigo!

La gente ya no es amable y tampoco le tiene confianza al prójimo, es totalmente razonable, pero a veces lo totalmente razonable pasa a convertirse en lo ridículamente irracional. Ayer tuve una pésima experiencia con un taxista por falta de confianza y amabilidad. Odio a las personas, pero no puedo no ser amable. Pude ser muy grosera con el señor taxista-chaca, pude decirle todas las groserías que recordara, las que se han inventado y hasta las que no. Puede ser una de dos: o soy muy amable o soy muy tonta.

Aún así creo que es importante. No ir por la vida sonriéndoles a todos, muchos son insolentes, tiranos, engreídos y la mayoría estúpidos. Pero para que ellos fueran así, pienso, tuvo que haber un proceso donde nadie les enseño a ser amables. Sólo hay que rescatar, rescatarnos un poquito.

Ese mismo martes del pastel y la rosa, regresé a casa. Iba en el transporte, que iba muy lleno, se subió un niño, le calculé unos 11 u 12 años. Llevaba su mochila y un par de libros algo gruesos. Le costaba trabajo sostenerse del tubo con los libros. Me tardé dos minutos en deliberar, le toque el hombro y le dije: “te los sostengo para que te puedas agarrar”. La gente se me quedo viendo raro, él también, dudo un poco, pero me los entrego, supongo que no creyó que me los fuera a robar ya que yo estaba leyendo un libro. Cuando se bajo, me los pidió y me dio las gracias.

Quizá antes no lo hubiera hecho o simplemente no lo hubiera hecho. Conozco y conocí a niños de su edad, a mis sobrinos incluso. Pensé que él pudo haber metido sus libros a su mochila, aunque no cupieran, hoy en día a ellos les vale si cuidan o no las cosas. Pero los cargaba con orgullo. Me recordó mucho a cómo trataba yo mis libros, me recordó mucho lo ñoña que era, me recordó que así cargaba mis libros con orgullo. Pude haberme equivocado, pudo ser que no le dio tiempo de guardarlos, que le dio flojera; pero cuando bajo lo vi por la ventana y abrazo sus libros. No me equivoqué.

No voy a cambiar el mundo, ni a las personas que ya son una mierda. Cuando me asaltaron y me quitaron el celular, le di dinero a la señora que hasta su comida le robaron. Pensé que si a mi me pasara lo mismo, quisiera que alguien fuera amable conmigo. Tal vez, entonces lo hago por egoísmo o por culpa, pero son esos detalles que la gente ya no tiene. Sólo basta caminar tres cuadras de Polanco para darse cuenta que la gente está muy hueca y que de amabilidad, ni la palabra les suena.

3 comentarios:

  1. Aunque a veces te tachen o te taches de mamona, hay una Danielita amable y chingona que hace sonreír a propios y extraños :)

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  2. De acuerdo con todo lo dicho en este post. La gente es cada día menos amable y hostil. De repente ya hasta se vuelve difícil mantener el talante y ser amable. Pero no hay que perder la clase por mucho que existan tipejos que no lo valoren o que no tengan disposición al cambio. Porque por ahí todavía hay gente a la que podemos alegrar y cambiar con una sonrisa, un "gracias" o un "ha sido usted muy amable". Hacerlo por ellos y por nosotros.

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  3. Memo: Gracias, si, creo que después de todo no soy mala persona, y dentro de mi habita esa buena persona.

    Bigmaud: Si, por eso apesar de que la gente es hostil y así en la vida, trato de no ser igual que ellos, como dices si hay varias personas esparcidas que realmente valen la pena

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