martes, 17 de julio de 2012

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Hay varias canciones que tienen por título un número. Pero claro las canciones son otra cosa, requieren de talento, precisión, instrumentalización y esas cosas que disfrutas al poner reproducir.

Tengo que confesar dos cosas el día de hoy. La primera es que abrí una cuenta en Twitter hace como tres meses, al principio me volví muy fan y ahora es por demás aburrido, supongo que no lo es cuando eres un “tuit-star” pero como no es el caso, pues se ha vuelto aburrido y si no es por las respuestas a mis contactos, continuo borrando tuits sin sentido aunque nadie los lea. La segunda cosa que debo confesar es que tengo un problema con eso de la “fama”.

Por ahí va eso de ciento cincuenta. La fama, no sé qué es eso, ¿será sinónimo de reconocimiento? La cosa empezó en Twitter alguna vez que me emocionó que me contestará alguien “famoso”, esas cosas de las que un mortal se ilusiona. Luego llegó mi primera decepción tuitera. Aquí va la historia.

Resulta que leí al blogger al que sigo, recomendó seguir a una mujer. Pensé que por ser él recomendaría seguir a alguien lista, sarcástica y hasta buena onda. Comencé a seguir a la mujer en cuestión, aunque súper apasionada y ferviente fan de López Obrador, podía soportarlo y además re tuiteaba sus tuits.

Todo iba muy bien, pensé que había sido buena decisión seguirla. Después, un día, puso algo así como “vendrá un tracklist de canciones subversivas”, algo que a mi también me había llegado a la mente por estas épocas post electorales decepcionantes y desastrosas. Yo humildemente le conteste su tuit. Al poco rato tuiteo una cosa como: “y además no les pedí su opinión para mi tracklist”. Lo hizo más grosero, ya que lo sorprendente en ella es su enorme capacidad para maldecir y decir vulgaridades en ciento cuarenta caracteres, lo reconozco.

Me decepcioné un poco, no creo que ninguno de los que le sugerimos alguna que otra canción lo hubieramos hecho con mala intención, pero eso le pasa a uno cuando quiere encajar en la sociedad. Deje de seguirla porque me sentí como de esas niñas entrometidas que no le pueden hablar a la chica popular. Dudo que a ella le afecte mi unfollow ya que tiene más de trescientos seguidores y yo jamás he llegado a los setenta.

Luego desde que cambie la interface del blog y te dicen cuántas visitas ha tenido cada entrada de tu blog he quedado obsesionada. Antes no me importaba, pero ejerzo más presión sobre mi misma para escribir en este espacio, aunque con frecuencia no funciona, termino escribiendo diarios y pensamientos como lo dijo alguien que conozco, creo que tiene razón, cuánta basura virtual hago.

Últimamente me he dado cuenta que el número de visitas en cada entrada sigue en descenso, es proporcional a las tonterías que escribo entiendo un poco esa reacción matemática. A veces, confieso, abro blogspot sólo para ver el número de visitas y no es por la fama, es más bien que me dicen algo esos resultados, sólo que aún no logro interpretarlos.

En fin está es mi entrada número ciento cincuenta y estoy segura que estaré viendo cuánta gente vio esto. Quizá le haya hecho un favor a aquella chica dándole unfollow, se deshizo de una seguidora muy acosadora. Y bueno mientras el blogger al que sigo sea todavía cortés, no tendré pronto otra decepción tuitera. Mientras he retomado la actitud del bajo perfil también en Twitter, trato de no responder, por más ganas que tenga, sé que seré ignorada.

Yo no sé por qué me preocupa, nunca lo había hecho. Lo ven, el vacío emocional que traen las redes sociales.




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