domingo, 15 de julio de 2012

En el piso



Podría estar acostada en el piso, con la luz encendida o apagada, viendo el techo como si tuviera algo especial. Podría encontrarme así por siempre. ¿Recuerdan esas escenas típicas de películas donde todo alrededor se mueve, como las estaciones del año, por ejemplo, mientras algo en medio queda estático?. Podría estar así todo el tiempo.

Son días fríos y lluviosos, así tomo mi frazada mientras me acurruco en el piso. Esa fijación por el piso nunca la he entendido me da algo de tranquilidad y también algo de nostalgia. Y miro el techo porque no hay otra cosa que observar. Escucho música porque no hay otra cosa que oír.

Me pongo a pensar en qué hará en este momento ella, él, ellos, ellas, todos. Recorro mentalmente sus rostros e intento creer que si los conozco bien, sabré qué hacen. Luego echo un vistazo al ordenador, no hay nada.

Últimamente he pensando que este aparato te llena de mucho vacío emocional. Recuerdo cuando tenía miles de cuentas de foros y redes sociales. Cada una de ellas me hacía sentir más sola, cuando pones un estado o algo así crees, o una parte cree, que cambiara algo, pero nada cambia. Así que vuelvo a recostarme en el piso.

Nunca olvidaré esa frase de una canción que dice: “¿Por qué nos sentimos solos aún en compañía?”. Ahora creo que se debe a que nadie puede entrar en tu mente y saber por lo que estás pasando. Y me siento como en esas escenas de las películas: todo ocurre a mi alrededor pero estoy aquí encerrada muerta de miedo.

Miedo al futuro, al presente y al pasado. Esto es totalmente normal. Pienso en que debería escribir otras cosas, que no debería de ser tan exhibicionista en las entradas del blog, pero casi no puedo evitarlo. Un día de estos me armaré de valor y la escritura no será mi necesidad, en ese momento podré quitar todos estos estúpidos pensamientos que no cambian nada.

Aconsejar es bien sencillo, sobre todo para las personas más grandes que uno. Siempre son más listos y menos sabios. Nadie sabe nada acerca de nada, pero intentan ayudar. Es sólo que estos días no he tenido ganas de hacer muchas cosas, y quizá me arrepienta, ya veremos.

Mientras, también en estos días me he acurrucado en el piso, viendo el techo, mientras escuchó esa canción, antes de que el techo me caiga encima.

No aspiro a convertirme en un Mariano, por favor dispensen tanto pensamiento inútil.

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