domingo, 22 de julio de 2012

No distance left to run



El ocio se ha apoderado de mi está semana en especial. Días de completa flojera han llegado, no se quedaran pero por primera vez los aprecio. No es lo más sano, dormir a altas horas de la madrugada; levantarse pasado el mediodía; permanecer en pijama por lo menos dos días seguidos; encerrarse con sólo el sonido de la música, pero eso he hecho.

De forma exagerada y ridícula comencé a padecer una paranoia acerca de salir y desarrollarme en el exterior. Miro a todos lados, hago ese típico ruido con las articulaciones de mis dedos y trato a toda costa evitar el contacto visual. Sospecho que esos pueden ser algunos síntomas de un sociópata, pero no me quiero adelantar.

Mi vida en cada momento tiene su propio soundtrack. Es una canción, un disco o una banda la que me acompaña cuando atravieso momentos en la vida absurdos y contradictorios. El de este mes es Blur. No por algo en especial o quizá si. Un día no tenía nada que hacer vi No distance left to run y me dejó pensando en muchas cosas.

Hoy por hoy tienen algo sus canciones que encuentro satisfactorio, que encuentro reconfortante y que me hacen sentir algo drogada. Aún me faltan muchas, muchísimas cosas por vivir. Lo raro es, en este caso, encontrar paralelismos con mi vida y no sé si es bueno o malo.

Las amistades, esa amistad, el triunfo, el exceso, el fracaso, el miedo, la arrogancia, la timidez, la melancolía, el amor y la decepción. Estoy exagerando, pero en este momento Blur representa todo eso.

La amistad de Damon (vocalista) con Graham (guitarrista) me hace recordar las distintas personalidades que tenemos y que nos hacen querernos y no soportarnos a la vez. La arrogancia de Damon es la que alguna vez sentí y su fracaso lo que no llegaré a entender. La timidez, melancolía y el miedo de Graham me hace recordarme a mi misma y querer ser libre. En cuanto al amor, aún superando todas las pruebas, todos los obstáculos, todos los traumas que hayas generado, no me quedara distancia para correr.

Tal vez necesito tomar el fresco, dejar de llorar cuando escucho Coffe and TV, dejar brincar cuando escucho Girls and Boys, dejar de querer reclamarle a la gente cuando escucho Parklife, querer romper todo al escuchar Song 2 y ver Clockwork Orange cuando veo y escucho The Universal. Si eso es, necesito dejar mi paranoia y salir.

Cuando vi otra vez el vídeo de Beetlebum entendí un poco el por qué me gusta recostarme en el piso. Lo hice cada vez que escuché esa canción.

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