domingo, 29 de julio de 2012

Fin de semana



Nunca me había puesto a reflexionar acerca de los fines de semana hasta ahora. Eso de que se terminen etapas y comiencen otras trae a colación numerosos pensamientos, pero no quiero sonar cursi, ni mucho menos melodramática. Este fue el último fin de semana como los he conocido durante la mayor parte de mi vida. Se acerca, está próximo y es inevitable.

No salí, ni salí de vacaciones a la anhelada playa, ni siquiera un centímetro para ver y de verdad ver esta ciudad. La cosa es que el encierro te da elementos subjetivos de la realidad. Las personas son muy duras al respecto y nunca, nunca entenderán los motivos ajenos o en su defecto los harán menos. Es una realidad constante.

Los miedos persisten y merodean como mosquitos dentro de la recámara, son molestos. Es fácil para unas personas y difícil para otras. Luego pienso que nunca fui verdaderamente educada para enfrentar ningún tipo de circunstancia. Todo el mundo da consejos y comienzan a decirte firmemente cómo es la vida. Nadie lo sabe.

Los fines de semana son reconfortantes o a veces no. Son escapes o a veces no. Nadie repara en ello porque la gente sigue viviendo sin un motivo en específico. No sé si lleguen a sorprenderse o emocionarse por un día en que se levantaron especialmente temprano o tarde. Nadie, más que los que viven del arte o los que son demasiado sentimentales disfrutan desvelarse.

Debo reparar en mis fines de semana o ¿será que ya es demasiado tarde para esas cosas? Necesito comparte como toda una adulta, después de todo ya no estoy en la escuela. No es que me deje de divertir, la verdad nunca me he divertido, más bien dejar de ser tan improductiva. Todo el maldito mundo te sermonea al respecto. 

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