sábado, 4 de agosto de 2012

Las obligaciones



Dice mi hermana que todos los días se aprende algo nuevo, esta vez tiene razón. En los últimos tres días he aprendido mucho acerca de mi misma. Quizá el proceso fuere un poco más largo de tres días. Soy una maldita miedosa, eso es muy sabido y alardeado por su servidora. Y descubrí algo mucho más triste que eso: las cosas que he hecho, las hice no por pasión en lo que hago, más bien por obligación.

El futuro sigue siendo incierto, quiero creer en esa canción de los Gorillaz, pero me parece todavía lejano aunque hubiere tomado una decisión. Qué tontería que te importe tanto lo que los otros piensen cuando son los últimos en pensar qué es lo mejor para ti, porque siempre piensan en lo qué es lo mejor para ellos. Uno debería ser libre y ya. O quizá he visto demasiadas películas donde mandan todo al carajo.

Pero sobre todo pienso en aquellos que me felicitaban, se alegraban por una falsa, muy falsa y delgada zona de confort. Sólo puedo decir que no puedo estar segura de nada. Porque las personas siguen opinando al respecto, mientras no sean sus problemas todo asunto es sencillo de resolver, así somos los seres humanos de egoístas. Una maraña de cosas, de indecisiones, de constantemente estar pensando en el qué dirán, de toda esa porquería esta llena mi cabeza.

Decidir entre lo que te guste hacer –por muy patético y sueño adolescente que parezca –entre eso y lo que te hace bien o lo que socialmente es lo mejor. Sigue siendo complicado. Y conforme pasan los días compruebo que esos otros, los que dicen interesarse, son los que menos te conocen. ¡Qué monótona he permitido que sea mi vida! Sólo, quizá sólo una decisión cambie ese deseo inalcanzable de querer complacer a los demás sin importar lo que yo quiero.

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