viernes, 18 de mayo de 2012

Los ídolos se están extinguiendo


“La existencia, bien ¿qué importa? Existo lo mejor que puedo. El pasado ahora forma parte de mi futuro, el presente está fuera de control”

Esta semana han sucedido cosas no muy gratas. Y ha habido perdidas y también recordado perdidas. Podría verme muy intelectual hablando sobre la muerte de Carlos Fuentes, lamentable pérdida para el país, y no es que yo fuera muy fan. Leí Aura y me gustó, después de leer varias interpretaciones, entendí que la importante es la que uno hace. No quiero pensarlo catastróficamente pero sospecho que las personas tiene que vivir lo justo, lo que pueden soportar ver, quizá Fuentes no necesitaba ver lo que viene, que ciertamente aterroriza.

Podría hablar también del uno de los iconos de la música disco: Donna Summer que falleció ayer, pero tampoco podría hablar mucho, si bien es cierto que alguna vez, la mayoría, hemos escuchado y hasta bailado sus canciones, no tengo mucho que decir al respecto. Aunque en ambos casos dejan un vacío, y eso sucede. Cuando una persona se va deja un vacío difícil de llenar que aunque exista un legado, es más fuerte cuando en vida se disfruta ese don, el don de los ídolos, porque nos falta creer en verdaderos ídolos.

Pero hoy, quiero hablar de un personaje, de un hombre, de un ser humano, de un letrista, un músico que ha marcado mi vida. Y tampoco quiero verme o escucharme pretenciosa, pero ese es Ian Curtis, que en un día como hoy decidió quitarse la vida.

Había escuchado canciones de Joy Division. La primera vez que vi Control, me enojó mucho la actitud de Ian Curtis, creo que estaba en la etapa nena de “malditos hombres”. Y comencé a escuchar más a Joy Division, volví a ver Control, y cuando terminó la película lloré. Ese día no tenía ni idea de la magnitud, con la que esa película y sobre todo sus canciones, cambiaron mi vida.

Después de haber pensado de forma patética: Ay Ian eres un cobarde. Rectifique y entendí tantas cosas, no era un cobarde, para mi, después, fue todo lo contrario. Admiro mucho a los vocalistas que escriben canciones personales y que las interpretan así; a mí hoy me sigue dando terror escribir y que los demás me lean, y ellos lo escriben y lo cantan, se necesita mucho valor.

Ian decidió algo que muchos de nosotros no nos atrevemos. Hace poco reflexioné aquello de la vida, los años y la muerte, no, la vida no se debería contar en años, se debería de medir por la cantidad de cosas que una persona puede soportar. ¿Era demasiado para Ian? ¿El dolor lo carcomía? ¿Dio todo de sí? Creo que eso, así leamos libros sobre él, veamos Control mil veces, escuchemos sus canciones, sólo él lo sabía. El libre albedrio, decidir cuando uno se quiere ir.

Muchos seguidores, amantes de la música de Joy Division y de las letras de Curtis, piensan que él pudo dar más, en la película el personaje dice algo interesante, que al menos yo, nunca sé si en verdad lo dijo: “Nunca quise que creciera así, cuando estoy allá arriba cantando, no se dan cuenta de todo lo que doy y de cómo me afecta; ahora quieren más, esperan que de más y no sé si pueda”.

Los legados se dejan, esto me deja él y su música, algo similar deja Fuentes y su literatura, Donna Summer y su música. Ya no hay personas como ellos, nosotros lo retomamos pero jamás es igual, no lo será, son inigualables. Tal vez los ídolos se extingan, tal vez lo que se queda de ellos no. Para mí, la vida de Ian me dejó marcada: “no sé si pueda”.

Respeto, como ninguna otra decisión que he conocido, su decisión de irse, donde el dolor y el sufrimiento no existan en un cuerpo. Me acuerdo de ese personaje de Stephen King, de su libro La Milla Verde, y le decía al guardia, que lo dejará ir, que había mucho sufrimiento y dolor en el mundo para que él lo siguiera sintiendo. Así era, los músicos, los escritores, los artistas, son demasiado sensibles al mundo. Y son lo que tienen que ser.

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