martes, 22 de mayo de 2012

La señora tejiendo



Volví a escapar de casa por cinco minutos, a la hora donde los vecinos salen con hijos y nietos a tomar el fresco, donde algunos otros salen a ejercitarse y otros a regar los jardines comunitarios que se han adueñado. Fui por un agua fresca porque en estos días calurosos es un poco necesario hidratarse. Iba a volver, pues había cumplido el cometido de ir por mi agua, pero desistí, di media vuelta en dirección contraria a mi casa y caminé sin pensar.

Caminé hacia un lugar al que regularmente iba y esperaba a alguien, pero ese alguien ya no esta ahí. Después de recorrer casi todos los jardines comunitarios y juegos que hay por mi colonia, aquél donde finalmente me quedé, era el único espacio tranquilo. Había una pequeña niña y su abuela, no soy amante de los niños, pero la pequeña tenía algo especial y me hacía sentir bien cuando me sonreía.

Me subí al columpio y me mecía mientras tomaba mi agua. Observaba a la abuela subiendo a su nieta a la resbaladilla, empujándola en el columpio y cargándola en el pasa manos. Los día soleados no me gustan especialmente, pero cuando el sol comienza a bajar llega a ser agradable. De forma ridícula comencé a capturar momentos en el columpio, mientras movía los labios por la música que escuchaba sin aún atreverme a emitir ningún sonido y que mi voz chirriante perturbase a los demás.

Ya la había visto, no quise prestarle mucha atención, pero en la foto apareció la señora tejiendo. No la quise mirar porque sentí que invadía un poco de su privacidad, si yo fuera ella no me gustaría que mujercitas con síndrome de peter pan me observaran. Pero en la foto apareció y me pregunte si en un futuro a largo o quizá a corto plazo estaría así: sentada en una banca a las seis de la tarde, quizá no tejiendo, pero haciendo cualquier otra cosa.

La verdad es que, la señora tejiendo se veía más tranquila, poseía una paz espiritual de la cual carezco, así que sí mi destino es acabar en una banca sola tejiendo pero con la expresión que tenía aquella señora, sinceramente, no me molestaría en lo absoluto.

De regreso sentí un leve retortijón y una ligera nausea.

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